El Gran Priorato de Navarra de la Orden de San Juan de Jerusalén fue la estructura económico-administrativa que agrupaba, bajo la autoridad de un prior, las encomiendas que la Orden de San Juan de Jerusalén mantuvo dentro de los límites del Reino de Navarra, desde mediados del hasta el primer tercio del . Su relevancia durante la etapa medieval se puede evaluar por el hecho de que «el Gran Prior navarro era considerado la segunda personalidad eclesiástica en el reino, por lo que presidía el brazo eclesiástico de las Cortes navarras en ausencia del obispo de Pamplona».
miniaturadeimagen|300x300px|Armería del Palacio del Gran Maestre (La Valeta), donde se observa un estandarte colgado frente al ventanal representando la Lengua de Aragón y Navarra. miniaturadeimagen|300x300px|El albergue de la Lengua de España y Portugal en la ciudad medieval de Rodas (Rottiers Bernard Eugène Antoine. Monuments de Rhodes [Album], Brussels, Mme V. A. Colinez, 1828). miniaturadeimagen|Insignia de la Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta Introducción Cuando en los reinos hispanos se incrementa el volumen de donaciones a la Orden, desde principios del , se crea una organización jerárquica que engloba en varios prioratos las distintas encomiendas. Así, en 1140, se crean los prioratos de Castilla y de Portugal, y en 1153, el de Cataluña, Navarra y Aragón, gobernados por Guillermo de Belmés. En la península ibérica, a diferencia del resto de Europa, la Reconquista marca una pauta propia en el progreso de la implantación de estos religiosos soldados. Cuando desapareció la Orden del Temple, las encomiendas templarias en Navarra fueron recibidas por los hospitalarios.
A finales de 1522, la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén había sido expulsada de su base en Rodas por el sultán del Imperio otomano, Solimán el Magnífico, tras un sitio de seis meses. El 26 de octubre de 1530, el Gran Maestre de la Orden, Philippe Villiers de l’Isle-Adam, llegó junto con sus caballeros al Gran Puerto de Malta para tomar posesión de la isla, cedida por el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de España, Carlos V; desde entonces la Orden cambió su nombre por el de Orden de Malta —apodada «La Religión»—.
Este priorato de Navarra estaba adscrito a la denominada lengua de Aragón (o de España, donde, junto con el Gran Priorato de Navarra, agrupaba al Gran Priorato de Cataluña y el priorato en la Corona de Aragón, denominado la Castellanía de Amposta). Hasta 1462 también se incluyeron en esta lengua los prioratos existentes en Castilla, León y Portugal.
En 1957, en un primer estudio a fondo, Santos García Larragueta afirmaba en la cuarta de sus conclusiones finales:
En la misma línea, años más tarde, José María Muruzábal Aguirre, investigando sobre las bibliotecas, archivos y documentos de la Orden de San Juan de Jerusalén, afirmaba: «En la Navarra medieval y moderna, la Orden de San Juan fue una importantísima institución política, económica y social». A tenor de la documentación, y de forma muy general, resumía las actividades del priorato en tres grupos:
Actividades internas: capítulos del priorato, nombramientos, obras y reparaciones, administración económica (cobro de pechas, donaciones, censos y rentas, asignación de recursos, entrega de responsiones e impuestos al tesoro común de Malta o Rodas), defensa de su patrimonio y de su autonomía jurídica. Relaciones institucionales del reino de Navarra: con la monarquía, la diócesis de Pamplona, la nobleza, las buenas villas, la Corte Mayor de Navarra y el Consejo Real de Navarra, además de las Cortes de Navarra, donde el gran prior tenía asiento cuando eran convocadas. Relaciones internacionales: tanto dentro del ámbito de la Orden de San Juan como con otros reinos y reyes, así como con el Papado.
