Salambó (Salammbô en francés) es una novela histórica escrita por Gustave Flaubert.

Fue publicada por primera vez en 1862. La acción de la obra tiene lugar en el en el territorio de Cartago, durante la conocida como Guerra de los Mercenarios, ocurrida poco después de la derrota cartaginesa frente a los romanos en la primera guerra púnica.

Al igual que la novela anterior del mismo autor, Madame Bovary, esta obra tuvo una gran acogida y consolidó la reputación de Flaubert como novelista. La novela, en su esfuerzo por resucitar la olvidada cultura cartaginesa, mencionó cuantos detalles pudo el autor recopilar en los libros de historia y ofreció minuciosas y coloristas descripciones de la vida cotidiana de Cartago, de sus costumbres y atavíos, descripciones que, a su vez, ejercieron una cierta influencia sobre la moda francesa contemporánea.«El año siguiente a la aparición de la novela, Salambó estuvo de moda en los bailes de disfraces de la alta sociedad del Segundo Imperio. Incluso la emperatriz Eugenia quiso asistir a uno de ellos vestida de princesa cartaginesa. Flaubert menciona en su carta de 24 de enero de 1863 dirigida a Félicien de Saulcy la petición que le llegó “de las altas esferas” de modelos de vestidos de Salambó... Finalmente la emperatriz renunció a su proyecto por temor a la inconveniencia de un tal atavío.» VesperTilia, Le voile de Salammbô, en la web Échos de mon grenier, consultada el 17 de octubre de 2021.

Casi todos los personajes principales de la novela son históricos. Del lado cartaginés sobresalen Amílcar Barca y su joven hijo Aníbal, y los generales Hannón y Giscón. Por parte los mercenarios, tanto sus jefes, Matho, Espendio, Autarito como el númida Narr'Havas también existieron. Solo la protagonista principal, Salambó, supuesta hija de Amílcar y hermana mayor de Aníbal, es ficticia. Es un personaje que Flaubert tuvo que inventarse para poder articular en torno a ella una trama amorosa que animara la novela.

Si bien la trama amorosa es ficticia, no lo son así los hechos militares, con su sucesión de revueltas, batallas, asedios, armas y máquinas de guerra. Y en cuanto a los detalles geográficos y la reconstrucción del aspecto urbano de Cartago, Flaubert hace grandes esfuerzos por inventar lo menos posible, limitándose a dar vida a los datos históricos y a los restos arqueológicos.Véanse las respuestas de Flaubert a los reproches del crítico literario Sainte-Beuve y del arqueólogo Frœhner sobre la falta de fundamentación histórica de sus reconstrucciones. Estas controversias suelen reproducirse como apéndices en las ediciones más cuidadas de esta novela.

Personajes miniatura|250px|«Salambó», de Alfons Mucha (1896). Cartagineses Abdalonim, intendente mayor de Amílcar. Amílcar Barca, sufeta y general cartaginés, lideró a los mercenarios contra los romanos, antes de los acontecimientos del libro, y es el principal jefe militar de los cartagineses contra los mercenarios sublevados. Aníbal, joven hijo de Amílcar, de unos nueve años en la novela. Demonades, criado de Hannón. Giddenem, encargado de los esclavos de Amílcar. Giscón, general cartaginés. Hannón, sufeta y general cartaginés, que Flaubert caricaturiza al presentarlo como obeso, enfermo y decadente. Iddíbal, viejo criado de Amílcar. Salambó, hija de Amílcar, sacerdotisa de la diosa Tanit. Schahabarim, eunuco, sumo sacerdote de Tanit, y maestro espiritual de Salambó. Taanach, antigua nodriza y esclava de confianza de Salammbô.

Bárbaros Autarito, jefe de los mercenarios galos. Espendio (Spendius o Spendios), esclavo campanio huido de los romanos, capturado prisionero en la batalla de las Egadas, quien se convierte en amigo de Matho. Es uno de los jefes de los mercenarios durante la revuelta. Matho (Matón), mercenario libio de gran complexión y estatura, jefe principal de los mercenarios. Narr'Havas (así escribe Flaubert el nombre Naravas), príncipe de los númidas, inicialmente aliado de Cartago, luego aliado de los mercenarios y, por último, enemistado con ellos y aliado de nuevo de Amílcar. Zarxas (Zarza), jefe de los honderos baleares.

