Los orígenes del balonmano femenino en España se sitúan en el primer tercio del , cuando el nuevo juego, nacido en el centro y norte de Europa, fue incorporado a los programas de educación física y a las actividades deportivas de colegios, institutos y asociaciones, en un contexto de expansión del deporte femenino en las grandes ciudades españolas.

A partir de la posguerra se consolidó una estructura federativa propia, se creó una liga nacional y, desde finales del , la selección absoluta (también conocida como las «Guerreras») ha logrado múltiples medallas en competiciones internacionales y ha contribuido a la visibilización del deporte femenino español.

Antecedentes internacionales

El balonmano moderno se desarrolló en el cambio del al a partir de diversos juegos de balón con la mano, como el hazena checo o el haandbold danés, que ya utilizaban campos rectangulares, porterías y reglas estandarizadas. En 1915 el profesor alemán Max Heiser creó el Torball, un juego concebido específicamente para mujeres, que pocos años después sería denominado hand-ball y recibiría nuevas reglas de la mano de Karl Schelenz, lo que facilitó su expansión entre ambos sexos y su progresiva internacionalización.

En los años veinte y treinta el balonmano, inicialmente practicado al aire libre (balonmano a 11), se consolidó en el centro y norte de Europa, con la celebración de partidos internacionales y la aparición de federaciones especializadas, aunque los primeros campeonatos mundiales femeninos no llegarían hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Paralelamente, el crecimiento del deporte femenino en países como Alemania, Dinamarca o Checoslovaquia convirtió al balonmano en una de las nuevas disciplinas asociadas a la modernidad, la salud y la emancipación de las mujeres urbanas de clase media.

Llegada del balonmano a España

En España, las primeras referencias al balonmano se remontan a las dos primeras décadas del , cuando el nuevo juego fue conocido a través de contactos con Alemania y otros países centroeuropeos, y comenzó a practicarse en el ámbito militar, escolar y universitario, en paralelo al desarrollo de la educación física moderna.

El origen del balonmano femenino en España se inscribe en el proceso más amplio de incorporación de las mujeres al deporte durante el primer tercio del . En este periodo la presencia femenina se extendió desde actividades gimnásticas y recreativas hacia modalidades competitivas como el atletismo, la natación, el hockey, el baloncesto o el esquí, principalmente en las grandes ciudades y en entornos burgueses y universitarios. La prensa contribuyó a difundir la imagen de mujeres deportistas que cuestionaba los modelos de feminidad centrados en el ámbito doméstico.

Las deportistas del periodo de entreguerras protagonizaron una conquista del espacio público a través del deporte, rompiendo estereotipos y situándose en el centro de debates sobre el cuerpo, la moral y la ciudadanía. En ese contexto, el balonmano se sumó a otras prácticas en las que las mujeres españolas empezaron a participar de forma más visible, particularmente en las ciudades con mayor desarrollo asociativo y educativo.

El balonmano en la República Antes de la Guerra civil española el balonmano ya estaba presente en revistas especializadas, manuales técnicos y programas de formación para profesores de gimnasia, integrándose progresivamente en el sistema deportivo emergente. Durante los años treinta el balonmano (aún denominado con frecuencia hand-ball) se jugaba en diversos colegios e institutos madrileños, como el Instituto-Escuela, el Liceo Francés, el instituto Akademos y otros institutos de segunda enseñanza. Esta temprana implantación se vio favorecida por el interés de pedagogos y médicos higienistas por introducir juegos de equipo que fomentasen la cooperación, la resistencia y la coordinación, tanto en chicos como en chicas. Pioneras del balonmano femenino (1900-1936) Las primeras experiencias documentadas de balonmano femenino en España están ligadas principalmente al ámbito escolar y universitario, alrededor de la Ciudad Universitaria y la Federación Universitaria Escolar. Diversos artículos de prensa de principios de los años treinta describen sesiones de balonmano protagonizadas por alumnas en institutos, festivales deportivos y jornadas de educación física organizadas en centros de secundaria y universidades.

