miniaturadeimagen|255x255px|Felipe II de Francia quemando a los cátaros. El catarismo fue un movimiento cristiano, considerado una secta herética por la Iglesia católica, que se desarrolló en la Europa Occidental de los siglos y .Jacques le Goff. Historia universal. La Baja Edad Media, Siglo XXI, Madrid, 1970, ISBN 8432300047, p. 174.

Contexto historiográfico Muchas fuentes historiográficas consideran que los cátaros eran dualistas, ya que, al igual que los gnósticos, creían que existían enfrentados un principio bueno y otro malo. Más específicamente, creían que lo material era una creación demoníaca y que Jesús era un ser espiritual creado por Dios. Consideraban que las almas habían sido arrastradas del cielo y transmigraban después de la muerte a un nuevo cuerpo. Solo tenían un sacramento, el consolamentum, que consistía en la imposición de las manos para recibir el Espíritu Santo.

Sin embargo, es un debate abierto dentro de la historiografía donde «el “catarismo” sigue siendo cuestionado por los heresiólogos de la actualidad (Biget y Fournié, Le "catharisme" en questions; Sennis, Cathars in Question).» Ahondando en esta línea Biget afirma que: «El catarismo se define como un concepto que supera la realidad doctrinal de la herejía y que se extiende a todos los sucesos acaecidos en el Languedoc durante los siglos , y . El catarismo se impuso como una mitología romántica durante el , antes incluso de constituirse en tema de interés para la historiografía. Cuando la visión mitificada del medievo estaba ya constituida, se situó a los albigenses entre los mártires de la libertad, presentando sus doctrinas religiosas envueltas en un halo de esoterismo.»Hubo tentativas de convertirlos con la predicación, con san Bernardo de Claraval en 1145 o con santo Domingo de Guzmán en 1207. En 1208 el papa decretó una cruzada contra los cátaros de Occitania en la que participaron nobles y obispos franceses. Tras el tratado de paz de 1229, la Iglesia católica continuó actuando con la Inquisición, provocando que los cátaros pasasen a la clandestinidad y desapareciesen a mediados del .

Etimología

San Agustín de Hipona usó el término «cátaros» en el para referirse a una secta maniquea de África, cuyos miembros se consideraban puros (en griego: catharoi).

El monje renano Eckbert von Schönau dijo en un sermón de 1163 que a los herejes de Alemania se les llamaba cátaros, a los de Flandes piphles y a los de la Galia tisserands (tejedores). El término tisserands para los herejes galos se debía a que muchos de ellos ejercían ese oficio, al igual que san Pablo de Tarso, que tejía telas para tiendas de campaña.

Alain de Lille, un teólogo católico, escribió en Montpellier hacia 1200 una obra titulada De fide catolica, donde indica tres hipótesis sobre el origen del término cátaro: la primera es que vendría de casti, porque sus miembros se harían puros y castos; la segunda que vendría de catha, que significaría flujo, porque se decía que estaban fluidos por sus vicios (aquí Lille se confunde porque flujo en griego es katarroos); y la tercera sería porque derivaría de catus (gato) porque besarían el trasero de un gato (en el norte de Europa se decía que el diablo se encarnaba en gatos negros, por lo que era una forma de acusarles de rendir pleitesía al diablo).

En cualquier caso, los cátaros medievales jamás se definieron a sí mismos por ese nombre.

Jean de Chassanion en 1595, Jacques-Bénigne Bossuet en 1688, Jean Benoist en 1691 y Napoléon Peyrat en 1870 no los llaman cátaros, sino albigenses.

El término cátaro se popularizó mucho a partir de la publicación en 1848 de la obra Historia y doctrina de la secta de los cátaros o albigenses, escrita por el pastor de Estrasburgo Charles Schmidt.

El término albigenses empezó a usarse a partir de una misión de 1145 de san Bernardo de Claraval que le llevó a Toulouse y Albi, donde encontró dos tipos de herejes: los influidos por un monje que había colgado los hábitos, llamado Enrique de Lausana, y los «tejedores que se llaman arios». También es posible que el término fuese llevado a la Isla de Francia por Constanza, hermana del rey, que asistió en 1165 a una reunión de juristas convocada por el obispo católico de Albi para rebatir a unos herejes de Lombers conocidos como «buenos hombres».