Argumento

Sinopsis En la segunda mitad del , Cartago forma un ejército de mercenarios bárbaros para enfrentarse a Roma. Tras ser derrotada en la conocida como primera guerra púnica, Cartago tiene que indemnizar a los romanos con unas cantidades tales que queda imposibilitada para pagar la soldada debida a su propio ejército. Los bárbaros se sublevan y se vuelven contra Cartago en la que es conocida como guerra de los mercenarios.

Salambó, la protagonista ficticia, es una sacerdotisa hija de Amílcar Barca, el principal general cartaginés. Salambó es objeto de la obsesiva lujuria de Matho, jefe principal de los mercenarios. Con la ayuda de Espendio, Matho roba el velo sagrado de Cartago, el zaimph. Este es un velo ornamentado y enjoyado que envuelve la estatua de la diosa Tanit en el sanctasanctórum de su templo: el velo es considerado guardián espiritual de la ciudad y tocarlo trae la muerte a quien lo haga.

Detalle thumb|200px|Grabado de Victor-Armand Poirson (1887): Salambó avanza entre los capitanes bárbaros.

Capítulo 1: «El festín». Ya que el gobierno de Cartago tiene dificultades para pagar a los mercerarios, decide festejarlos con un banquete mientras se allegan los fondos necesarios. Estando Amílcar ausente, en misión militar, el gran consejo decide utilizar el jardín de su palacio como lugar del festín, que se sufragará a costa de sus bienes. Los mercenarios se emborrachan y destrozan el jardín y otras dependencias. Aparece Espendio, un esclavo recluido en la ergástula del palacio, que es liberado los mercenarios. Interviene el general Giscón para intentar frenar a los bárbaros que quieren apropiarse de las copas de la Legión sagrada. Aparece también la hija de Amílcar, Salambó, que recrimina a los mercenarios sus destrozos e intenta aplacar los ánimos. Dos hombres se fijan en ella: Narr'Havas, jefe númida huésped de Amilcar, y el libio Matho que, al verla, se enamora perdidamente. Salambó ofrece una copa a Matho, lo que para el númida significa promesa de matrimonio. Irritado, Narr'Havas, que también la pretende, lanza una jabalina a Matho, que le atraviesa el brazo. En el tumulto que se produce, Salambó desaparece en su palacio. Matho trata en vano de seguirla. Espendio se pone al servicio de Matho e intenta convencerlo de que, al frente de todos, tome y saquee el palacio primero, y Cartago después, cobrandose así las soldadas atrasadas y logrando obtener a Salambó.

Capítulo 2: «En Sicca». Los mercenarios son invitados por los gobernantes de Cartago a abandonar la ciudad y dirigirse a la ciudad sagrada de Sicca, donde se les abonará las pagas que se les deben. Mientras esperan en Sicca al enviado cartaginés, Espendio observa cómo Matho está atrapado obsesivamente por el recuerdo de Salambó, del que no logra librarse. Una tarde llega, obeso y enfermo de lepra, el sufeta Hannón, quien, expresándose solo en lengua púnica, trata de convencer a los bárbaros del mal estado de las finanzas de Cartago. Espendio, aprovechándose de que los mercenarios no entienden la lengua de Hannón, los manipula y subleva contra Cartago. Se inflama la revuelta y Hannón tiene que salir huyendo en un asno —pues su litera y comitiva han sido saqueadas—. Llega Zarxas con la noticia de la traicionera masacre, perpetrada por los habitantes de Cartago, de 300 honderos baleares que se habían quedado atrás. Los bárbaros, irritados, deciden volver a Cartago.

