María Cristina Bubba Zamora (Sucre, 1 de noviembre de 1953 - 27 de enero de 2026) fue una psicóloga social e investigadora boliviana, que se dedicó al estudio y la protección del patrimonio cultural de Bolivia.

Su trabajo se centró en la recuperación de textiles ceremoniales de comunidades del altiplano. A través de investigaciones, acciones legales y cooperación internacional, contribuyó a la restitución de aproximadamente 500 tejidos sagrados que habían sido saqueados y vendidos a coleccionistas en América del Norte, labor por la cual recibió reconocimientos.

Desarrolló su carrera en las áreas de la psicología social, antropología y la etnohistoria. A lo largo de su vida promovió la protección de los tejidos andinos, a los que consideraba una parte fundamental de la memoria y el patrimonio de los pueblos indígenas.

En sus últimos años residió en Sucre, donde expresó su preocupación por la persistente desvalorización de los pueblos originarios en la sociedad actual. Falleció el 27 de enero de 2026 a la edad de 72 años, dejando investigaciones sobre el arte textil y su relación con la identidad cultural en Bolivia.

Formación Realizó estudios en psicología social, disciplina desde la cual desarrolló su interés por la identidad cultural y el patrimonio de las comunidades indígenas bolivianas. Con el tiempo, orientó sus conocimientos hacia el ámbito antropológico y la recuperación de los tejidos andinos de Bolivia.

Al finalizar su carrera, en 1985, llegó al altiplano boliviano, a comunidades de Chuquisaca y Potosí, para realizar su trabajo de campo, hasta que entró en contacto con Coroma, un ayllu indígena de la provincia Antonio Quijarro, en Potosí. Desde entonces se involucró en la recuperación del patrimonio cultural, labor que la llevó a descubrir en 1988 la comercialización ilegal de los tejidos de Coroma.

Trayectoria profesional Su carrera evolucionó de la psicología social hacia la investigación de los pueblos aimaras y quechuas, lo que se reflejó en aportes académicos centrados en la preservación del arte textil originario y en la recuperación de tejidos de comunidades de Bolivia.

Realizó múltiples viajes a Estados Unidos y Canadá para identificar textiles robados y participar en procesos legales destinados a recuperarlos. Incluso participó como testigo judicial en Canadá en casos relacionados con el tráfico de patrimonio cultural.

Además de su labor investigativa, realizó exposiciones fotográficas dedicadas a los textiles bolivianos.

En el ámbito político, perteneció al movimiento indianista MITKA (Movimiento Indio Tupac Katari) durante la década de 1970.

En sus últimos años continuó su labor intelectual y manifestó públicamente su oposición a la discriminación de los pueblos ancestrales.

Trabajo con comunidades andinas Su labor profesional estuvo vinculada al trabajo con comunidades indígenas, particularmente de Coroma, enfocándose en la recuperación de saberes y piezas textiles considerados por los comunarios como parte de su identidad cultural.

Asimismo, intervino en iniciativas orientadas al reconocimiento de las tradiciones culturales y la organización de la comunidad en torno a la protección de su patrimonio y derechos.

Recuperación de textiles de Coroma

Coroma y sus textiles sagrados La comunidad de Coroma, ubicada en el altiplano sur de Bolivia, conserva una organización social tradicional basada en ayllus y autoridades originarias como los kurakas. En ella se mantiene la práctica de resguardar los q’ipis, bultos sagrados que contienen textiles ceremoniales antiguos asociados a la memoria cultural y religiosa del pueblo. Estas prendas —como unkus, aksus, awayos y ponchos— elaboradas con fibras de alpaca y vicuña, se custodian en las cuatro esquinas del centro de la comunidad y son considerados por los pobladores como símbolos de protección de los antepasados. Cada año, determinadas familias asumen la responsabilidad de su cuidado mediante ofrendas, y los textiles también cumplen funciones espirituales al orientar decisiones comunitarias, como los ciclos de siembra y cosecha, además de utilizarse en danzas ceremoniales durante la festividad de Todos Santos. Diversos rituales y la difusión internacional de este caso contribuyeron posteriormente a que coleccionistas y museos devolvieran algunos de los tejidos obtenidos de manera irregular.

Los textiles de Coroma, algunos con una antigüedad de hasta cinco siglos y pertenecientes a la tradición aimara preincaica, poseen un valor histórico y religioso. Estas prendas fueron reservadas a líderes espirituales y elaboradas mediante técnicas tradicionales de trenzado y teñido natural en colores como rojo, azul y amarillo. De propiedad comunal, se transmiten de generación en generación y, según la cosmovisión andina, contienen las almas de sus antepasados. Algunos de estos textiles presentan incluso rastros de sangre asociados a antiguos rituales ceremoniales.

Coroma, una localidad de la provincia Quijarro (Potosí), carece de servicios básicos y ha experimentado una constante migración de sus habitantes. Sin embargo, sus tejidos son un elemento central en la relación de la comunidad con su lugar de origen. A pesar de su tamaño y aislamiento, el caso de Coroma ha sido difundido internacionalmente en relación con la recuperación de su patrimonio textil.

Primeros registros y saqueo Desde 1971, las autoridades de Coroma comenzaron a elaborar inventarios de los q'ipis, registrando detalladamente las características de cada prenda. Este registro resultaría fundamental años después para su recuperación internacional. Durante el proceso, descubrieron la desaparición de varias prendas sagradas, lo que sugiere que los robos pudieron haber comenzado antes o alrededor de ese periodo. Para la comunidad, estos textiles son propiedad comunal, y su pérdida simboliza el secuestro de los espíritus de los antepasados.

