El vestido de estrellas de Greta Garbo (en inglés: Greta Garbo's star dress) es un traje que la actriz lució en la película Camille (1936).
Historia Contexto La relación laboral entre Greta Garbo y Gilbert Adrian, autor del vestido de estrellas, comenzó en 1928, año en que el diseñador de vestuario fue contratado por Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Adrian había llegado a Hollywood de la mano de la esposa del actor italiano Rodolfo Valentino, la también diseñadora Natacha Rambova, siendo su primer trabajo la película The Hooded Falcon (1924). Para 1932, Adrian ya gozaba de éxito gracias a su intensa labor, la cual condujo a una transformación del guardarropa de la MGM tan radical que le llevaría a erigirse como uno de los diseñadores más famosos tanto en el ambiente cinematográfico como en el mundo de la alta costura, con millones de mujeres asistiendo al cine a mediados de la década de 1930 solo por ver los diseños de Adrian, para quien Garbo fue una de sus musas. Nacida en Estocolmo (Suecia), la actriz incursionó en la actuación en su país natal gracias a su trabajo como modelo, siendo contratada por Louis B. Mayer, director de la MGM, a finales de 1924. Tras llegar a Nueva York en julio de 1925 y alternar con diversas figuras de Broadway, Garbo arribó a Los Ángeles en septiembre, trasladándose poco después a Hollywood, donde el productor Irving Thalberg se encargó de modificar su apariencia con el fin de prepararla para su debut en Estados Unidos, país en el que desarrollaría la práctica totalidad de su carrera artística. Tras numerosos éxitos como A Woman of Affairs (1928), Anna Christie (1930), Mata Hari (1931), Grand Hotel (1932) y Queen Christina (1933), Garbo obtendría la consagración definitiva con Camille, película que la encumbró a la categoría de leyenda además de ser su filme favorito y la mejor de sus interpretaciones según los críticos. Sin embargo, el rodaje resultó complejo debido a los fuertes dolores menstruales que llevaron a la actriz a ser hospitalizada varias veces, siendo el mayor de los contratiempos la muerte repentina de Thalberg, a lo que se sumaron los cambios drásticos realizados por parte de Bernard H. Hyman, que casi provocaron el hundimiento de la película.
Creación La creación del vestido de estrellas, y en general de todo el guardarropa de Camille, supuso cierto inconveniente para Adrian debido a que la novela en la que se basa el filme, La dama de las camelias (1848), no ofrecía descripciones del vestuario, a lo que se añadía el problema de que la protagonista, Margarita Gautier, era una cortesana o cocotte que «vivía en las arenas movedizas de la popularidad», detalle que dificultó aún más la elaboración de las prendas; de acuerdo con una declaración del diseñador en 1936: «Al principio tuvimos dificultad en encontrar datos sobre las demi mondes de la época. Verás, todas las impresiones de esa era nos muestran señoritas muy apropiadas. Prácticamente el único artista que perpetuó la florida tempestuosidad de Marie Duplessis, la Camille original, fue Constantin Guys, quien hizo una serie de dibujos de “la Leona”, como la llamaban en ese tiempo». Para el diseño del guardarropa de Garbo, Adrian tomó como referencia los retratos de Guys, aunque optó por confiar en una fórmula que ya había empleado con gran éxito en Joan Crawford para Possessed (1931) y en Jean Harlow para Cena a las ocho (1933): la «mujer mantenida» que es fácilmente reconocible por su extrema extravagancia. El propio Adrian confesó haber creado el vestuario del personaje basándose en todos los estilos convencionales de mediados del siglo , como «redecillas, sombrillas con flecos, polisones y faldas piramidales», aunque con «gusto y estilo», realzados por «sombreros un poco menos convencionales que su vida». thumb|Retrato de Isabel de Baviera (1865), por Franz Xaver Winterhalter. Museo de Historia del Arte de Viena. Esta fórmula condujo a que Garbo, quien había visitado a Adrian en su casa y aprobado sus bocetos, luciese en Camille elaboradas piezas de joyería con vistosas gemas, detalle que sin embargo la actriz no vio con buenos ojos, argumentando ante el diseñador que a mediados del siglo ninguna mujer en Suecia, incluyendo las cortesanas, lucía ese tipo de gemas ostentosas, obviando Garbo que las damas francesas, y sobre todo las prostitutas de lujo, sí llevaban ese tipo de joyas en la misma época. Adrian contaba además con el apoyo de Frances Marion, Zöe Akins y James Hilton, cuyo guion respaldaba la extravagancia que el diseñador deseaba imprimir al vestuario, pues la propia Gautier llega a decir lo siguiente en una secuencia: «Por supuesto, compré demasiados sombreros y demasiados vestidos y demasiado de todo. ¡Pero los quiero!». Las mejores prendas del filme fueron reservadas por Adrian para las escenas en las que la protagonista juega con el amor del humilde Armand Duval al tiempo que coquetea con el acaudalado barón de Varville, siendo estos trajes, entre los que se encuentra el vestido de estrellas, elaboradas creaciones a base de tejidos delicados y ostentosas pieles, destinado todo ello a convertir a Gautier en prisionera de su propia existencia. Un artículo de prensa contemporáneo resumió con sumo acierto el vestuario del filme al sentenciar que «los glamurosos vestidos de Adrian para Garbo siguen el periodo pero están dramatizados para las necesidades de las técnicas de cine modernas. En otras palabras, utilizó los trajes de la época como sugerencias para versiones dramatizadas en vez de intentar un mero duplicado. “Vestidos de época, como tales”, dijo Adrian, “tal vez son históricamente precisos y aún así carecen de drama. Es competencia del diseñador no reconstruir o duplicar sino dramatizar el atuendo de un periodo”».
