Paul Leonard Newman (Shaker Heights, Ohio, 26 de enero de 1925-Westport, Connecticut, 26 de septiembre de 2008)Paul Newman, a Magnetic Titan of Hollywood, Is Dead at 83. Obituario con extensa biografía, en el New York Times 27-09-2008 (en inglés). fue un actor, director y productor estadounidense. Fue ganador del premio Óscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de HollywoodSito oficial del premio Óscar: https://www.oscars.org/oscars/ceremonies/1987/memorable-moments. y del premio Globo de Oro de la Hollywood Foreign Press Association (Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood). También tuvo una actividad digna de destacar como piloto de automovilismo, siendo ya actor famoso, al alzarse con éxitos significativos en varias carreras.

Primeros años Era hijo de Theresa Garth, nacida en Ptičie, Imperio austrohúngaro, actual Eslovaquia, y de Arthur Samuel Newman, estadounidense, hijo de emigrantes eslovacos y polacos. Cursó sus estudios elementales en la Malvern School y en la Shaker Heights High School.

En 1942 se matriculó en la universidad de Kenyon y al año siguiente, durante la Segunda Guerra Mundial, se alistó en la Armada de los Estados Unidos. Cumplió el servicio militar entre 1943 y 1945, en las bases de Okinawa y Guam.

Tras servir en la Armada, volvió a Kenyon, donde se graduó en Ciencias Económicas y formó parte del equipo de fútbol americano. Estudió posteriormente artes escénicas en Yale con una beca del ejército y el método Stanislavski en el Actors Studio, como oyente, durante una década.

Carrera Tras varios roles como extra o secundario en series de la televisión norteamericana como Suspense (1949), o The Web (1952) dio el salto al cine. Su primera película fue El cáliz de plata (1954) de Victor Saville, donde compartía cartel con Pier Angeli y Virginia Mayo. La cinta fue un fracaso en taquilla, y posteriormente fue descrita por el propio Newman como «la peor película de la década». thumb|left|Fotografía publicitaria de Paul Newman (1954).|180px Su primer éxito le llegó dos años después con un filme de enorme repercusión a nivel internacional: Marcado por el odio (1956), de Robert Wise, en el que encarnó al boxeador Rocky Graziano en un papel al que también optaba Steve McQueen, y en el que trabajó al lado de dos jovencísimos Pier Angeli y Sal Mineo.

Ese mismo año actuó en un filme de ambiente judicial basado en una obra teatral que se apunta al éxito de Stalag 17, de Billy Wilder: se trata de la notable Traidor a su patria, de Arnold Laven, donde Newman trabajó con Walter Pidgeon y Wendell Corey en una trama de traiciones en el ámbito del espionaje militar.

En 1957 nuevamente actuó a las órdenes del director Robert Wise en un melodrama criminal donde comparte cartel con dos Joan Fontaine y Jean Simmons: se trató de Mujeres culpables, en su momento no estrenada en cines en Europa. Ese mismo año se estrenó la biografía musical de la cantante Helen Morgan (quien luchó por salir del alcoholismo estando en la cumbre de su carrera) titulada Para ella un solo hombre, (de Michael Curtiz), donde Newman actuó junto a la actriz Ann Blyth.

Tras esta cinta, Newman rueda cuatro filmes importantes que se estrenan en 1958: La gata sobre el tejado de zinc, de Richard Brooks, adaptación de la obra teatral de Tennessee Williams que marcó toda una época y que puso al actor en el «mapa» de la industria cinematográfica estadounidense por su impecable encarnación del atormentado hijo de un rico empresario enfermo, por su perfecta química en pantalla con una turbadora Elizabeth Taylor, y por acompañar a actores de la popularidad de Burl Ives o Jack Carson.

Luego vendría El zurdo, de Arthur Penn, revisión desmitificadora del legendario Billy the Kid que solo triunfó en Europa, pero que es considerada película de culto.