El término albigense pasó a ser, ya por el año 1200, sinónimo de hereje y las tierras con esas doctrinas (ya fuesen Gascuña, Toulouse, el condado de Foix o el Carcassès) fueron conocidas como tierras albigenses.

Fuentes cátaras

Los cátaros se guiaban también por escrituras. Se han conservado las siguientes:

Biblia cátara: se conserva un ejemplar en Lyon y es de principios del siglo XIII. Está escrita en occitano y solo contiene el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento cátaro es igual al católico. Ritual de Lyon: se encuentra en la biblioteca de la Academia de las Ciencias, Bellas Letras y Artes de Lyon. Está escrito en occitano. Ritual de Florencia: se halla en la Biblioteca Nacional Central de Florencia y está escrito en latín. Ritual de Dublín: tratado occitano conservado en la biblioteca del Trinity College. Contiene una catequesis para comprender y conocer esta Iglesia y un comentario de la oración Padre Nuestro. Tratado cátaro anónimo: está recogido en el Libro contra los maniqueos atribuido a Durán de Huesca. Libro de los dos principios: puede tratarse de una exposición doctrinal realizada a partir de la obra de Giovanni di Lugio. Se habla de la existencia de dos principios, el bueno y el malo, y de dos creaciones, una invisible, buena y eterna, y otra visible, que es mala y pasajera. La Cena Secreta o Interrogatio Iohannis: apócrifo de origen búlgaro. Tiene un diálogo sobre el apóstol Juan y Jesús sobre el dualismo, la caída de los ángeles, la creación del mundo y del hombre, la misión de Jesús y otros temas. Ascensión de Isaías: apócrifo del siglo II. Influyó en la cristología de los cátaros. Cuando Isaías llega al séptimo cielo, descubre que Jesús es Hijo de Dios, pero es diferente e inferior, por tanto acaba con la idea de la Trinidad. Jesús no sería un ser humano, sino un espíritu que desciende bajo la apariencia de un ángel de cielo en cielo y luego llega a la tierra con una apariencia humana.

Creencias

En los primeros siglos del cristianismo hubo gnósticos que negaban la posibilidad de que Dios hubiese creado el mal y la materia.

En el el líder religioso Mani, heredero de la religión persa, estableció una doctrina dualista con dos principios esenciales, el Bien y el Mal. Esta doctrina se llamó maniqueísmo y se difundió por Europa y Asia, fue perseguida y terminó por desaparecer.

Los paulicianos, una secta que tendía a cristianizar el maniqueísmo, se hicieron poderosos en Armenia y Asia Menor. En el 872 fueron derrotados por los griegos y muchos de ellos fueron deportados a la península balcánica. Los paulicianos predicaron a los búlgaros en los Balcanes a la par que lo hacían los cristianos latinos y griegos. miniatura|derecha|Antiguo templo bogomilo en Bosnia. En el apareció en Bulgaria el bogomilismo, religión que pudo haber sido fundada por Bogomilo (nombre que significa Amigo de Dios). Los bogomilos empezaron a ser numerosos en Bulgaria, Bosnia y Serbia y enviaron misioneros por el Mediterráneo. Para la historiadora Zoé Oldenbourg, los cátaros tienen su origen en estos bogomilos, que se habrían expandido a partir del por el norte de Italia y el sur de Francia. El historiador Paul Labal, sin embargo, cree que probablemente el catarismo tuvo un origen nativo.

Según El discurso contra la herejía de los bogomilos de Cosmos el Sacerdote, escrito en 972, los bogomilos prohibían el bautismo, no comían carne, rechazaban la cruz y condenaban la vida mundana en matrimonio. Para ellos el diablo, que llamaban Sathanaël, era el creador del mundo material y Jesús solo se había hecho hombre en apariencia.

