Alfred Redl (Lemberg, Imperio austrohúngaro, hoy Leópolis, Ucrania, en la región conocida como Galitzia, 14 de marzo de 1864-Viena, Imperio austrohúngaro, 25 de junio de 1913) fue un oficial del Ejército austrohúngaro. Ascendió a coronel y llegó a ocupar el cargo de jefe de Estado Mayor del VIII Cuerpo (Praga). Durante la mayor parte de su carrera sirvió como jefe de la Oficina de Evidencias, Servicio de Inteligencia Militar (los servicios de contraespionaje del Imperio austrohúngaro). Una de las figuras más preeminentes en el mundo del espionaje previo a la Primera Guerra Mundial, su paso por el servicio de contraespionaje estuvo marcado por la innovación, y promovió el uso de las tecnologías más avanzadas de su tiempo con el fin de detectar y arrestar agentes extranjeros. Pero resultó ser a su vez uno de los mayores y más importantes espías al servicio del Imperio ruso. Captado inicialmente bajo amenaza de hacer pública su condición de homosexual, los ingresos que le reportaba su traición elevaron enormemente su nivel de vida, y al parecer acabó vendiendo secretos militares a los servicios secretos franceses e italianos. Descubierto, se suicidó pegándose un tiro un año antes del estallido de la Primera Guerra Mundial.
Juventud Hijo de Franz y Matilde Redl, su padre había sido oficial del Ejército austrohúngaro, pero tuvo que abandonarlo a los 31 años porque no podía costearse la boda correspondiente a su rango. Franz Redl pronto encontró trabajo en la empresa de ferrocarriles Galizische Carl Ludwig-Bahn, aunque tuvo que mudarse a Lemberg con su joven esposa. Allí, como miembro de la minoría de funcionarios civiles germanohablantes, ascendió dentro de la compañía hasta el cargo de supervisor y consiguió formar una familia gracias a su trabajo.
Franz Redl tuvo siete hijos, contando a Alfred, y estaba orgulloso de todos ellos: sus dos hijas eran maestras, mientras que de sus cinco hijos, dos hicieron carrera como oficiales del ejército (siendo Alfred uno de ellos), otro era arquitecto, otro jurista y otro empleado del mismo ferrocarril que él. Además, el hecho de que el padre se preocupara de enseñarles desde niños tres idiomas (alemán, ruteno y polaco) sería determinante para la futura carrera de Alfred.
El joven Alfred ingresó a los 15 años en la Escuela de Cadetes de Brno tras finalizar sus estudios primarios. Según algunos autores, esa temprana inmersión en un mundo exclusivamente masculino, unido a su rechazo a una madre dominante, condicionaron su posterior tendencia homosexual.George Markus, op. cit., páginas 24-26. Debe tenerse en cuenta que ser homosexual en aquellos tiempos y en aquel entorno suponía ser apartado inmediatamente de cualquier servicio civil, el ostracismo social y posiblemente cargos criminales.
Redl se graduó de la escuela de cadetes en 1883, con el grado de oficial cadete aspirante, y unas notas y valoraciones de sus superiores muy por encima de la media. Tras cuatro años, siendo ya segundo teniente del Regimiento de Infantería n.º 9 de Lemberg, presentó solicitud, junto con varios centenares de aspirantes, para asistir a los cursos de oficial de Estado Mayor en una escuela de guerra. Testigo de su elevada capacidad es el hecho de que no solo logró la plaza en 1892, proviniendo de una familia sin recursos elevados y de una academia militar sin demasiado prestigio, sino que en 1894 se graduó con honores junto con otros 24 cadetes.
Aproximadamente en ese periodo Redl contrajo sífilis, enfermedad que, sin antibióticos, solía entrar en un desarrollo crónico y generalmente mortal. La autopsia realizada tras su suicidio reveló que seguía sufriendo, efectivamente, la enfermedad, y de hecho le quedaba poco tiempo antes de haber muerto a causa de la misma.
