La eclampsia es la aparición de convulsiones o coma durante el embarazo después de la vigésima semana de gestación, el parto o en las primeras horas del puerperio sin tener relación con afecciones neurológicas.
Es el estado más grave de la enfermedad hipertensiva del embarazo, preeclampsia. La preeclampsia es un trastorno hipertensivo del embarazo que se presenta con tres características principales: aparición reciente de presión arterial alta, grandes cantidades de proteinuria en la orina u otra disfunción orgánica y edema. Si no se trata, puede tener consecuencias a largo plazo para la embarazada, a saber, un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y complicaciones asociadas. En los casos más graves, puede ser fatal tanto para la madre como para el feto.
Las crisis son de tipo tónico-clónico y suelen durar alrededor de un minuto. Tras la convulsión, se produce un período de confusión o coma. Otras complicaciones incluyen neumonía por aspiración, hemorragia cerebral, insuficiencia renal, edema pulmonar, síndrome HELLP, coagulopatía, desprendimiento de placenta y paro cardíaco.
Se recomienda el consumo de aspirina en dosis bajas para prevenir la preeclampsia y la eclampsia en aquellas personas con alto riesgo. Otras recomendaciones preventivas incluyen suplementación con calcio en áreas con baja ingesta de calcio y el tratamiento de la hipertensión previa con medicamentos antihipertensivos. El ejercicio durante el embarazo también puede ser útil. El uso de sulfato de magnesio intravenoso o intramuscular mejora los resultados en mujeres con preeclampsia y eclampsia grave. Las opciones de tratamiento incluyen medicamentos para la presión arterial como hidralazina y el parto de emergencia del bebé, ya sea vaginal o por cesárea.
Descripción
La palabra eclampsia es del término griego para relámpagos. La primera descripción conocida de la condición fue por Hipócrates en el siglo V a. c.
Los trastornos hipertensivos del embarazo son una de las causas más comunes de muerte en el embarazo. En 2015, causaron 46.900 fallecimientos.La eclampsia es la forma más grave de toxemia en el embarazo, y se caracteriza por convulsiones, hipertensión, proteinuria y edema general.
Se estima que la preeclampsia afecta globalmente a aproximadamente el 5% de los partos, mientras que la eclampsia afecta a aproximadamente el 1,4% de los partos. En los países desarrollados, las tasas de eclampsia son de aproximadamente 1 caso por cada 2.000 partos, debido a la mejora de la atención médica, mientras que en los países en desarrollo puede afectar a entre 10 y 30 veces más mujeres. La mortalidad materna debida a la eclampsia se produce a una tasa de aproximadamente el 0–1,8% de los casos en los países de ingresos altos y hasta el 15% de los casos en los países de ingresos bajos a medios.
En sí, es una complicación asociada al embarazo y contribuye de manera importante a la mortalidad materna y perinatal.http://www.scielo.org.ve/pdf/og/v69n3/art03.pdf
Signos y síntomas
La mayoría de las mujeres presentan signos o síntomas premonitorios en las horas previas a la primera convulsión. Por lo general, la madre desarrolla hipertensión antes del inicio de una convulsión (crisis epiléptica). Ansiedad
Cefaleas frontales, occipitales o en trueno de larga duración (persistentes) Alteraciones visuales (visión borrosa, fotofobia, diplopía) Fotofobia (malestar ante la luz brillante) Dolor abdominal, a menudo en la región epigástrica (el centro del abdomen por encima del ombligo) o en el cuadrante superior derecho del abdomen (debajo del lado derecho de la caja torácica). Alteración del estado mental (confusión)
Cualquiera de estos síntomas puede estar presente antes o después de la convulsión.
Características Las convulsiones de la eclampsia suelen presentarse durante el embarazo y antes del parto (periodo anteparto), pero también pueden ocurrir durante el trabajo de parto y el parto (periodo intraparto) o después del parto (periodo posparto). Si se producen convulsiones posparto, lo más probable es que ocurran durante las primeras 48 horas después del parto. Sin embargo, las convulsiones posparto tardías de la eclampsia pueden ocurrir hasta 4 semanas.