La prensa recoge noticias sobre hand-ball femenino en 1932 en el diario La Libertad, así como crónicas de campeonatos universitarios femeninos disputados a mediados de la década (aunque no existe referencia a partidos en particular), en los que equipos de estudiantes se enfrentaban siguiendo ya un reglamento relativamente sistematizado. También se documentan encuentros entre el Club Femenino de Deportes de Madrid (fundado y dirigido por Clara Sancha y que contaba con Purina Zapico como secretaria) y equipos vinculados a la Federación Universitaria Escolar (FUE).

Una figura clave en la difusión del balonmano en España fue la vallisoletana Purificación Zapico, una de las pioneras, apareciendo su nombre (cuando aún contaba con 17 años) como una de las estrellas de este deporte. Además, fue la gran impulsora del hand-ball en Asturias, dirigiendo el equipo femenino de Pola de Laviania y escribiendo en la prensa especializada sobre las posibilidades del hand-ball para las mujeres.

1932: el hand-ball, ejercicio "apto para la mujer" El doctor Luis Cifuentes, director del Departamento de Deportes de la FUE, en el curso 1932/33, redacta unas normas generales para las secciones deportivas de la Federación Universitaria Escolar donde insiste en la "necesidad de incorporar a las “compañeras” al deporte" y señala el hand-ball, “aún no practicado en España”, como un juego de equipo "especialmente apropiado para las mujeres".

La FUE organiza en septiembre-octubre de 1932 partidos de exhibición de hand-ball en Madrid y nombra a Mary (María) Bartolozzi, estudiante de Medicina, delegada responsable de promover el nuevo deporte entre los centros docentes: Liceo Francés, Instituto-Escuela, Facultad de Filosofía y Letras, Colegio Maravillas, etc.

Al mismo tiempo, la propia FUE inaugura la primera zona deportiva de la Ciudad Universitaria de Madrid, con pista de atletismo, campos de rugby, fútbol, béisbol, hockey y baloncesto, canchas de tenis y piscina. Esas instalaciones serán el escenario del deporte universitario y, muy pronto, del balonmano femenino.

1933: el primer partido femenino de balonmano en España En 1933 el hand-ball femenino va ganando adeptas entre universitarias y bachilleres. Los primeros centros en incorporarlo son el Instituto-Escuela, el Liceo Francés, el colegio Akademos y varios institutos de enseñanza media como Cervantes, Lope de Vega, Cardenal Cisneros y Velázquez, colegio de Purina Zapico.

La primera aparición pública documentada de mujeres jugando un partido de hand-ball se produce el 28 de marzo de 1933 en Toledo, durante una jornada de confraternización entre la FUE y la Escuela Central de Gimnasia. Allí se disputa el que se considera el primer partido femenino de balonmano jugado en España, entre el Instituto Francés (vestidas de verde) y una selección de las facultades de Filosofía y Letras (vestidas de azul), reforzada por varias universitarias conocidas como Lucinda Moles, Yaya Muñoz o Clara Sancha. Vence la selección por 6-0 donde destaca Aurora Cuartero, mientras que en el Instituto Francés llaman la atención la portera Rosita Ruiz Ferry y jugadoras como Mari Gloria Morales.

1934-1935: Campeonatos de Castilla y campeonatos universitarios A principios de 1934 empiezan los partidos amistosos entre los equipos femeninos más consolidados, especialmente en el campo de El Parral (Vallecas) y en los terrenos de la Ciudad Universitaria. Revistas como Crónica o Mundo Gráfico dedican reportajes fotográficos a estos encuentros, retratando porteras, alineaciones completas y jugadas de los partidos entre institutos, lo que da una gran visibilidad al deporte practicado por mujeres.

