El Convento de Santa Rosa de Ocopa se halla en el distrito de Santa Rosa de Ocopa, provincia de Concepción, departamento de Junín, en el Perú. Fundado por la orden franciscana para servir como sede de un colegio de misioneros, actualmente es un museo y guarda una magnífica biblioteca así como una nutrida pinacoteca. Es un auténtico “relicario del Perú”, como lo llamó José de la Riva Agüero y Osma.

Ubicación Está ubicado a 3.360 , en un clima sano y seco, de eterna primavera, rodeado de árboles. Se halla a 5.5 km al noreste de la ciudad de Concepción y a 25 km al noroeste de Huancayo, Perú. Se llega a través de dos vías; la primera, saliendo de Concepción por la Alameda, dirección Nor-Este, pasando el Hotel Huaychulo, el Anexo de Alayo, y luego tomar el desvío a Santa Rosa de Ocopa; la segunda, siguiendo la carretera Central (margen izquierda del Río Mantaro) hasta el Distrito de Matahuasi, tomando el desvío hacia el Este, y pasando por el Anexo de Huanchar para llegar al Convento de Ocopa.

Historia El Convento de Santa Rosa de Ocopa fue fundado en 1725 por fray Francisco Jiménez de San José (aunque hay fuentes que data de 1724), padre franciscano y fue bautizado con dicho nombre por situarse cerca de una capilla denominada Santa Rosa de Santa María dedicada a la santa limeña. El propósito era establecer un colegio de misioneros que sirviera de punto de partida fundamental de la evangelización católica hacia los puntos más remotos de la selva.

Luego de erigida la institución, se preparó la celda para los misioneros, y oficinas para el convento; se obtuvo la colaboración de un grupo de frailes que pasaron a establecerse en ese lugar (1734), y cuando el fundador murió en 1736, ya era notoria la difusión de su obra.

De Ocopa, en 1757, salió el fraile Alonso Abad, descubridor del paso que lleva su nombre en la Cordillera Azul. Y fueron estas misiones las que exploraron el Huallaga, el Marañón y el Ucayali, ganándolas definitivamente para el territorio peruano. Prácticamente la mayoría de las misiones que se adentraron en la selva peruana partieron de Ocopa. thumb|left|200px|Cruz de la primera estación del Vía Crucis del convento. Su importancia fue reconocida por el comisario de límites Francisco Requena, cuando propuso al rey que se extendiese la autoridad de aquel colegio a todas las misiones de Maynas (gobernación que aconsejó que se reincorporara al virreinato del Perú, lo que ocurrió en 1802).

Ya en época de la emancipación, los misioneros franciscanos del convento vivieron gran zozobra. En 1824, sufriendo persecución, acudieron a refugiarse a la fortaleza del Callao, pero el brigadier español José Ramón Rodil que a la sazón resistía en la fortaleza chalaca, los rechazó a balazos. De otro lado, el Libertador Simón Bolívar encontró “enteramente desatendidas las misiones”, y debido a que allí solo se empleaban misioneros venidos de España, dispuso que el colegio fuera clausurado, y que se fundara en su lugar un colegio para los hijos de los patriotas de la provincia de Jauja (1.º de noviembre de 1824).

El colegio permaneció cerrado durante 12 años, hasta que en marzo de 1836 el presidente Luis José de Orbegoso autorizó su reapertura y el retorno de los frailes, para que continuaran con su misión de evangelizar y civilizar a las etnias de la Amazonia. miniaturadeimagen|Claustrillo ubicado a la entrada del Convento, antes de ingresar al Museo de Arte Religioso. El 22 de febrero de 1838 ocuparon el antiguo local los misioneros italianos y españoles que desde Europa enviara fray Andrés Herrero, comisario general de la orden franciscana para la América Meridional; y un decreto promulgado por el presidente Ramón Castilla en 1849 reconoció la existencia de la institución.

En 1970 se acondicionó un salón para que sirviera de pinacoteca, especialmente por instigación del padre Lorenzo Pelossi, franciscano y pintor italiano superior que vivió en Ocopa la mayor parte de su vida hasta el año 2003 en que falleció.