alt=Bulla pontifical conservada en la Biblioteca nacional de Malta|miniaturadeimagen|Bula papal Piae postulatio voluntatis, conservada en la Biblioteca nacional de Malta
Historia El nacimiento de la Orden de San Juan de Jerusalén
En la Europa de finales del , tras varias etapas de inestabilidad política y económica, se registra un renacimiento comercial que propicia el desarrollo de ciudades junto con un auge demográfico favorecido por el aumento de la producción agrícola. Al compás de esta situación europea se conoce el crecimiento de las peregrinaciones motivadas por razones espirituales. Si hasta la fecha era Roma el principal destino de peregrinación de los «romeros» (de «romaeus» en latín, ῥωμαῖος, rōmaîos, en griego bizantino) era Roma, a donde se acudía a venerar la tumba de San Pedro, desde el pasa a un segundo plano, ganando en visitas tanto Santiago de Compostela como el mismo Jerusalén. En este segundo caso, supuso además la apertura a un nuevo territorio lleno de nuevas oportunidades.
Desde el Jerusalén era una ciudad bajo dominio islámico, a donde los cristianos acudían libremente «a cambio del pago de un tributo». Esta situación cambió a finales del , cuando los fatimíes llegan a Egipto «y el ambiente religioso del Islam se radicalizó con la aparición de sectas fanáticas integristas de compleja espiritualidad». En 1012 el califa de Egipto, al-Hakim, saquea Jerusalén y destruye el Templo del Santo Sepulcro que permanecería en ruinas hasta el año 1048. En esta fecha el califa al-Mustansir restablece el protectorado sobre la comunidad cristiana y permite al emperador bizantino Constantino Monomaco, que había socorrido al califa con grano para paliar una hambruna padecida, la reconstrucción del templo.
Durante la segunda mitad del siglo se restablecen «las peregrinaciones de fieles desde Occidente y se incrementaron los intercambios comerciales con las ciudades italianas», en especial las naves procedentes de Amalfi, con peregrinos y mercancías, llegaban a las costas de Siria y Egipto, siendo «acogidas con agrado por los habitantes de Jerusalén y por el califa de Egipto» y suponiendo grandes beneficios para todas las partes. Jerusalén, en esos momentos dividida en cuatro barrios; uno de ellos, junto al templo del Santo Sepulcro, era cristiano, pero con iglesias griegas de rito ortodoxo, no tenía una iglesia de rito romano donde los amalfitanos pudieran celebrar sus oficios religiosos. Obtenido el permiso del califa, construyen la iglesia de Santa María la Latina con un monasterio anejo, un albergue y varias dependencias más para uso religioso y mercantil.
Tras la batalla de Manzikert (1071) y la victoria de los turcos selyúcidas, se torna la situación en Jerusalén para los cristianos, encontrando los peregrinos nuevos y mayores peligros, además de un tributo mayor para acceder a la ciudad. Tal situación llevaba a muchos a dormir en la calle, por lo que se construyó un hospicio donde acoger a peregrinos pobres y enfermos. Este hospital, bajo la advocación de San Juan Bautista, era atendido en el año 1080 por Gerardo, mientras que el monasterio femenino era regido por la abadesa Inés. En este contexto, y con una clara vocación asistencial, de atender a los peregrinos en un hospital de Jerusalén, y sin vocación militar aún, nace la orden religiosa conocida con tal nombre y función: Orden del Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén. Es en esto años finales del cuando se desarrolla la primera cruzada (1095). En 1100 Godofredo de Bouillón, «después de visitar la iglesia del Santo Sepulcro, concedió al hermano Gerardo una casa Hospital dedicada a San Juan Bautista sobre el Monte Ebrón para acoger a los peregrinos pobres y enfermos».
