thumb|250px|Retrato de Nikolaus Manuel el Joven, mercenario suizo y artista, vestido a la manera de los Reisläufer y armado como tal, con alabarda, daga suiza y espada bastarda. En la parte superior se puede leer el lema «La suerte está de mi lado, me asista la razón o no. 1553. Mi edad, 25 años».
Los mercenarios suizos eran soldados que destacaban por su servicio en ejércitos extranjeros, especialmente en los de los reyes de Francia, a través de la Edad Moderna europea, desde la baja Edad Media hasta la época de la Ilustración. Sus servicios como mercenarios tuvieron su apogeo durante el Renacimiento, cuando sus probadas capacidades de combate los hicieron las tropas mercenarias más solicitadas del mundo. Su forma de guerrear recuperó los antiguos esquemas clásicos y provocó importantes cambios en las tácticas militares y la organización de los ejércitos.
La génesis thumb|250px|Batalla de Morgarten (1315), en la que 1500 montañeses de los cantones de Uri y Schwyz emboscaron a más de 3000 austríacos. Siendo los suizos campesinos poco duchos en las costumbres caballerescas, masacraron a los derrotados. Esto daría pie a la fama de soldados despiadados que después les acompañaría, pero también a un intervalo de 60 años antes de que la Confederación volviese a ser incomodada por su gran vecino, el Sacro Imperio Romano Germánico. thumb|250px|Ilustración de la batalla de Laupen, de Diebold Schilling (1480). Acontecida en 1339, supuso el triunfo de Berna y sus aliados confederados sobre las fuerzas conjuntas de Borgoña y los Habsburgo austriacos. La victoria suiza fue un milagro para la época, pues jamás se esperaría que 6000 infantes (derecha) derrotaran a 12 000 hombres de armas montados y mejor armados. La revolución del arte de la guerra había comenzado.
La razón por la que las tropas mercenarias surgieron en los cantones helvéticos alpinos debe buscarse en la pobreza. La tierra daba para poco más que la agricultura de subsistencia y la ganadería de montaña, así que la solución era emigrar, lo que en aquel tiempo significaba prestar servicio en las guerras extranjeras, a cambio de una «merced» o salario. Esta emigración, por tanto, estaba favorecida por el contexto socioeconómico, ya que las actividades de pastoreo, al contrario que la agricultura del grano, por ejemplo, podían dejarse en manos de hijos y esposas, cuando no de comunidades de vecinos. En una situación así:
En los siglos y , su efectividad durante la Guerra de los Cien Años (1337-1453) los hizo célebres en los campos de batalla europeos, donde eran temidos por el ímpetu y la ferocidad de sus cargas con lanzas, picas y alabardas. Así, los ReisläuferDiccionario de las lenguas española y alemana, Tomo II, alemán-español. Ed. Herder, Barcelona, 1994, ISBN 84-254-0694-3 —en alemán antiguo Reise campaña, marcha u odisea, Läufe, ir o recorrer— o «aventureros» suizos eran a finales de la Baja Edad Media las tropas mercenarias más cotizadas por los nobles y monarcas europeos.
Esto propició que en los siglos y los cantones suizos asumieran el control de las milicias, proporcionando a los soldados equipo y entrenamiento. Normalmente, los soldados eran campesinos montañeses convecinos entre ellos, si bien solían estar liderados por algún noble local que hacía de intermediario con ellos para todo lo relacionado con pagos y reclutamiento. De todo esto, los cantones se beneficiaron económicamente, pero también adquirieron una visibilidad diplomática impropia de su tamaño y que resultaba en poder efectivo en una Europa de cambiantes alianzas.