Más tarde, El largo y cálido verano, drama sureño basado en El Villorrio, de William Faulkner, y de generoso presupuesto, donde Newman trabaja por primera vez con Martin Ritt –uno de sus directores favoritos y cómplice de buena parte de su carrera profesional– y con Joanne Woodward, que acababa de ganar el Óscar a la mejor actriz dramática por una memorable interpretación de mujer con desdoblamiento de personalidad en el clásico Las tres caras de Eva (1957, de Nunnally Johnson), de la que se enamora, además de compartir secuencias con sólidos compañeros como Orson Welles, Tony Franciosa, Angela Lansbury y Lee Remick.

Por último, filmó Un marido en apuros (Rally 'Round the Flag, Boys!), de Leo McCarey; comedia fresca y agradable pero no muy redonda, no especialmente recordada hoy, a no ser por la presencia de una exuberante Joan Collins.

En 1959 estrena en Broadway la obra Dulce pájaro de juventud, que años más tarde interpretaría en la gran pantalla. Ese mismo año, rueda una historia equilibrada aunque poco vista sobre las presiones de la alta sociedad conservadora, en el personaje de un abogado joven y talentoso que lucha por abrirse camino, con el inevitable conflicto de amor, y para los seguidores del cine de tribunales, el desenlace electrizante en un juicio final breve e inesperado (La ciudad frente a mí, de Vincent Sherman, basada en la novela The Philadelphian de Richard P. Powell).

Años 1960 Al año siguiente vuelve a trabajar con Joanne Woodward en un melodrama de relieve aunque mediano éxito comercial (Desde la terraza, de Mark Robson, en el que ambos coinciden con Myrna Loy y Peter Lawford). No obstante, vuelve a dar en la diana cuando entra en el reparto de una de las superproducciones más costosas y famosas de la historia: la adaptación del best seller de Leon Uris Éxodo (1960), que produce y dirige el célebre cineasta Otto Preminger. Aunque tachada de sionista por algunos, la cinta logra recrear en parte la realidad de la creación del Estado de Israel tras la Segunda Guerra Mundial, y cuenta con inolvidable reparto: Eva Marie Saint, Ralph Richardson y Sal Mineo, entre otros.

1961 parece dar un revés a la joven estrella, al estrenar dos cintas que pasan sin pena ni gloria: por un lado, la célebre pero en su momento algo incomprendida The Hustler, de Robert Rossen, una de las mejores muestras del llamado «cine de perdedores» en la que tanto Newman como Piper Laurie, George C. Scott y Jackie Gleason logran magistrales actuaciones; por el otro, su segundo filme con Martin Ritt, donde encarna a un joven músico de jazz que viaja a París con un compañero (Sidney Poitier) y ve actuar al mismísimo Louis Armstrong: Un día volveré, filme de poca solidez narrativa y dramática pero que conserva cierto encanto.

Pero, desde 1962 en adelante, Newman va encadenando un éxito tras otro, en títulos destacados como Dulce pájaro de juventud, una nueva adaptación de Tennessee Williams que supone para Newman reencontrarse con el gran director y guionista Richard Brooks y que, pese a las imposiciones de la censura norteamericana para con el texto original, le permite ofrecer una de sus mejores interpretaciones, sin desmerecer a sus compañeros de reparto –entre los que sobresalen Shirley Knight, Geraldine Page y Ed Begley–.

También fueron exitosas Cuando se tienen veinte años (de nuevo a las órdenes de Ritt, en una de sus colaboraciones más famosas, donde el actor comparte protagonismo con Richard Beymer); Hud (1963, otra vez bajo las órdenes de Martin Ritt y acompañado de los consagrados Patricia Neal y Melvyn Douglas en un drama psicológico enclavado en un ambiente rural y enmarcado en el mundo de los perdedores que tiene alcance); Samantha (comedia ligera dirigida por Melville Shavelson donde vuelve a coincidir con su ya esposa Joanne Woodward, y con Thelma Ritter en esta especie de versión del clásico de Vincente Minnelli Designing Woman (1958).

