El Reino de Navarra (en latín, Regnum Navarrae) fue la continuación institucional del Reino de Pamplona, uno de los reinos medievales de Europa situado en ambas vertientes de los Pirineos occidentales, pero con la mayor parte de su territorio localizado al sur de la cordillera, en el norte de la península ibérica, desde 1162. Fundado ese primer reino en torno a la civitas romana de Pompaelo, señorío episcopal, desde el año 824 se registran menciones documentales como una entidad propia con un caudillo regente, rey de facto, según afirman algunos historiadores. A partir del 905, con la nueva dinastía Jimena, ya se puede hablar propiamente de reino y reyes, con Sancho Garcés I como el primero de sus monarcas. La tradición habla de Íñigo Arista como el primer monarca, pero en rigor, salvo el título de conde, no hay constancia de titulación de mayor rango.Aunque ahora pudiera parecer lo contrario, el título real era concedido por el papa. Esa es la razón de las intitulaciones documentales rex gratia Deo (rey por la gracia de Dios). Pero no cabe duda que Arista, además de fundar una dinastía, fue señor de los pamploneses (se gobernaba a personas, no territorios). Véase
Tras unos primeros años de expansión y la posterior merma territorial a manos de las coronas de Castilla y Aragón, el reino navarro se estabilizó con dos territorios diferenciados: la Alta Navarra o peninsular, al sur de los Pirineos, donde se encontraba la capital y la mayor parte de la población y los recursos, y la Baja Navarra o continental, al norte de la cordillera pirenaica. Entre 1234 y 1512 estuvo vinculado con el reino de Francia, y dentro de su órbita durante varios siglos, a través de varias dinastías (Champaña, Capetos, Évreux y Foix). En algunas ocasiones, el reino fue directamente unido al trono francés, como con los Capetos entre 1284 y 1328.
El fin de la independencia del reino se produjo cuando Fernando el Católico y, posteriormente, su nieto borgoñón Carlos I de España, llevaron a cabo la conquista militar entre los años 1512 y 1528, no sin resistencia. Se realizaron varios intentos de recuperar la independencia en los años siguientes y finalmente Carlos I de España se replegó de la Baja Navarra por su difícil control. Esta porción transpirenaica siguió siendo independiente, manteniendo las dinastías Foix y Albret, hasta que se unió dinásticamente a la Corona francesa al subir su rey, Enrique III, al trono galo. Así, los monarcas franceses se intitularon desde entonces y hasta la Revolución francesa «reyes de Francia y de Navarra». La unión del reino de Navarra a Francia, puramente dinástica, se hizo conservando siempre sus propios fueros e instituciones; así, por ejemplo, cuando Luis XVI convocó los Estados Generales de Francia, Navarra no envió diputados a estos, sino al rey en persona, en tanto que monarca navarro, de manera independiente y con su propio cuaderno de agravios. Sin embargo, su estatus diferenciado dentro de la Corona francesa terminó en 1789, al ser abolido como reino. Por otra parte, la Navarra peninsular se convirtió en uno más de los reinos y territorios de la Corona de Castilla y, finalmente, de la Monarquía Hispánica, estatus que conservó, gobernada por un virrey, hasta 1841, fecha en la que pasó a ser considerada provincia foral española mediante la posteriormente denominada Ley Paccionada, tras la primera guerra carlista.
Generalidades
El reino de Navarra surgió de un pequeño territorio que, tras un periodo de expansión, fue menguando paulatinamente en extensión y poder, socavado por las disputas entre las clases dirigentes y las conquistas realizadas por los reinos vecinos.
El espacio navarro se estructuró de manera dual tras la invasión musulmana de la península en el . El norte permaneció poco tiempo bajo dominio musulmán y pronto se organizó en un núcleo cristiano de fugaz sometimiento al Imperio carolingio y con centro en la ciudad de Pamplona, población fundada en época romana como Pompaelo por Pompeyo sobre un asentamiento vascón preexistente, que algunos autores consideran se denominaba ya «Iruña». Su primer caudillo conocido fue Íñigo Íñiguez —o Íñigo Arista («Enneco Cognomento Aresta»)—, cabeza conocida de la considerada primera dinastía navarra.Esta es una controversia historiográfica en la que los estudiosos especialistas de esta época no termina de quedar meridianamente claro si Íñigo Arista fue algo más que un comes o un dux. Cierta tradición romántica decimonónica lo afirma pero no hay vestigios que lo ratifiquen. Tras el paso de los francos carolingios se estableció una Marca Hispánica durante el , por un lado, y en el Al-Andalus, la llamada Marca Superior estaba gobernada por los Banu Qasi. Así se expone en . Si es clara la gran vinculación, consanguínea se afirma, entre los Arista y los Banu Qasi que habría facilitado esa autonomía en zonas pirenaicos donde operaba habitualmente Íñigo Arista. Ver . Sin embargo, hay mayor consenso en considerar «de iure» a Sancho Garcés I como primer monarca de Pamplona sin atisbos de dudas.