La crisis eclámptica se describe típicamente como una crisis tónico-clónica que puede causar una pérdida abrupta de la conciencia al inicio. Esto suele ir acompañado de un chillido o grito, seguido de rigidez en los músculos de los brazos, las piernas, la espalda y el pecho. Durante la fase tónica, la madre puede comenzar a presentar cianosis. Esta presentación dura aproximadamente un minuto, después del cual los músculos comienzan a sacudirse y contraerse durante uno o dos minutos más. Otros signos incluyen morderse la lengua y esputo espumoso o sanguinolento por la boca. Complicaciones La eclampsia conlleva riesgos tanto para la madre como para el feto. El producto puede crecer más lentamente de lo normal dentro del útero de una mujer con eclampsia, lo que se denomina restricción del crecimiento intrauterino y puede provocar que el niño parezca pequeño para su edad gestacional o que nazca con bajo peso al nacer. También puede causar problemas en la placenta, la cual puede sangrar (hemorragia) o comenzar a separarse prematuramente de la pared del útero. Es normal que se separe de la pared uterina durante el parto, pero es anormal que la placenta se separe antes; esta condición se llama desprendimiento de placenta y puede ser peligrosa para el feto. También puede producirse insuficiencia placentaria, un estado en el que no logra sustentar el desarrollo fetal adecuado porque no puede suministrar la cantidad necesaria de oxígeno o nutrientes. Durante una crisis eclámptica, el latido del corazón fetal puede volverse más lento de lo normal (bradicardia). Si se produce alguna de estas complicaciones, puede desarrollarse sufrimiento fetal. El tratamiento de las convulsiones de la madre también puede controlar la bradicardia fetal. Si el riesgo para la salud del feto o de la madre es alto, el tratamiento definitivo para la eclampsia es el parto. Puede ser necesario un parto por cesárea, especialmente si la bradicardia fetal no se resuelve después de 10 a 15 minutos de intervenciones de reanimación. Puede ser más seguro dar a luz al bebé prematuramente que esperar a que finalicen las 40 semanas de desarrollo fetal, y como resultado, la prematuridad también es una complicación potencial de la eclampsia.
En la madre, pueden producirse cambios en la visión como ceguera unilateral (ya sea temporal debido a amaurosis fugaz o potencialmente permanente debido a desprendimiento de retina), ceguera cortical, que afecta la visión de ambos ojos o visión borrosa. También existen posibles complicaciones pulmonares. La madre puede tener líquido acumulándose lentamente en los pulmones en un proceso conocido como edema pulmonar. Durante una crisis eclámptica, es posible que la madre vomite el contenido del estómago e inhale parte de este material en un proceso conocido como aspiración. De suceder esto, la madre puede experimentar dificultad para respirar de inmediato o desarrollar posteriormente una infección en los pulmones, denominada neumonía por aspiración.También es posible que durante una convulsión la respiración se detenga temporalmente o se vuelva ineficiente, y la cantidad de oxígeno que llega al cuerpo y al cerebro de la madre disminuya (un estado conocido como hipoxia). Si la madre presenta dificultad para respirar, puede ser necesario apoyar temporalmente su respiración mediante un dispositivo de asistencia, en un proceso denominado ventilación mecánica. En algunos casos graves de eclampsia, la madre puede presentar debilidad y lentitud de respuesta (letargo) o incluso entrar en coma. Estos pueden ser signos de que el cerebro se está inflamando (edema cerebral) o sangrando (hemorragia intracerebral).