Los cátaros eran dualistas y creían en la existencia de dos principios opuestos: el bueno y el malo. Para algunos teólogos cátaros ambos principios existían desde el comienzo pero otros consideraban el principio malo una creación secundaria, producto del deseo maligno de una de las criaturas de un Dios único y bueno: el ángel caído.

Todos los cátaros sostenían que Dios no era todopoderoso, sino que el mal libraba con él una guerra.

Según los cátaros, el Dios del Antiguo Testamento era realmente Satanás (el Rex Mundi, el "Rey del Mundo"), quien había creado un universo miserable (el mundo material).

Así, para los cátaros, el mundo material (al ser imperfecto) no habría sido creado por Dios, sino por Satanás. Este, incapaz de crear vida, habría hecho al cuerpo del hombre de barro, pero le habría pedido a Dios que insuflase en este cuerpo un alma. El verdadero Dios, por bondad, decidió ayudarle y le dio vida al hombre. El alma entró en el hombre, pero se negó a quedarse. Sin embargo, el diablo la mantuvo prisionera dentro del cuerpo material. Adán y Eva fueron, según este relato, empujados por Satanás a mantener relaciones sexuales, lo cual consumó su hundimiento definitivo en la materia.

Según algunos cátaros, el espíritu divino insuflado por Dios en Adán se transmite mediante la procreación. Según la mayoría de los cátaros, sin embargo, el demonio fue expulsado del cielo arrastrando en su caída, mediante seducciones, a una multitud de almas que vivían felizmente con Dios. Estas habrían sido revestidas de un cuerpo de carne y las nuevas personas tenían almas que procedían de esa reserva de almas.

Para algunos cátaros, el número de almas arrastradas del cielo era inagotable pero para otros el número de almas era limitado y las almas iban saliendo de los cuerpos después de la muerte para entrar en otros en una especie de reencarnación.

La historiadora Anne Brenon describe del siguiente modo lo que pasa con las almas tras la muerte según los cátaros:

El alma de un hombre que lleva una vida justa transmigraría en un cuerpo más apto para su progreso espiritual pero un criminal corre el riesgo de renacer en un cuerpo con taras o en el de un animal.

Otras secciones de cátaros creían que cada nacimiento hace descender del cielo o de una región intermedia entre el cielo y la tierra un alma angelical seducida por el demonio.

Los cátaros consideraban la procreación una crueldad, porque atrapaba un alma en este mundo.

Según esta doctrina religiosa, Dios sabe que unas almas se encuentran separadas de él. Entonces manda al más perfecto de los ángeles o su segundo hijo, ya que Satán sería el primero, que es Jesús. Jesús habría fingido someterse a las leyes terrenales para engañar al demonio. El demonio habría reconocido que era un mensajero de Dios y habría procurado su muerte. Los enemigos de Dios habrían creído que Jesús había sido ultrajado y había muerto en la cruz, pero en realidad él no podía sufrir, morir o resucitar. Tras enseñar a sus discípulos y fundar una Iglesia con el Espíritu Santo que consuela a las almas habría subido de nuevo al cielo.

Para los cátaros, el diablo desvirtuó lo que hizo Jesús de modo que la Iglesia católica sería una falsa iglesia que ha sustituido a la verdadera. La Iglesia católica sería la Bestia y la prostituta de Babilonia, en ella nadie se salva y todo lo que viene de ella es malo. Los sacramentos no tienen valor y son trampas ideadas por Satanás para engañar. El agua del bautismo y el pan de la Eucaristía son materia impura. La cruz sería horrorosa ya que fue usada por los enemigos de Jesús. Las imágenes son ídolos y las reliquias son restos sin valor vendidos por estafadores. Los santos estarían todos condenados por servir a la Iglesia católica, al igual que los justos del Antiguo Testamento, porque sirvieron al demonio.

Jesús no pudo nacer físicamente de la Virgen María porque no tenía cuerpo físico y habría sido un ángel que tomó los rasgos de una mujer o un símbolo de la Iglesia que acoge la palabra de Dios.