Capítulo 3: «Salambó». Mientras, Salambó, acompañada de su esclava Taanach, sube una noche a una azotea del palacio de Amílcar e invoca a la diosa Tanit. El autor hace de ella un retrato paradójico en la que conviven rasgos de fecundación y de destrucción. También hace un retrato de sí misma, de sus deseos y aspiraciones, todo fuego y languidez. Educada en solitario para un matrimonio pactado lejos de toda devoción popular, desea ardientemente ver la estatua de Tanit, pero se presenta en la azotea Schahabarim, el gran sacerdote de la diosa, y la disuade, pues hay castigo de muerte para los que contemplan la efigie de la diosa. A lo lejos divisan a los bárbaros acercándose a Cartago.

Capítulo 4: «Bajo las murallas de Cartago». El ejército de los mercenarios llega ante Cartago y se instala ante las puertas de la ciudad, que se mantienen cerradas. Descripción de Cartago, de sus numerosos templos y de los ídolos horrendos que alojan. Una delegación del gran consejo va a negociar directamente con los bárbaros, cuyas exigencias son elevadas, al igual que lo habían sido las promesas de Amílcar durante la guerra con los romanos. Empiezan por reclamar víveres, a cuenta de lo que se les debe, y suben sus exigencias hasta reclamar la cabeza de Hannón. Para apaciguarlos, el consejo envía al general Giscón, que empieza a pagarles, pero Espendio y Zarxas abortan el desembolso y logran reavivar la rebelión. En medio de la revuelta, Giscón es hecho prisionero y desaparece. Los cartagineses que le acompañan son arrojados al foso de las inmundicias y mantenidos presos. Por su parte, Espendio y Matho quieren ir en solitario al tempo de Tanit, pero la ciudad está cerrada. Espendio se ofrece a encontrar una vía de entrada y Matho se compromete a seguirle si lo logra. Al final, los dos, deslizándose entre las piedras del acueducto que abastece de agua a la ciudad, logran penetrar a escondidas en Cartago. thumb|200px|Grabado de Victor-Armand Poirson (1887): Espendio, Matho y el zaimph.

Capítulo 5: «Tanit». Camino del templo, Espendio confiesa a Matho que quiere robar el zaimph, el velo sagrado e intocable de la diosa Tanit, que pasa por hacer invencible a Cartago. Matho queda aterrado, pero le sigue a pesar de todo. Entran en el templo, donde entreven una gran serpiente negra, y se apoderan del velo. Matho se lo ciñe alrededor y, transfigurado, quiere ir a ver a Salambó para regalarle el velo. Les sorprende un sacerdote. Espendio lo apuñala y ambos huyen hacia el palacio de Amílcar, donde encuentran a Salambó dormida. Cuando se despierta, Matho le declara su amor. Salambó queda fascinada por el velo y se lo pide a Matho, pero cuando cae en la cuenta del sacrilegio cometido, da la voz de alarma. Espendio logra huir por un acantilado y a nado llega al campamento de los mercenarios. Matho, con el velo arropado a su cuerpo, escapa a sus perseguidores y huye por una de las puertas de la ciudad, que logra entreabrir.

Capítulo 6: «Hannón». El númida Narr'Havas llega al campamento para aliarse con Matho, a quien el robo del zaimph ha hecho famoso. Se generaliza la rebelión entre los pueblos sometidos a Cartago a quienes se envían emisarios que obtienen hombres y dinero. Con el dinero, a sugerencia de Espendio, Matho termina de pagar los atrasos a los mercenarios y estos, a su vez, le nombran schalischim, general en jefe. Dos ciudades de origen fenicio rehúsan la alianza con los bárbaros. Estos dejan Cartago y se dividen para atacarlas: Espendio asedia Útica y Matho, Hippo-Zarita (la actual Bizerta). Narr'Havas vuelve a Numidia y promete traer elefantes. Autarito y sus galos permanecen frente a Túnez. Mientras tanto, Cartago da el mando supremo militar a Hannón quien alista a todos los ciudadanos y prepara los elefantes. Con ellos logra derrotar a los mercenarios de Espendio y ocupar Útica, pero tiene que abandonarla cuando llegan las fuerzas combinadas de Matho y Narr'Havas, que derrotan al ejército cartaginés con grandes pérdidas (otoño de 241 a. C.). Hannón huye hacia Cartago donde se le retira el mando.

Capítulo 7: «Amílcar Barca».