Oficial de Estado Mayor Después de graduarse como oficial de Estado Mayor, en 1895 se le destinó a la Oficina de Ferrocarriles del Ejército, una agencia encargada de gestionar los propios transportes ferroviarios y planes de desplazamiento de tropas y material. También se ocupaban de explorar las vías de ferrocarril de posibles enemigos en una guerra futura. Esta tarea era especialmente importante en el caso de Rusia, ya que, como el gobierno del zar consideraba como secretos todos sus mapas de ferrocarriles, la información solo podía conseguirse mediante el uso de espías. Supuso el inicio de los contactos de Redl en el mundo del espionaje anterior a la Primera Guerra Mundial.
Tras un servicio relativamente corto en la Oficina de Ferrocarriles, Redl fue asignado sucesivamente a varios estados mayores, primero en Budapest, luego, ya como capitán, en su pueblo natal de Lemberg. En 1899 viajó a Rusia por orden del jefe del Estado Mayor austrohúngaro Friedrich von Beck-Rzikowsky con el fin de participar en un curso de ruso en Kazán. Allí adquirió conocimientos que supondrían el trampolín para ser destinado en 1900 al Grupo Ruso de la Oficina de Evidencias en Viena, la sección del Estado Mayor Central encargada de las tareas de contraespionaje. Su oficina recopilaba mensajes de importancia militar recogidos de las fuentes más diversas, que debían ser traducidas, extractadas, resumidas y remitidas diariamente al Jefe del Estado Mayor, y semanalmente al propio emperador Francisco José I (hasta 1913, de forma manuscrita). Para esta tarea solo había disponibles 20 oficiales incluyendo a Redl. La escasez de personal y presupuesto se debía en gran parte a que la Oficina de Evidencias estaba también subordinada al Departamento de Estado, que era uno de los dos ministerios del Imperio austrohúngaro financiado de forma conjunta por Austria y Hungría, la cual suministraba a las instituciones comunes tan solo los recursos imprescindibles.
En este entorno, Redl fue ascendido rápidamente. En pocos meses ya estaba destinado en la Oficina de Clientes, responsable del seguimiento de inteligencia procedente de todos los países extranjeros. En 1905 fue ascendido a comandante, y en 1907 fue nombrado jefe de la Oficina. Pocos meses después fue ascendido a jefe de la Oficina de Evidencias, lo que le convirtió en el miembro más cercano al Jefe del Estado Mayor Central. Tras su ascenso a coronel en mayo de 1912, Redl fue nombrado jefe del Estado Mayor del VIII Cuerpo de ejército el 18 de octubre del mismo año, estacionado en Praga.
Espía El espionaje en Rusia dio un salto cualitativo con la entrada en el . La Policía del Estado (Ojrana) se hizo responsable del espionaje en el extranjero, y mantenía oficinas en Moscú, San Petersburgo y la en aquel entonces rusa Varsovia. Cooperaba de forma muy cercana con el departamento de inteligencia del Estado Mayor zarista. El departamento de la Ojrana encargado de la inteligencia en Austria tenía su base en Varsovia, contaba con un personal de 50 militares y 150 reservistas, y estaba dirigido por el coronel Nikolai Stepanovitch Batjuschin. Este envió a Viena en 1901 a un agente encubierto llamado Pratt, camuflado como turista, con órdenes de alistar a un oficial de alto rango destinado en la ciudad, a ser posible en la Oficina de Evidencias. En su búsqueda de puntos flacos en la vida privada de los oficiales que correspondían al perfil deseado, Pratt descubrió en 1903 que el capitán Redl mantenía una relación homosexual con un teniente segundo llamado Meterling, del Regimiento de Dragones. Pratt le mandó una carta a Redl donde le decía que:
Frente a un chantaje que amenazaba con destruir su prometedora carrera y dar con sus huesos en la cárcel, Redl accedió a colaborar con la Ojrana. Primero fue controlado personalmente por el agregado militar ruso, barón de Roop (actividad típica de espionaje que el emperador Francisco José I había prohibido a sus propios agregados militares). Después de que de Roop fuera descubierto y expulsado del país bajo acusación de espionaje, el contacto con Redl pasó a su sucesor, el Coronel Mitrofan Konstantinovitch Martschenko, quien años después sería también expulsado con los mismos cargos. Este emitió el siguiente juicio sobre Redl en sus notas, en octubre de 1907:
A pesar de haberse ganado su colaboración mediante extorsión (o posiblemente para evitar un súbito ataque de remordimientos), los rusos le pagaron sus servicios con creces, por lo que Redl pudo permitirse pronto un nivel de vida reservado a la aristocracia. Solo acudía a comer a los mejores restaurantes, tenía dos automóviles y varios caballos. Usó una parte considerable de sus ingresos extras para financiarse aventuras con jóvenes de su misma condición sexual, por lo que cada vez resultaba más extorsionable. Al parecer empezó a ofrecer a los servicios secretos franceses e italianos los mismos documentos que vendía a los rusos, con el fin de redondear sus ingresos. Pronto sumó unos ingresos adicionales de aproximadamente 50.000 coronas austriacas anuales.