A su vez, cosechó éxitos con El premio (cine de intriga claramente influido por el estilo de Alfred Hitchcock y basado a su vez en un best-seller de la época, realizado por Mark Robson y coprotagonizado por Elke Sommer), y Cuatro confesiones (de nuevo con Martin Ritt y con un completo reparto encabezado por Edward G. Robinson, Laurence Harvey y Claire Bloom, versión del clásico de Akira Kurosawa Rashōmon con resultados globales netamente inferiores). thumb|left|Paul Newman como Lew Harper en Harper de Warner Bros. (1966).|230px Su consagración definitiva como estrella de Hollywood se da en 1966 con su participación en una superproducción de cine negro que hace historia: Harper, investigador privado, de Jack Smight, supone una renovación formal y estilística de un género ya en decadencia pero que este filme actualiza y reinventa –e inicia un subgénero que recoge Frank Sinatra en su trilogía sobre el detective Tony Rome en Hampa dorada, El detective y La mujer de cemento–; es uno de los filmes más taquilleros del año en medio mundo, y la crítica internacional arropa un filme brillante que contaba también con Lauren Bacall, Shelley Winters, Janet Leigh, Arthur Hill, Robert Wagner, Julie Harris...

Ese mismo año, Newman rueda su único filme con Alfred Hitchcock: Cortina rasgada, al lado de Julie Andrews, que supone un fracaso comercial bastante inmerecido y que cuenta una interesante trama al hilo de la Guerra Fría. De aquí en adelante, la carrera del actor se consolida con películas de renombre y otras menos logradas pero de buena acogida.

Posteriormente participó en Un hombre de Martin Ritt, un western psicológico donde Newman tiene un inolvidable duelo interpretativo con Fredric March y Richard Boone. En La leyenda del indomable, de Stuart Rosenberg, participa por primera vez en un filme de este director, que será uno de sus talismanes en los años 1970, y todo un clásico del género carcelario de todos los tiempos, donde el actor queda inmortalizado para la historia del cine junto a George Kennedy, Jo Van Fleet o Strother Martin.

Rachel, Rachel supone su debut en la dirección, y es una de las mejores radiografías de la condición femenina en la Norteamérica profunda. Otorga a Joanne Woodward una de sus mejores creaciones. Dos hombres y un destino 1969, de George Roy Hill es la primera reunión de Newman con este director y con Robert Redford y uno de los filmes clave de los años 1960 que revisitaba e innovaba en el western crepuscular. Logra uno de los mayores taquillazos de la década con Katharine Ross y arrasaba en la entrega de los Óscar.

Otras películas de ese periodo es 300 millas, de James Goldstone (reuniéndose de nuevo con su esposa en un filme de carreras de coches que se apuntaba a la moda iniciada desde Aquellos chalados en sus locos cacharros en 1963 o La carrera del siglo en 1964); Comando secreto, de Jack Smight (mediocre thriller británico donde Newman sale airoso junto a Andrew Duggan y Sylva Koscina frente a un guion bastante flojo); Un hombre de hoy, de Stuart Rosenberg (su peor película pese a trabajar con su esposa y la inevitable química entre ambos); Casta invencible (su segundo filme como realizador, logrado drama familiar con los rostros de Henry Fonda, Lee Remick y el hoy olvidado Michael Sarrazin).

También de este periodo son El juez de la horca, de John Huston (en su primer encuentro con este director, en un remake de la legendaria y El forastero, de William Wyler, de 1940, en compañía de una madura pero todavía sensual Ava Gardner); Los indeseables, de Stuart Rosenberg (western otoñal infravalorado por la crítica, donde Newman trabajaba con Wayne Robson y Lee Marvin en un filme luego imitado hasta la saciedad); El golpe, de George Roy Hill (que supone la segunda película de Newman-Redford y todo un fenómeno social en el momento de su estreno, basado en una obra teatral de prestigio), y El hombre de Mackintosh, de John Huston (thriller casi británico, redimido por la actuación de Newman, de James Mason y Dominique Sanda).