230px|miniaturadeimagen|Logotipo "Sol de Miró", imagen representativa de la Marca España desde 1983. El turismo en España representa una de las actividades económicas más importante del país, que alcanzó los 200.699 millones de euros en 2024, un 12,6% del PIB. Por su parte, las ramas características del turismo generaron más de 2,7 millones de puestos de trabajo, el 12,3% del empleo total. España es un país turístico con una desarrollada infraestructura en el sector servicios, situándose entre los tres más visitados del mundo, al que acudieron más de ochenta millones de viajeros en 2023 atraídos por sus playas y agradable clima, el abundante patrimonio artístico del país y la riqueza gastronómica, además de ser una de las naciones más ricas en patrimonio cultural del planeta debido al gran número de civilizaciones que dejaron su impronta y legado en la península ibérica.
Según el informe de 2017 de la Organización Mundial del Turismo (OMT), España es el segundo país del mundo en número de turistas extranjeros, con 81,9 millones de turistas anuales en 2017, sólo superado por Francia. Según el informe de 2012 proporcionado por Eurostat, España fue el primer país de la Unión Europea (UE) en número de pernoctaciones logrando superar a Francia, debido a un aumento del 4,3% respecto al año anterior.
En 2025, España recibió 96,8 millones de turistas internacionales, un 3.2% más que en 2024 y la cifra más alta registrada hasta entonces. El gasto realizado por los visitantes extranjeros alcanzó los 134.712 millones de euro, un 6,8% más que el año anterior. Los principales mercados emisores fueron el Reino Unido, Francia y Alemania.
El impacto turístico representa alrededor del 11% del producto interior bruto del país, sustentándose parte de su economía en el sector servicios, con un inigualable desarrollo y excelencia en hostelería y transporte desde el auge turístico acontecido en la década de 1960 que se afianzó finalmente con la celebración en el quinto centenario del descubrimiento de América (1492), de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla (1992).
Con respecto a los ingresos del sector turístico, España es la segunda nación del mundo, solo superada por Estados Unidos según la OMT.China supera a España y se convierte en el tercer destino turístico del planeta. El principal destino turístico es Cataluña —siendo también Barcelona la principal ciudad receptora de turistas— seguida por las Canarias y las islas Baleares. En el año 2015 el Foro Económico Mundial otorgó a España el primer puesto mundial en competitividad turística. Según los datos aportados por el INE en febrero de 2017, España ingresó 77.625 millones de euros en 2016 en concepto de ingresos turísticos, un 9% más que el año anterior.Encuesta de Gasto Turístico 2016
Durante varias décadas se hizo especial énfasis en la promoción del turismo de sol y playa, debido al clima bastante más cálido y soleado en comparación con otros países europeos. Las temperaturas en verano suelen variar entre los 20 y 40 °C, y muchas regiones tienen más de 300 días de sol al año, con veranos generalmente secos y calurosos. La capacidad turística en las localidades costeras proporciona un elevado número de hoteles, restaurantes y viviendas a pie de playa de las que la Costa de la Luz y la costa valenciana son fiel exponente con Cádiz, Sotogrande y Benidorm como promotores destacados.
El norte de España tiene un clima algo más fresco y húmedo. Muchos españoles y extranjeros se sienten atraídos por el milenario Camino de Santiago o fiestas de carácter lúdico como San Fermín. La zona norte combina turismo rural con grandes arenales que gozan de buen clima en verano y turismo de esquí en invierno. Dicha zona presenta una singular belleza por la cercanía de montañas con abundante vegetación y zonas como la costa cantábrica, las rías de Galicia o los Picos de Europa.
La gastronomía española es amplia y variada, con platos tan típicos como el gazpacho, la paella, el cocido madrileño, la fabada, el jamón ibérico, el marisco o el pescado típico de la zona. El aceite de oliva, del que España es el primer país productor del mundo, se emplea en una gran diversidad de platos, y es muy apreciado en otros países.
En los últimos años, ha crecido el interés por el turismo cultural en España, incrementándose la afluencia de visitantes a destinos como la Mérida romana de Extremadura o históricos lugares de Castilla y León.Prieto Gutiérrez, J. J. (2015). Turismo cultural: el caso español . International Journal of Scientific Management and Tourism 2, 95-114.
Historia del turismo en España
El desarrollo turístico de España en la segunda mitad del siglo fue un fenómeno clave en la transformación económica y social del país. Desde los años 50 hasta finales del siglo , España pasó de ser un país predominantemente agrícola y con una economía cerrada a convertirse en una de las principales potencias turísticas del mundo. Esto fue impulsado en gran parte por el Estado, especialmente durante la dictadura franquista y los primeros años de la democracia. La principal institución encargada de su promoción fue el Ministerio de Información y Turismo, creado en 1951 bajo el régimen de Franco. Resultó clave la creación de la imagen turística de España, para movilizar turistas tanto a nivel nacional como internacional. Aunque los polos de atracción turística fueron fijados en zonas como la Costa del Sol o Andalucía, sí hubo actividad turística, aunque menor, en otras regiones, como es el caso de Asturias.