En 1990 el templo se quemó, perdiendo así mucho material que se había recolectado a lo largo de los años, aunque fue restaurado en su mayor parte.

Claustros

Claustro de la Portería Es el primer claustro que se observa al ingresar al Convento y el más antiguo de los cuatro. Se acabó de construira fines del , en tiempo del P. Pedro González de Agüeros, de dos pisos y en hermoso estilo colonial, con toda la decoración labrada en piedra. Pero una desacertada restauración hecha en 1920 malogró aquellas bellezas. En la actualidad consta de tres pisos. En el centro del jardín se levanta una pileta de tres cuerpos, obra del artesano nativo Catalino Mártinez, vecino del pueblo de Santa Rosa, que data de 1960.

Lo más notable de este claustro es la estupenda colección de cuadros del Vía crucis, tallados en piedra de Huamanga. Es obra antigua, posiblemente del , y se ignora por quien hayan sido ejecutados.

Capilla de la Misericordia Antes de pasar al siguiente Claustro, se le muestra al visitante una hermosa obra de arte guardada en la Capilla de la Misericordia, contigua a la Sacristía. Sobre la puerta de esta capilla se aprecia una pintura del Rostro del Señor en agonía, con los siguientes versos: miniaturadeimagen|236x236px|Capilla de la Misericordia, en la que se encuentran los restos del fundador del Convento. "El verme así no te asombre, pues es mi amor tan sin par, que aquí me he puesto a pensar si hay más que hacer por el hombre".

De esta Capilla ha escrito Aurelio Miró Quesada: "Si a Ocopa se le ha llamado El Relicario del Perú, la Capilla de la Misericordia, sin duda alguna, es el relicario del Convento. Habitación sencilla, con techo abovedado y sillones antiguos, encima del altar se ve la imagen de una Virgen lozana, con la inscripción: NUESTRA SEÑORA DE LA MISERICORDIA, sudó y lloró el 29 de setiembre de 1675. Rodeando la imagen, catorce cuadros en piedra de Huamanga policromada y con marcos dorados, en que se recuerdan escenas de la vida de Santa Rosa de Lima, que es la Patrona del Convento. En una de las paredes, las reliquias del Fundador, Fr. Francisco de San José, y sobre ellas su retrato: los ojos muy abiertos, la barba algo saliente y el cuerpo extraño y alargado como un cuadro del Greco, aparece el ilustre Franciscano entre indios de rodillas y ramajes de ceibas. (Cf. Costa, Sierra y Montaña, Lima, 1940-41).

Mons. Berroa, en su Monografía de Huánuco, dice: "En un libro de José Llano Zapata, Historia de las imágenes, hemos encontrado este dato: en la iglesia que los Jesuitas tienen en el Callao, se veneraba una imagen de Nuestra Señora de la Misericordia, que el 29 de setiembre de 1675, lloró y sudó. Creemos - continúa Monseñor - que esta imagen es la misma que tienen los Padres de Ocopa, pues en el marco del cuadro sólo se lee en cuanto a la fecha: 29 de setiembre de 16".

La Pintura de la Virgen tiene cierto aire de la escuela italiana, pues es copia del fino artista Pedro Ramírez de un cuadro europeo. Los 14 valiosos cuadros en piedra de Huamanga, representando escenas de la Vida de Santa Rosa, han sido tallados probablemente en el y fueron obsequiados al fundador del Convento. En la misma capilla puede apreciarse una hermosa colección de 12 lienzos alusivos también a la vida de Santa Rosa de Lima, de autor desconocido. Tienen una marcada influencia de la escuela de Murillo y están adornados con marcos cajamarquinos.

Esta capilla fue construida en 1915, siendo Guardián el P. Policarpo Bengoechea, y decorada en 1920 por el arquitecto austríaco Christian Runzer (el mismo que diseño la Catedral de Huancayo), en cuyo año fueron trasladados del Coro a ella los restos del fundador del Convento.