En la confección del guardarropa del filme, Adrian cuidó al mínimo los pequeños detalles, pues deseaba que los trajes luciesen en todo su esplendor tanto en los planos generales como en las primeras tomas, mientras que en ocasiones los vestidos contaban con elementos que permanecían ocultos a la cámara, dispuestos por el diseñador únicamente para satisfacer a Garbo, siendo un ejemplo de ello un elaborado bordado colocado bajo un gran puño de visón. Por otro lado, tanto los estudios cinematográficos como los estándares de belleza de la década de 1930 consideraban que el pecho plano y los hombros anchos de Garbo eran un defecto que se debía ocultar en la medida de lo posible, aspecto que el vestuario de Camille cambió radicalmente mediante la exposición de sus hombros y la enfatización de su escaso busto, detalles que hicieron que su personaje resultase más vulnerable, teniendo la exhibición de los hombros un curioso paralelismo con Eugenia de Montijo, cuyos hombros, considerados antiestéticos a mediados del siglo , se encargó la propia emperatriz de exhibir públicamente, lo que terminaría por crear tendencia al punto de que esta parte de su anatomía pasó a ser considerada uno de sus mayores atractivos físicos. En lo tocante a la joyería, tanto el collar como las pulseras que Garbo luce como accesorios del vestido de estrellas (así como el resto de joyas de la película) fueron reproducidos a partir de una colección de joyas de pasta traídas por Adrian de uno de los viajes a Europa a los que la MGM solía enviarle para que se documentase con el fin de reproducir diseños de época con la máxima fidelidad y rigor histórico, si bien el diseñador obvió deliberadamente este detalle mediante la adaptación de algunos sombreros con el fin de realzar la belleza de Garbo, de quien se llegó a decir que su ropa interior fue cosida a mano para esta película (de igual modo, resulta probable que Adrian tomase como referencia para el vestido de estrellas un traje de Isabel de Baviera creado por Charles Frederick Worth y reproducido en una famosa pintura por Franz Xaver Winterhalter). Sumado a lo anterior, en Camille resultó de gran importancia que los atuendos contribuyesen al relato de la historia, pues su director, George Cukor, declaró en una ocasión que el vestido ideal era aquel que se «adaptaba perfectamente a la escena», dejando constancia de que si un vestido maravillaba en exceso al espectador, entonces no era adecuado ni para la escena en cuestión ni probablemente para el filme en general. thumb|Hannah Lindfors en 1936. En la imagen, Lindfords estudia un boceto de Gilbert Adrian para Camille, observándose tras ella un maniquí con las medidas de Greta Garbo. La creación del vestuario de Camille supuso el punto álgido de la carrera de Adrian al ser la película más importante de Garbo hasta entonces, figurando la actriz con prendas ostentosas las cuales hacían gala, entre otros, de lujosas pieles, gemas brillantes y fino algodón suizo punteado, todo ello destinado a añadir una dosis mayor de dramatismo al filme, cuyo guardarropa fue elaborado siguiendo el siguiente proceso: la primera fase consistió en el estudio de los bocetos de Adrian por parte de su asistente Hannah Lindfors (tal vez con la colaboración de la jefa de costureras Inez Schrodt, a cargo generalmente de los trajes de época) en el departamento de vestuario de la MGM, mientras que la segunda fue la toma de medidas, un procedimiento que se siguió haciendo uso no de la propia actriz sino de un maniquí acolchado el cual reproducía sus medidas exactas, siendo la tercera y última el corte y la unión de todas las piezas, una fase que junto con la toma de medidas requirió una elevada mano de obra (es probable que en primer lugar se crease una versión en muselina para utilizarla como guía y evitar errores al momento de cortar la tela de chifón, tras lo cual la prenda se habría desmontado con el objetivo de disponer los patrones sobre la tela final para una mayor precisión al momento de llevar a cabo los cortes). A mayores, con el fin de amortiguar el molesto sonido que los micrófonos captaban producto del roce de las telas contra el suelo y al moverse, Garbo y Adrian trabajaron durante varias horas en la confección de un tejido de tafetán destinado a fungir como silenciador, descubriendo finalmente que dicho efecto podía conseguirse con el empleo de una fina capa de seda a modo de enagua, detalle que la propia actriz potenció calzando zapatillas en vez de zapatos de tacón. Sin embargo, a pesar del empleo de un maniquí con sus medidas se hizo necesario que Garbo interviniese en algunos arreglos, aunque la propia actriz había solicitado participar en los mismos lo antes posible, acudiendo a su primera prueba de vestuario el 7 de julio de 1936; Adrian había declarado en 1935 que, en lo relativo a los arreglos, Garbo «raramente llega con el pelo cardado, nunca lleva maquillaje salvo una línea oscura en el extremo de cada párpado». Los arreglos de los trajes diseñados por Adrian tenían lugar siempre en su estudio, ubicado en el departamento de vestuario de la MGM. La actriz a la que la prenda estaba destinada debía presentarse a tiempo para la prueba puesto que, en caso contrario, el diseñador podía cancelar la cita; una vez la actriz se había puesto el vestido con la ayuda de las modistas, permanecía erguida sobre una plataforma de grandes dimensiones iluminada con focos de alta y baja potencia idénticos a los utilizados en los sets de rodaje, tiempo en el que Adrian examinaba el vestido desde todos los ángulos gracias a unos espejos colocados alrededor de la plataforma del mismo modo en que se situaban las cámaras en los decorados. Inicialmente se disponía sobre esta plataforma el maniquí sobre el que se había confeccionado el atuendo para efectuar los arreglos finales antes de que la actriz en cuestión se probase la prenda, cuyos bocetos eran aprobados tanto por la estrella como por el director, este último con poder para variar o desechar un diseño.