En el sur, un noble hispano godo oriundo de la zona (Casius) pactó con los invasores musulmanes y se convirtió al islam, consiguiendo así continuar señoreando esa zona del valle del Ebro y prolongando este poder entre los de su estirpe (los Banu Qasi), que durante generaciones afirmarán su poder en el sur del actual territorio navarro, aliándose con los Arista en diversas ocasiones en contra del poder central del emirato cordobés, o del afán expansionista del Imperio carolingio.
Navarra fue uno de los núcleos montañeses de resistencia cristiana impulsados por los francos carolingios que se formaron en los Pirineos, frente a la dominación islámica de la península ibérica, al igual que en Aragón y Cataluña. Inicialmente fue conocido por los cronistas francos como Reino de los Pamploneses o Reino de Pamplona y poco más tarde, como Reino de Pamplona-Nájera en referencia a la importancia en su organización de la ciudad riojana.
En su etapa de mayor expansión territorial, durante la Edad Media, el reino abarcó territorios atlánticos y se expandió más allá del río Ebro, hacia territorios situados en las comunidades autónomas contemporáneas de Aragón, Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco y las regiones administrativas francesas de Aquitania y Mediodía-Pirineos, en las antiguas provincias de Gascuña y Occitania. Las capitales vascas de Vitoria y San Sebastián fueron fundadas por el rey navarro Sancho VI el Sabio.
En su etapa final, el reino resultó dividido en: La Navarra peninsular o Alta Navarra, que fue invadida junto a la Navarra continental en 1512 por Fernando el Católico con el apoyo de Luis Beaumont, hijo del líder beaumontés exiliado tras perder la guerra civil de Navarra años antes, y fue anexionada a la Corona de Castilla. Se integró en el Reino de España o Monarquía Hispánica, conservando instituciones propias como reino. En 1530 el rey Carlos I de España decidió abandonar la Baja Navarra por su difícil control. La Alta Navarra sigue como reino integrante de España hasta que en 1841 es abolido su estatus y pasa a ser una región o provincia.
La Navarra continental o Baja Navarra, que se unió dinásticamente con Francia a finales del , y en 1620 se integró en la Monarquía francesa. Conservó instituciones y privilegios propios hasta 1789, en época de la Revolución, ostentando los Borbones franceses el título de reyes de Francia y de Navarra. No obstante, durante la Restauración francesa, Luis XVIII y Carlos X recuperaron el título de reyes de Francia y de Navarra durante sus reinados, durante el primer tercio del .
El título del príncipe heredero es Príncipe de Viana, que hoy en día ostenta Leonor de Borbón y Ortiz, hija y heredera del rey Felipe VI de España.
Evolución histórica Reinado de visigodos y francos
Para el periodo de la historia de los vascones contemporánea a la formación y consolidación del reino visigodo en Hispania hay escasas fuentes directas disponibles sobre los acontecimientos y la organización interna de los vascones, y con frecuencia resultan contradictorias.
Algunos historiadores suponenJ.A. García de Cortázar, tomo II de la Historia de España Alfaguara, La Época Medieval. Ed. Alfaguara, 1973. ISBN 84-206-2040-8. que los vascones nunca fueron sometidos por los visigodos en su pretensión de lograr la unidad territorial de todas las antiguas provincias hispanorromanas. Otros autores, principalmente en el , supusieron que los visigodos sí llegaron a dominar la tierra de los vascones. La escasez de datos ha llevado a crear la leyenda sobre el Domuit vascones (dominó a los vascones), una supuesta frase que se incluiría en las crónicas de todos los reyes godos, pero que parece ser una invención del novelista Francisco Navarro Villoslada.M. J. Izu Belloso, Falsas citas sobre la historia de Navarra. Revista Príncipe de Viana nº 258, 2013
Las reflexiones de otros especialistasA. Azkárate Garai-Olaun, Francos, aquitanos y vascones. Testimonios arqueológicos al sur de los Pirineos, en Archivo español de arqueología, 66:167/168 (1993) p.149. Disponible en recuerdan la actitud amistosa de los vascones en el periodo romano y la ausencia de conflictos relevantes durante el Bajo Imperio, resaltando la dificultad de explicar aquellos enfrentamientos sin apoyarse en el contexto de la afirmación del poder autónomo en Aquitania y las rivalidades entre francos y visigodos.