Claustro del Olivo miniaturadeimagen|El Claustro del Olivo, con la vista de la cúpula al fondo. Es el segundo claustro del convento, llamado así porque en su jardín se conserva hasta ahora un retoño del olivo que plantara el fundador del Convento hace más de 270 años. En sus corredores hay una extensa colección de 29 cuadros antiguos de la escuela cuzqueña sobre la vida de San Francisco de Asís. En uno de ellos se lee lo siguiente: "Estos cuatro lienzos se pintaron en la ciudad del Cusco, en el año 1763, y lo hizo con su notoria habilidad el pincel del Maestro Don Ygnacio Chacón". Son parecidos, pero de menor tamaño y calidad inferior, a los existentes en el Convento de San Francisco del Cusco. Fueron mandados a pintar para Ocopa durante la Guardianía del P. Manuel Becerril, entre 1761 y 1763.

Este claustro fue comenzado en 1915, siendo Superior el P. Policarpo Bengoechea, y decorado en 1921 por el Maestro Catalino Mártinez, quien ejecutó la pileta central.

Claustro del Padre Pío Antes de acabar el recorrido del claustro del Olivo, se le muestra al visitante el acogedor claustro del Padre Pío, de construcción más reciente, pues se inauguró en 1959, quedando exactamente detrás de la Iglesia, como protegiéndola y abrazándola.

Es llamado así porque en el centro del patio se levanta una estatua del Venerable P. Pío Sarobe (1855 - 1910), morador y Guardián de Ocopa. Fue en vida un virtuoso religioso y murió con fama de santo en Huancayo, habiéndose enfermado predicando la cuaresma en el pueblo de San Jerónimo de Tunán. Es muy venerado en esta región y continuamente es visitada su tumba, ubicada a la entrada de la Iglesia.

En el jardín de este claustro pueden apreciarse algunas plantas típicas serranas, como la cantuta, la flor sagrada de los Incas, de varios colores.

Vistos los claustros de la planta baja, se sube al segundo piso del Claustro de la Portería, donde se podrán contemplar más obras de arte, y sobre todo, la pinacoteca, su famosa biblioteca y el museo misional. El llamado Claustro de los Estudiantes, por haber funcionado en él, un Seminario Franciscano hasta 1972, es similar a los otros y su construcción data de 1930. Cuenta con las habitaciones y oficinas correspondientes y una regular extensión para juegos. Se presta y se emplea como lugar ideal para realizar retiros espirituales.

Claustro de la Obrería thumb|right|250px|Claustros, pilastras y tejados del antiguo convento; en la parte superior aparece la moderna construcción, y al fondo las torres de la iglesia. Se acaba el recorrido del Convento con un recuerdo del pasado, visitando lo que fue la primitiva y provisional construcción del convento de Ocopa. De sugestivo valor histórico y simbólico para todo el que lo visita, pero sobre todo para los religiosos del convento, sirve para cerrar con broche de oro el largo recorrido por sus claustros, y para rememorar las heroicas expediciones y grandes penalidades que tuvieron que soportar los misioneros de Ocopa en la selva peruana.

De este primitivo Conventillo de Ocopa escribió así el insigne José de la Riva Agüero, a raíz de su visita al Convento en 1912, gran admirador por otra parte del mismo: "Hay rincones del Convento que evocan fielmente la humildad conmovedora de su mendicante instituto y los paupérrimos comienzos de esta comunidad. Un claustrillo estrecho, que, según creo, designan con el muy castizo nombre de La Obrería, se conserva intacto como lo edificó Fray Francisco de San José, a principios del siglo XVIII: con rechonchas pilastras en vez de arcadas, corredores, hondos y lóbregos, piso central de piedras toscas, sin jardín ni viviendas altas, y techado con tejas de un color granate sombrío, cárdeno, que avanzan en fuerte declive, achatando aún más la rústica severidad del recinto" (Cf. Paisajes peruanos, Lima, 1955, 169).

Una tosca y antigua estatua, obra del Maestro Catalino Martínez, colocada en 1970 en el centro del claustrillo, recuerda al fundador del Convento, quien lo edificó hace más de dos siglos y medio, ayudado de tres hermanos legos, que hicieron de arquitectos y peones. Entre 1984 y 1985 se llevó a cabo la primera etapa de restauración a cargo de CORDE - JUNÍN.

La iglesia