En este sentido se puede interpretar, entre otras, la alianza con Luis XI de Francia«Fue precisamente la moderna infantería suiza la que destrozó a la brillante caballería pesada borgoñona en las batallas de Grandson y Morat (marzo/julio de 1476), fracasos que precedieron a la derrota y muerte de Carlos el Temerario durante el asedio de Nancy (1477). Muerto su enemigo, Luis XI procedió a la desmembración e incorporación de Borgoña a la Corona francesa». (http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/1185.htm ) contra Carlos el Temerario o más evidentemente, con la influencia que poseían sobre Maximiliano Sforza, al que en 1512 pusieron en el trono del Ducado de Milán durante la Guerra de la Liga de Cambrai. Los Sforza, de hecho:
Si bien debe hacerse notar que siguieron existiendo particulares en el «mercado gris», que ofrecían compañías de expertos mercenarios, conocidas como «cuerpos francos». A esto se debe que se encontrasen pequeños contingentes suizos en lugares tan dispares como la conquista de Granada o en la batalla de Seminara (1495), derrotando al Gran Capitán, quien más tarde tomaría buena nota de sus tácticas.Arnold, Thomas F. The Renaissance at War, Ed. Cassell & Co., London, 2001, ISBN 0-304-35270-5, p. 63.
Pacto de Rütli y expansión miniaturadeimagen|izquierda|250px|Pacto Confederal de 1291, en el que los tres coniurati se juraban mutuo auxilio contra los enemigos exteriores. Los términos coniurati y conspirati son significativos, ya que el emperador del SIRG, Carlos IV, en su Bula de Oro prohibió cualquier «conjura, confederación y conspiración».Bula de Oro del emperador Carlos IV (inglés). «Cada una de las comunidades promete acudir en ayuda de la otra, siempre que sea necesario, y de repeler por cuenta propia y según las circunstancias las agresiones hostiles y de vengar las injurias sufridas».Foedus Pactum. thumb|left|250px|En rojo fuerte, los cantones de Uri, Unterwalden y Schwyz, primeros adherentes al Pacto de Rütli. Estos tres cantones, el de Valais y el de los Grisones serían de los más activos en las Guerras Italianas, tanto por cercanía, como por ser de los más montañosos y pobres.
La población de dichos valles suizos, al contrario de la práctica habitual, no había delegado nunca su protección a extranjeros (caballeros feudales o mercenarios extranjeros). A partir del Pacto Federal de 1291, firmado en Rütli a orillas del lago de los Cuatro Cantones, los habitantes de los valles se tomaron la guerra como un proyecto colectivo en el que participaba toda la comunidad, formando así un sentimiento de solidaridad nacional frente al poder extranjero, poco común en la época, donde predominaba la identidad con el señor feudal como garante de la seguridad de cara al exterior.
Con el ya mencionado pacto, los habitantes de los tres Waldstätte —pueblos del bosque— se unieron en la defensa del territorio contra los Habsburgo, sentando las bases de lo que sería más tarde la Confederación Helvética. En conmemoración de este evento, el 1 de agosto se celebra la fiesta nacional suiza.
Más tarde, en el Pfaffenbrief (1370) (Carta de los Curas) y otros tratados quedaría sellada la alianza entre los Ocho Cantones —Acht Orte— por medio de una red de acuerdos bilaterales entre Uri, Schwyz, Unterwalden, más el valle de Glaris y los cantones de las ciudades de Zúrich, Berna y Lucerna. En estos acuerdos, se trató de limitar la creciente influencia de los «cuerpos francos»,Las fuentes en alemán hablan de Blutharsten, Freiharsten o Freiheiten, es decir, milicias o formaciones militares irregulares, aunque también se denominaba así a la vanguardia del ejército confederal, probablemente porque fuesen estas fuerzas y no las cantonales las que ocupaban esa posición. Diccionario Histórico de Suiza — Corpi Franchi. que era un verdadero poder fáctico dentro de la naciente confederación.