El 15 de febrero de 1113, el papa Pascual II dicta la bula Piae postulatio voluntatis,Se puede leer una traducción al español aquí: documento confirmatorio de la existencia de la orden, haciendo de este hospital una institución bajo la protección exclusiva del papa. centro|miniaturadeimagen|500x500px|Sedes históricas de la SOM de Malta
Los hospitalarios en el reino de Aragón y Pamplona En el caso particular de Navarra, la Orden de San Juan de Jerusalén recibió una primera donación de manos particulares, de Lope Garcés y su mujer que «prometieron en su testamento la entrega de la mitad de Grocin» (1120). A esta promesa siguieron las donaciones del rey de Aragón y Pamplona Alfonso I el Batallador: una heredad, con su collazo, en Astráin (1129), y otro tanto en Larraya (1130), en la cendea de Cizur; «su propio palacio, situado junto al puente, así como la iglesia de Santa María en Sangüesa con sus diezmos y primicias (1131)».
En un primer momento parece que existió «un primitivo Priorato de Navarra-Aragón» (1153), cuyo «primer Gran Prior» fue Guillén de Belmes, aunque no tardaría mucho en segregarse en los posteriores prioratos de Navarra y Aragón (Castellanía de Amposta), entre 1177 y 1185.
miniaturadeimagen|Retrato imaginario del rey Alfonso I de Aragón de Francisco Pradilla y Ortiz. El testamento de Alfonso el Batallador
Será en el controvertido testamento de este monarca, notablemente concienciado con el espíritu de cruzada, cuando en octubre de 1131 Alfonso el Batallador nombre como sus herederos y sucesores tanto en su reino de Pamplona como de Aragón (totum regnum meum), «de forma conjunta y solidaria, como si fueran una sola persona (heredem et succesorem relinquo mihi), a las tres órdenes militares» principales: la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, la Orden de los caballeros del Santo Sepulcro y la Orden del Templo de Salomón, «tanto en el dominio de la tierra, dominatum, como en el gobierno de los hombres, principatum et ius».
Tras la muerte de Alfonso el Batallador, «el testamento era imposible de cumplir, pues se oponía a la esencia misma del sistema político vigente, la monarquía, basada en el gobierno de una persona que concentraba la plenitud del poder y su transmisión por vía hereditaria». Como señalaba el historiador Ángel Martín Duque, «la efectividad del "insólito testamento" no interesó realmente a nadie, ni a los súbditos de la monarquía, ni a los reinos vecinos, ni a las propias órdenes herederas que —como señaló J. M. Lacarra— "no tenían posibilidad alguna de hacerse cargo del poder"».
miniaturadeimagen|Teobaldo I de Navarra vestido de caballero cruzado. Salón del Trono. Palacio de Navarra. Siglos XII-XIII: asentamiento y crecimiento de la orden Por todo ello, ambos reinos, Pamplona y Aragón, vuelven a separarse buscando las tres órdenes militares soluciones propias en cada caso y con cada una de las partes. En el caso de Aragón concertaron rápidamente con Ramón Berenguer IV (1140-1143) la renuncia de sus derechos sobre el reino, recibiendo compensaciones con castillos, villas y tierras. En el caso del reino de Pamplona fue más difícil un acuerdo similar, puesto que «la Curia romana no reconoció el título de rey al nuevo soberano ni a su sucesor». Sin embargo, se dio «entre los monarcas navarros y las Órdenes en cuestión una cierta transacción de hecho, afirmada con el transcurso del tiempo y por la prudencia de ambas partes». Tanto García Ramírez el RestauradorAunque este rey «adoptó desde el primer momento la intitulación tradicional gratia Dei Pampilonensium rex», como indica Martín Duque «concibe también su realeza como una restitución: Omnipotentes Dei misericordia prouidenti... [regnum] recuperavi, ha tomado posesión del reino perdido injustamente por sus antepasados». como Sancho VI el Sabio supieron favorecer generosamente a los hospitalarios: a las donaciones iniciales de Sangüesa y Cizur Menor fueron añadiendo las villas de Cabanillas y Fustiñana (García Ramírez en 1142), así como sus “palacios” de Estella (1165) y la villa de Pédriz (1174) por parte de Sancho VI el Sabio. En 1195, el rey Sancho VII el Fuerte dona la villa de Leache, que devendrá en sede de una nueva encomienda, y «en 1199 permuta con el prior y frailes unas tierras».