Factores de riesgo La eclampsia, al igual que la preeclampsia, tiende a ocurrir con mayor frecuencia en los primeros embarazos. Las mujeres que tienen hipertensión arterial crónica antes de quedar embarazadas tienen un mayor riesgo de padecerla. Y aquellas que tienen hipertensión gestacional y preeclampsia tienen un mayor riesgo de eclampsia. Además, las mujeres con otras enfermedades vasculares preexistentes (diabetes o nefropatía) o trombofilia, como el síndrome antifosfolípido, tienen mayor riesgo de desarrollar preeclampsia y eclampsia. Tener una placenta agrandada por gestación múltiple o mola hidatiforme también aumenta el riesgo de eclampsia. Además, existe un componente genético: una persona cuya madre o hermana padecía la enfermedad tiene un riesgo mayor que en otros casos. Las mujeres que han experimentado eclampsia tienen un mayor riesgo de preeclampsia/eclampsia en un embarazo posterior.
La incidencia de preeclampsia fue del 5% en pacientes blancas, del 9% en pacientes hispanas y del 11% en pacientes afroamericanas, lo que puede reflejar un riesgo desproporcionado de desarrollar preeclampsia entre los grupos étnicos. Además, también se demostró que las mujeres negras tenían un riesgo desproporcionadamente mayor de morir por eclampsia.
Mecanismo
Los mecanismos de la eclampsia y la preeclampsia no son del todo comprensibles. Se requiere la presencia de placenta, y la eclampsia se resuelve si se extrae. La reducción del flujo sanguíneo a la placenta (hipoperfusión placentaria) puede ser una característica clave del proceso. Generalmente, esto se acompaña de una mayor sensibilidad de la vasculatura materna a los agentes que provocan la constricción de las arterias pequeñas, lo que conlleva una reducción del flujo sanguíneo a múltiples órganos. Las afecciones maternas asociadas a la disfunción vascular, como lupus, hipertensión y enfermedad renal, o las afecciones obstétricas que aumentan el volumen placentario sin un aumento del flujo sanguíneo placentario (como la gestación múltiple) pueden aumentar el riesgo de preeclampsia. Además, la activación de la cascada de coagulación puede provocar la formación de microtrombos, lo que puede dificultar aún más el flujo sanguíneo. En tercer lugar, el aumento de lapermeabilidad vascular provoca el desplazamiento del líquido extracelular de la sangre al espacio intersticial, lo que reduce el flujo sanguíneo y causa edema. Estos eventos pueden provocar hipertensión, disfunción renal, disfunción pulmonar, disfunción hepática y edema cerebral con disfunción cerebral y convulsiones. En el contexto clínico, el aumento de la activación plaquetaria y endotelial puede detectarse antes de que aparezcan los síntomas.
La hipoperfusión de la placenta se asocia con una modelación anormal de la interfaz placentaria feto-materna que puede estar mediada inmunológicamente. La patogenia de la preeclampsia no se comprende bien y puede atribuirse a factores relacionados con la mujer embarazada y la placenta, ya que la preeclampsia se observa en embarazos molares, en ausencia de feto o tejido fetal. La placenta normalmente produce el potente vasodilatador adrenomedulina, pero su producción se reduce en la preeclampsia y la eclampsia. Otros vasodilatadores, como la prostaciclina, el tromboxano A2, el óxido nítrico y las endotelinas, se reducen en la eclampsia y pueden provocar vasoconstricción.
La eclampsia se asocia con encefalopatía hipertensiva, en la que se reduce la resistencia vascular cerebral, lo que provoca un aumento del flujo sanguíneo al cerebro, edema cerebral y convulsiones. Una convulsión eclámptica generalmente no causa daño cerebral crónico a menos que ocurra una hemorragia intracraneal.
Evaluación clínica Se vigilará la aparición de hipertensión arterial extrema, la hiperactividad de los reflejos tendinosos profundos y el clono. Las convulsiones pueden evitarse mediante reposo en cama, en una habitación tranquila y oscura. Debe vigilarse con atención el estado general de la madre, presión arterial, diuresis y la frecuencia cardíaca del feto.