Una ciudad sin emisiones o ciudad neutra en carbono (zero-carbon city) es un objetivo de los urbanistas que supone reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero (principalmente dióxido de carbono, CO2) de una ciudad. El término abarca un rango de reducción de emisiones que abarca desde una ciudad que genera tanta o más energía renovable que la que utiliza hasta una ciudad que gestiona las emisiones de gases de efecto invernadero y reduce su huella de carbono al mínimo (idealmente cero o negativa) mediante el uso de fuentes de energía renovables, un diseño urbano eficiente, movilidad eléctrica (bicicletas, coches, autobuses, metro), el uso de tecnología, cambios en el estilo de vida y compensación de las emisiones restantes mediante el secuestro de carbono. Las ciudades sin emisiones son un elemento de la economía hipocarbónica o economía baja en carbono.

Como las cadenas de suministro de una ciudad se extienden mucho más allá de su perímetro, el Instituto Ambiental High Meadows de la Universidad de Princeton sugiere utilizar una definición transfronteriza de ciudad sin emisiones como «una que cuenta con infraestructura y sistemas de abastecimiento de alimentos con cero emisiones netas de carbono».

La neutralidad de carbono también se denomina huella de carbono cero, cero neto o neutralidad climática, por lo que una ciudad sin emisiones también puede denominarse ciudad de cero emisiones, ciudad sin huella de carbono, ciudad climáticamente neutra o ciudad neutra en carbono.

La mayoría de las ciudades del mundo utilizan carbón, petróleo o gas como fuente de energía, lo que libera dióxido de carbono a la atmósfera, el principal gas de efecto invernadero, causante del calentamiento mundial. Por lo tanto, el desarrollo de las ciudades está íntimamente ligado a las causas e impactos del cambio climático. En 2019 las ciudades representaron dos tercios de todo el consumo de energía y generaron el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía (si la energía se obtiene del consumo de combustibles fósiles, produce emisiones; si se obtiene de fuentes renovables no genera emisiones). Más del 50% de la población del planeta vive actualmente en ciudades, una proporción que se proyecta que aumentará al 70% para 2050 y a casi el 80% para 2080. derecha|miniaturadeimagen|210x210px|Sistema solar fotovoltaico en azotea en Hong Kong El desarrollo urbano centrado en la reducción de emisiones se considera una tendencia inevitable para lograr la sostenibilidad en los espacios urbanos. Los objetivos subyacentes incluyen evitar daños al planeta y contrarrestar los impactos del cambio climático. En 2022 más de 1000 ciudades de todo el mundo han tomado medidas para la transición en respuesta al cambio climático como parte de la campaña Cities Race to Zero, parte de la campaña de las Naciones Unidas Race to Zero. Entre ellas se encuentran Río de Janeiro, Nueva York, París, Oslo, Ciudad de México, Melbourne, Londres, Milán, Ciudad del Cabo, Buenos Aires, Caracas, Copenhague, Vancouver y Hong Kong. En los Estados Unidos, más de 100 ciudades se han comprometido a ser neutras en carbono.

Una ciudad moderna que intente llegar a cero emisiones necesita evaluar 7 sistemas de abastecimiento: energía, transporte y comunicaciones, alimentos, materiales de construcción, agua, infraestructura verde y gestión de residuos. Las estrategias para alcanzar el cero neto incluyen suministrarse con energía renovable, la reducción del uso de energía y recursos a través de un mejor diseño urbano y cambios en el estilo de vida, la reducción de residuos y la creación de espacios verdes y sumideros de carbono para extraer dióxido de carbono de la atmósfera. Los enfoques de planificación urbana sostenible de ciudades con cero emisiones de carbono propugnan el uso de alimentos, energía y recursos renovables de origen local (cuanto de más lejos tengan que venir los alimentos tienen que venir de lejos, mayores emisiones generará su transporte).

Algunos urbanistas han diseñado ciudades sin emisiones de carbono desde cero, en lugar de adaptar ciudades ya existentes. Esto les otorga un mayor control sobre todos los aspectos del diseño urbano y sobre cómo la nueva ciudad puede contribuir a la eliminación de emisiones. Este diseño permite que la ciudad se beneficie de economías de escala y de opciones de construcción que podrían no ser viables en una ciudad con estructuras existentes. Estas ciudades sin emisiones mantienen óptimos el desarrollo económico y las condiciones de vida, a la vez que reducen el impacto ambiental.

Principios rectores El cero neto es un concepto científico que puede definirse en términos de objetivos medibles. Puede proporcionar un marco de referencia para comprender y evaluar el impacto de las medidas para abordar el cambio climático. Para que sirva de marco para la acción climática, debe implementarse y medirse como parte de las actividades continuas de los sistemas sociales, políticos y económicos.

La escala temporal es un factor esencial que impulsa la urgencia de las intervenciones para conseguir el cero neto. El impacto de las emisiones de gases de efecto invernadero en el aumento de la temperatura media del planeta es monótono (en el sentido matemático), casi lineal (a partir de 2021) y a largo plazo (si bien los modelos climáticos sugieren la posibilidad de puntos de inflexión que, si se rebasan, podrían conducir a un calentamiento acelerado). Por tanto, los intentos de lograr cero emisiones netas deben ser planes a largo plazo, sostenidos durante varias décadas. El objetivo de cero emisiones netas es alcanzar un estado de equilibrio que pueda mantenerse durante varias décadas o incluso siglos.