Aunque no suministraba información con mucha frecuencia, cuando lo hacía era siempre de alto nivel y una gran relevancia. Entregó a los rusos casi todos los documentos secretos que pasaron por sus manos relativos al ejército austrohúngaro. Planes de movilización, estadillos de unidades, informes de inspección, planos de fortalezas... Fotografiaba todo este tipo de documentos y los entregaba personalmente. Entre 1903 y 1913 Redl fue sin duda el principal espía de Rusia. Suministró a los servicios de información rusos el Plan III, el plan completo del ejército austriaco para la invasión de Serbia, los cuales a su vez lo entregaron de inmediato al mando militar serbio. También proporcionó a los rusos (entre otros datos vitales) el orden de batalla completo de las fuerzas austriacas, los planes de movilización (en una época en que los planes y tiempos de movilización eran clave para el éxito de una campaña) y los planos de las fortificaciones austriacas fronterizas con Rusia.
Asimismo desenmascaró a espías austrohúngaros en Rusia, que en su mayoría fueron ejecutados. Se sabe con certeza que incluso envió personalmente espías a Rusia para luego venderlos a los servicios de contraespionaje del zar. También acabó vendiendo a los agentes que él mismo había logrado colocar en el Estado Mayor del Ejército Imperial Ruso, acabando todos ahorcados o suicidándose. Del mismo modo, traicionó a varios oficiales rusos que iniciaron contactos con los servicios de inteligencia austriacos, permitiendo que fueran capturados. Además contaminó la información sobre la fuerza y capacidad militar del ejército ruso suministrada a los estados mayores austriacos con estimaciones totalmente incorrectas en cuanto a tamaño, preparación y fuerza militar.
A fin de no comprometer su situación, los rusos fabricaron igualmente éxitos para Redl: informes capturados de extraordinaria importancia, que luego resultaron ser falsos; o el descubrimiento y captura de agentes rusos, en su mayoría de segundo orden o que se habían vuelto difíciles de mantener para la Ojrana. Finalmente, su nivel de vida acabó llamando la atención, pero consiguió (de forma bastante incomprensible) justificarlo mediante una herencia, por lo demás muy insignificante.
Redl estuvo a punto de ser descubierto en 1909 por la intervención del comandante conde Lelio Spanocchi, agregado militar austrohúngaro en San Petersburgo. El conde, que había logrado el favor del Emperador gracias a sus méritos y buen hacer, trabó amistad con el agregado militar inglés en San Petersburgo, un tal Guy Percy Wyndham, quien un día le hizo la confidencia de que un alto cargo del Estado Mayor austrohúngaro entregaba a los rusos todo lo que estos le pedían. Spanocchi lo comunicó inmediatamente al jefe de la Oficina de Evidencias, el coronel Hordlicka, quien no tomó en serio la acusación; cuando Spanocchi insistió, amenazando con informar directamente al Ministro de la Guerra, Hordlicka encargó la investigación al mismo Redl.
Desenmascaramiento