En 1934 se organiza el primer Campeonato Universitario femenino de hand-ball en los campos de la FUE, con equipos como el Instituto Francés, Escuela de Comercio, Filosofía y Letras y una selección de bachillerato. La FUE lidera de hecho el deporte femenino madrileño. Es el 4 de marzo de 1934 dónde se recoge, por primera vez en prensa escrita, en el Diario Voz, una crónica con sus jugadoras: el Liceo Francés compitió con Lolilla Martínez, Luz, María Luisa, Isabelita Martínez, Muñoz, Carmen, Aurora Cuartero, Esperanza, Clarita Sancha, Mari Gloria Morales, Carmelina. Por su parte, el Bachillerato compitió con: Manolita, M.T. Gurich, Gurich (petite), Mercedes, Purita (Purificación Zapico), Concha, Castro, Petrement, Lolin, Petrement, Maruja.

En 1935 se celebra el segundo campeonato universitario, ya con cinco equipos: Instituto-Escuela, Liceo Francés, Instituto Velázquez, Instituto Lope de Vega y una fusión de las facultades de Medicina y Derecho. Será el Instituto Velázquez el que se imponga en la final al Liceo Francés por 2-0, con tantos de Purina Zapico (de golpe de castigo) y de Hinge (Inge Simons). En el campeonato de Castilla (organizado por la Federación Castellana de Handball) del mismo año se enfrentaron el Club Deportivo Nacional, el Madrid C.F., la Sociedad Gimnástica Española y las Legionarias de la Salud, imponiéndose en el desempate (1-0) el Club Deportivo Nacional (Chelo Díaz, Núñez, María Luisa Téllez, Parga, A. Zuazo, J. Téllez, Aurora, J. Martínez, María Gloria Morales, M. Gómez y Encarnación Tagüeña, autora del único gol en la final).

En estos torneos empiezan a destacar nombres propios: Manolita Pérez, portera de Medicina y Derecho, Pepita Almoguera, guardameta del Instituto Francés, Pepi Vicente, capitana del Lope de Vega y jugadoras polideportivas como Aurora Villa, Adelaida Muñoz, Corrochano o Mari Gloria Morales. Pero la historia del balonmano en los orígenes no se entiende sin la figura de Rosita Ruiz Ferry, hispano-alemana, entrenadora de la sección deportiva femenina de la FUE y portera del Instituto Francés. Su figura está muy presente en reportajes y fotografías de la época.

En 1936, Zapico auguraba en un artículo una excelente temporada para el balonmano femenino, ya que existía una base de equipos y jugadoras con cierta continuidad competitiva.

Guerra civil española y dictadura franquista El golpe de Estado en España y la posterior Guerra civil española (1936-1939) interrumpió el proceso de consolidación del deporte femenino en general y del balonmano en particular. Muchos clubes desaparecieron o vieron truncada su actividad, las instalaciones deportivas sufrieron daños o cambios de uso y buena parte de las deportistas pioneras se vieron obligadas al exilio, a abandonar la práctica deportiva o a adaptarse a las nuevas condiciones impuestas por la guerra y la posguerra.

Durante el franquismo, la política deportiva hacia las mujeres estuvo marcada por un modelo de feminidad centrado en el papel de madre y esposa. La Sección Femenina promovió ciertas prácticas físicas consideradas compatibles con ese modelo de feminidad, como la gimnasia o algunos deportes de equipo con fuerte componente educativo y disciplinario. En 1939, durante el III Consejo Nacional, Luis Agosti presentó un plan de formación deportiva con tres puntos principales: La gimnasia, los deportes y los juegos deportivos, entre los que estaban el balonmano. En ese contexto, el balonmano sobrevivió vinculado a la escuela, a la enseñanza de la educación física y a estructuras vinculadas al régimen (la Sección Femenina auspiciada por Pilar Primo de Rivera), lo que permitió mantener una práctica básica que serviría más tarde de base para el desarrollo competitivo femenino en la etapa de apertura y democratización.

Desarrollo federativo y primeros campeonatos