Los científicos pueden medir los cambios actuales en la atmósfera y estimar los presupuestos de carbono (cantidad de emisiones que todavía pueden realizarse), pero la identificación y la puesta en práctica de las intervenciones se producen en todo el mundo a múltiples niveles. Como marco de referencia para quienes toman las decisiones, el impacto global buscado debe traducirse a objetivos definibles para las entidades a nivel nacional, subnacional, corporativo, organizacional e individual.

En la práctica, la fijación de los objetivos de cero emisiones ha sido autorregulada y voluntaria. Las entidades establecen y alcanzan objetivos, y algunas participan en campañas e iniciativas voluntarias como el Acuerdo de París (que no es propiamente de cero emisiones, sino de reducción de emisiones), la campaña de las Naciones Unidas "Race to Zero", la Cities Race to Zero, la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la iniciativa de objetivos basados en la ciencia. Las evaluaciones periódicas del progreso global, incluidas las de iniciativas mundiales independientes como el Proyecto de Divulgación de Emisiones (CDP por sus siglas en inglés) y la Iniciativa de la Vía de Transición (TPI por sus siglas en inglés), proporcionan realimentación. En 2022 más de 1000 ciudades, incluidas 25 megaciudades en todo el mundo y 100 ciudades en los Estados Unidos, forman parte de Cities Race to Zero.

Si bien el establecimiento de objetivos es fundamental, debe ser objeto de seguimiento mediante mecanismos eficaces de gobernanza, monitoreo, rendición de cuentas y presentación de informes. Los objetivos a largo plazo deben traducirse en acciones prácticas a corto plazo, con planes y métodos detallados para establecer líneas de base, medir resultados y evaluar impactos. En muchos sentidos, las ciudades se encuentran en una posición fundamental para abordar eficazmente los problemas climáticos: son lo suficientemente grandes como para beneficiarse de las economías de escala y lo suficientemente cercanas a los problemas reales como para centrarse en el desarrollo de estrategias implementables. A medida que aumenta la demanda de sus infraestructuras, tienen un fuerte incentivo para abordar los problemas, hallar soluciones y compartirlas.

Se han identificado 7 aspectos de suma importancia para conseguir ciudades de cero emisiones:

Cuanto antes, mejor. Priorizar la acción climática, combinada con una planificación a largo plazo (años o décadas), es la manera de alcanzar los objetivos de temperatura que tiene mejor relación entre su coste y su eficacia. También resulta la más flexible ante la nueva información. Ser integral. Los planes que abordan reducciones integrales de emisiones, en lugar de parciales, se hacen necesarios a medida que los niveles de gases de efecto invernadero alcanzan puntos de inflexión. Es necesario abordar tanto las áreas donde es más difícil reducir las emisiones como las más fáciles. Tener cuidado con la excesiva dependencia de las estrategias de extracción de dióxido de carbono. Los científicos las han descartado como solución al cambio climático (no hay que seguir emitiendo y capturar lo emitido; lo que hay que hacer es reducir lo emitido) y podrían propiciar una actitud de "seguir como siempre". Reevaluar los sistemas de compensación de carbono, que han sido cuestionados en cuanto a su capacidad técnica, integridad ambiental, estructuras de monitoreo, reporte y verificación, e impacto social y ambiental. Aplicar los principios del desarrollo sostenible. Lograr el cero neto a escala mundial requiere la implementación de transiciones energéticas equitativas y justas que equilibren los objetivos sociales, económicos y ambientales en zonas con condiciones muy diversas. Centrarse en estrategias amplias de sostenibilidad. Las ciudades pueden abordar múltiples problemas a la vez mediante soluciones basadas en la naturaleza, la biodiversidad y la gente. Es importante considerar que las personas con hijos pequeños, las pobres, las mayores y las discapacitadas pueden experimentar la ciudad de forma diferente a quienes tienen recursos y mayor movilidad. Ver oportunidades. Las nuevas soluciones de cero emisiones netas y la innovación impulsarán cambios económicos que incluirán oportunidades de inversión, renovación y crecimiento.

Existen grandes similitudes entre las ciudades con cero emisiones de carbono y las ecociudades (también llamadas ciudades bajas en carbono o ciudades verdes; el concepto de ciudad inteligente hace hincapié en el aspecto de utilización de los datos para optimizar procesos, por lo que una ciudad sin emisiones necesariamente será inteligente). Los debates sobre las ecociudades tienden a centrarse más en cuestiones sociales y ambientales, con menos énfasis en el seguimiento de las emisiones y la necesidad reducirlas a cero. Muchos de los principios propuestos para el desarrollo de ecociudades también son relevantes para las ciudades con cero emisiones netas: Revisión de las prioridades de uso del suelo para crear comunidades sostenibles de uso mixto Revisión de las prioridades de transporte para priorizar el transporte a pie, en bicicleta y en transporte público en lugar de en automóvil Aumento del la conciencia ambiental Apoyo a la agricultura local y los huertos comunitarios Promoción del reciclaje Gestión de los recursos naturales (por definición, sostenible).

Infraestructura urbana derecha|miniaturadeimagen|210x210px|Aparcamiento de bicicletas con techo verde para un transporte más ecológico, sombra y almacenamiento de carbono

Las áreas urbanas incluyen infraestructura esencial para la energía, el transporte, el agua, la alimentación, la vivienda, la construcción, los espacios públicos y la gestión de residuos. Transformar las ciudades para lograr las cero emisiones netas implica replantear tanto las cuestiones de la oferta (suministro de energía y transporte) como las de la demanda (reducir el consumo mediante mejores políticas urbanas y un diseño optimizado). Son factores clave del planeamiento urbanístico la la densidad, la combinación de usos del suelo, la conectividad y la accesibilidad.