Estas desapariciones coincidieron, desde 1978, con las visitas de comerciantes extranjeros de arte y antigüedades que, según los comunarios, obtuvieron los textiles mediante robos o a través de intermediarios. Muchos de ellos llegaban a Coroma durante la fiesta del Día de Todos Santos, registrando su ingreso al firmar el “libro de actas” de la comunidad. Esta festividad era el único momento del año en que los tejidos se sacaban públicamente de sus q'ipis.

Los textiles sagrados de los Ayllus de Coroma fueron objeto de un expolio sistemático durante las décadas de 1970 y 1980. En este proceso, las comunidades sufrieron la pérdida de sus aksus sagrados, que fueron sustituidos fraudulentamente por tejidos nuevos para ser traficados.

Trabajo de campo en Coroma A comienzos de la década de 1980, Cristina Bubba, vinculada a la organización HISBOL (una organización boliviana de desarrollo de base) y a los Archivos Nacionales de Bolivia, inició un trabajo de campo en la comunidad de Coroma. Eligió esta localidad por la presencia de prácticas rituales vinculadas al uso de textiles, donde los tejidos —resguardados en los q’ipis— representan su conexión espiritual con el pasado de la comunidad. En ese contexto, apoyó la elaboración de inventarios y la documentación fotográfica de los textiles.

Hallazgo en Estados Unidos En febrero de 1988, el antropólogo John V. Murra, profesor emérito de la Universidad de Cornell, identificó un unku ceremonial en una postal que anunciaba la venta de textiles antiguos en San Francisco. Al sospechar que la pieza provenía de la comunidad boliviana de Coroma, envió la imagen a Cristina Bubba, asesora del Instituto Boliviano de Cultura, quien en ese momento realizaba estudios en esa localidad. Tras confirmar el origen del textil e informar a la comunidad, se decidió viajar a Estados Unidos para localizar las piezas sustraídas.

El hallazgo reveló que los q’ipis (atados sagrados que resguardan textiles antiguos) de Coroma estaban siendo saqueados por traficantes internacionales. Ante esta situación, Cristina Bubba participó en las acciones de denuncia y proceso legal de alcance internacional que, con el apoyo de diversas organizaciones, conduciría posteriormente a la repatriación de los textiles.

Confiscaciones Tras confirmar que el textil pertenecía a Coroma y ante la inminencia de la subasta en San Francisco, Cristina Bubba viajó a Estados Unidos junto al comunario Pío Cruz Flores con recursos limitados para intentar detener la venta.

Durante una escala en el aeropuerto de Miami, ante la duda de dirigirse a San Francisco —donde se realizaría la subasta— o a Washington —sede de la embajada boliviana—, Pío Cruz realizó un ritual con hojas de coca. La señal obtenida los llevó a acudir a las autoridades diplomáticas en Washington, lo que permitió la intervención de la embajada y el inicio de gestiones legales con el gobierno de Estados Unidos.

Luego viajaron a San Francisco y solicitaron al Servicio de Aduanas de los Estados Unidos que detuviera la venta. Con una orden de registro, las autoridades iniciaron la confiscación de textiles en poder de comerciantes sospechosos de contrabando y realizaron una redada en la casa y el almacén del comerciante Steven Berger, donde se incautaron casi 1.000 piezas y documentos comerciales, aunque la mayoría fue devuelta pocos días después.

Cientos de tejidos ceremoniales habían sido saqueados y vendidos a coleccionistas en Norteamérica. Tras años de gestiones, múltiples viajes a Estados Unidos y procesos legales —incluidas comparecencias como testigo en Canadá—, Cristina Bubba logró recuperar cerca de 500 textiles provenientes del saqueo de Coroma y de otras comunidades indígenas del altiplano boliviano.

Procesos legales internacionales En 1989, Estados Unidos estableció restricciones de importación por cinco años para los textiles de Coroma, en aplicación de la convención de la UNESCO de 1970 contra el tráfico ilícito de bienes culturales y de la legislación boliviana que prohíbe la exportación de patrimonio cultural antiguo. Ese mismo año, la comunidad de Coroma fue representada de manera gratuita (pro bono) por el bufete Morrison & Foerster, cuyos abogados Michael Ratner, Bill Verick y Jordan Eth asumieron la defensa del caso.

En 1990, una delegación de cinco representantes de Coroma viajó nuevamente a California para identificar los textiles confiscados, un proceso que resultó emocionalmente difícil, ya que para ellos el robo de un textil sagrado equivale a secuestrar a los espíritus de sus antepasados.

Tras cuatro años de negociaciones, Berger aceptó finalmente devolver 43 textiles sin compensación, a cambio de que la fiscalía federal de California no iniciara un proceso penal en su contra.

La devolución se sustentó en la Convención de la UNESCO de 1970, a la que Estados Unidos se adhirió en 1983. Hasta entonces, este tratado solo se había aplicado en tres casos similares relacionados con artefactos precolombinos procedentes de Cara Sucia en El Salvador, la región de Sipán en Perú y la región del Petén en Guatemala.

Repatriación de los textiles Gracias a las gestiones realizadas, se produjeron avances en la repatriación de los textiles. Desde California se recuperaron 43 de los 56 tejidos incautados. Por otra parte, desde Halifax, en 2002 se repatriaron 474 objetos culturales —de un total de 6.000 piezas incautadas al traficante Roger Cornelius Yorke—, entre los que se encontraban 42 textiles adicionales provenientes de Coroma.

En total, retornaron a Bolivia 85 de los 98 tejidos cuya expoliación pudo ser documentada. La recuperación fue posible gracias a los libros de actas e inventarios detallados de los ayllus, que registraban dimensiones, colores, tipos de fibra y la memoria oral de la comunidad.