Unos cien años más tarde, las fuerzas suizas pasarían una dura prueba frente a un enemigo notable, diferente de los Habsburgo, que esta vez eran aliados y que de aquí en adelante contratarían en muchas ocasiones a los helvéticos, sin que ello fuese óbice para que también trabajasen para los franceses. En la Guerra de Borgoña, los suizos entraron en conflicto para defender los intereses de Mulhouse, Basilea y Estrasburgo, aliados de Berna que habían sufrido la política expansionista de Carlos el Temerario. Entre 1474 y 1477, los suizos derrotaron repetidas veces a los borgoñones y a sus aliados saboyanos, ganando batallas en lo que hoy son los cantones de Valais y Vaud. Sobre la derrota de Carlos, una canción popular recitaba:
thumb|200px|Derrota de Carlos el Temerario, a manos de los suizos en Morat en 1476.thumb|200px|Pintura de 1862: El cadáver de Carlos el Temerario en la batalla de Nancy. La figura de la izquierda es un soldado suizo, reconocible por su atuendo «acuchillado» de colores llamativos. En la batalla de Nancy, Carlos muere y su rostro queda desfigurado.
Para entonces, era más que evidente la superioridad militar suiza, y el ya notable prestigio militar que tenían los helvéticos se vio aumentado. En este momento, la Confederación se convulsiona a causa de la victoria, pues el duque de Saboya pagó 50 000 florines para recuperar el Vaud y Luis XI abonó otros 150 000 a Berna para que renunciase a sus aspiraciones sobre el Franco Condado. En la ganancia de este «maldito botín», que alteraba el orden establecido, participaron en gran medida campesinos y gentes de baja condición social; en Zúrich, las crónicas de la ciudad hablaban de numerosos sirvientes que abandonaban el servicio doméstico para probar fortuna en las guerras extranjeras.«Boess und verfluechte roupguot», como lo llamó el bernés Diebold Schilling. Diccionario Histórico de Suiza — Burgunderkriege
Esto a nivel intracantonal, pero también hubo cambios dentro del equilibrio de poder en la Confederación. Tal vez el episodio más notable sobre el cambiante orden de fuerzas fue la expedición de la Sociedad de la Vida Loca, que protagonizaron soldados de los cantones rurales de Schwyz y Uri; estos marcharon hacia Ginebra en 1477 para exigir el reparto del botín. A raíz de este suceso, los cantones urbanos procuraron limitar la influencia de los «cuerpos francos», lo que consiguieron con la Convención de Stans de 1481, en la que los cantones integraron a una parte sustancial de los soldados en las «milicias cantonales», a las que dotaron de un capitán y un estandarte, integrándolas en su gobierno. De estos tiempos procede el servicio militar obligatorio, todavía vigente en la Suiza actual.Diccionario Histórico de Suiza — Spedizione della Folle Vita.
Organización, tácticas y política thumb|250px|«El zorro sabe muchos trucos, el jabalí, uno bueno de verdad» dijo Arquíloco, él mismo un mercenario, refiriéndose a las tácticas de la falange. En la ilustración se muestra el syntagma macedonio, 256 hombres en un cuadrado de 16 hombres por lado. Los suizos solían presentar un frente de no más de 20 o 30 hombres, pero de una considerable profundidad. La forma de hacer la guerra de los mercenarios suizos fue, sin lugar a dudas, uno de los gérmenes de la revolución militar renacentista, en la que como en tantos otros ámbitos, los valores medievales cambiarían por otros inspirados —si no directamente copiados— en los antiguos griegos y romanos.
En la guerra medieval, el papel hegemónico de la caballería era indiscutible. La formación no tenía una gran relevancia, puesto que no solía respetarse una vez comenzadas las hostilidades. Todo esto correspondía con bastante precisión al carácter estamental de la sociedad de la época: la nobleza desempeñaba un papel decisivo al integrar en exclusiva la caballería, pues el mantenimiento del equino y la adquisición de armadura y armas eran inalcanzables para los campesinos. En los enfrentamientos bélicos tenían una gran importancia cuestiones de honor —un caballero normalmente rechazaba el combate con un campesino, puesto que era deseable batirse con un contrincante de un estatus igual o superior—, por lo que se esperaba que los jefes militares participaran y encabezasen el orden de batalla. Las actuaciones heroicas individuales, como la de el Cid, era normalmente lo más señalado de una batalla, y las nociones de ciencia militar que pudieran tenerse en cuenta eran muy escasas.