Apertura al exterior (1957-1966) thumb|izquierda|150px|Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo (1962-1969). thumb|right|Playa de Benidorm hacia 1960
La apertura del sector turístico español se enmarca en la expansión económica europea de posguerra y en la transición desde la autarquía a la liberalización. La política turística pasó a rango ministerial con la creación del Ministerio de Información y Turismo en 1951, cuya estructura orgánica atribuyó competencias explícitas en esta materia; en 1962 se constituyó la Subsecretaría de Turismo y el Instituto de Estudios Turísticos con la finalidad de dotar a la acción pública de información y análisis sistemático.
La inflexión llegó con el Plan de Estabilización de 1959, que abrió la economía al exterior y facilitó el despegue del llamado Milagro económico español. Entre 1951 y 1961 el número de visitantes pasó de 1,26 a 7,45 millones, y en 1973 alcanzó los 31,6 millones, afianzando un turismo de masas sustentado en la estandarización del producto y el auge del transporte chárter.
En estos años se consolidó un marco jurídico-administrativo específico: la Ley de Competencias en Materia de Turismo (1963) definió las atribuciones del Ministerio; la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional (1963) orientó la planificación de destinos; y el Estatuto ordenador de las empresas y actividades turísticas privadas (1965) fijó reglas comunes para el sector.
El patrón de crecimiento se apoyó en paquetes vendidos en origen por touroperadores europeos, con uso intensivo del vuelo chárter, lo que aportó regularidad de la demanda y permitió economías de escala; al mismo tiempo, la comercialización quedó fuertemente intermediada. La Administración trató de encauzar el proceso con instrumentos de planificación —la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional (1963) y su reglamento (1964)— y con campañas de promoción exterior (como «Spain is different», desde 1964). La literatura especializada también subraya rasgos estructurales del período, como la estacionalidad y la concentración litoral de la oferta, especialmente en Islas Baleares, Costa Brava y Costa del Sol.
La debilidad del capitalismo español junto a la falta de confianza que el sector financiero español tenía en el turismo, al que consideraban como un fenómeno coyuntural y al que minusvaloraban en su potencialidad hizo que los capitales que financiaron el crecimiento de la oferta hotelera de sol y playa fueran en su mayoría extranjeros, gestándose de esa forma la dependencia del turismo respecto de los operadores turísticos foráneos. De hecho, fue clamorosa la ausencia del capital financiero español en el desarrollo turístico de aquellos años. Lo único que preocupaba era la obtención del mayor volumen posible de divisas para poder acometer la modernización industrial de España. Los costes sociales y ambientales de un rapidísimo crecimiento turístico, así como la falta de planificación del mismo –y casi ausencia de control alguno- constituyen aspectos negativos que han lastrado pesadamente sobre las costas españolas. La falta de control económico de dicho crecimiento también se dejó sentir en el posterior desarrollo turístico que presentó todas las características de una explotación de materias primas –en este caso el sol y la playa- propias de una economía dependiente.
El desarrollo (1964 a 1973) miniatura|derecha|250px|El puerto de Ibiza en 1965
En esta época se produce el desarrollo de la legislación turística específica. El marco conceptual pasó del “todo vale” a una cierta ordenación turística. Lo ocurrido en esta década se ha denominado “planificación no planificada”. Como el objetivo era estimular el crecimiento de la oferta como medio de incentivar a llegada de más turistas y, por consiguiente, de más divisas. No se tuvieron en cuenta ningún otro tipo de consideraciones que no fuese las meramente cuantitativas del crecimiento. Y para lograrlo se eliminaron las trabas urbanísticas que frenaban o limitaban el crecimiento de la oferta turística. La Ley del Suelo vigente era un obstáculo, por lo que Fraga buscó una fórmula para obviarla en la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico.Ley 197/1963, de 28 de diciembre, sobre «Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional» Esta norma, que sirvió para agilizar y estimular las inversiones tanto nacionales como extranjeras en bienes inmobiliarios turísticos fue a su vez la culpable de los numerosos desaguisados urbanísticos que se cometieron en esos años, y posteriores en el litoral español.
En el ámbito económico supuso una explotación mayor del turismo de sol y playa, que no fue todo lo productiva que pudo ser debido a fuerte dependencia de la oferta hotelera española respecto a los turoperadores extranjeros. Las Leyes de Costas y Puertos Deportivos posibilitaron la privatización del dominio público litoral. Al final del período, ya en los años 70, aparecen los primeros síntomas de una tímida reorientación territorial de la política turística en lo relativo a la necesidad de proceder a una cierta planificación del espacio; son la constatación de que los excesos del pasado empezaban a dejarse sentir.
La Transición política (1974-1977) miniatura|250px|Calle de Alcalá, Madrid, en 1974
Se produce una reorientación lastrada por los condicionantes políticos (Transición española). Se disuelve el Ministerio de Información y Turismo (se integra en el de Comercio) y se crea la Secretaría de Estado de Turismo. Esta nueva vinculación administrativa se tradujo en una nueva concepción del turismo, una vez desprovisto plenamente del lastre político-instrumental que había gravitado sobre él desde siempre. Se declaran los “Territorios de Preferente Uso Turístico”, se establece el Reglamento de las Agencias de Viajes. En el ámbito económico, se produce la liberalización de las inversiones extranjeras y el apoyo financiero a la modernización de empresariado, se despenaliza el juego y se regula la inversión extranjera en el mismo, se crean concursos mixtos para la concesión de subvenciones y créditos para agrupaciones empresariales turísticas.