El bombardeo de Guernica (Operación Rügen: 'Operación Reprimenda') fue un ataque aéreo realizado sobre población civil de esta localidad vasca entre las 16:20 h. y las 19:40 h. del lunes 26 de abril de 1937, en el transcurso de la guerra civil española, por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República Española. Un mínimo de 27 bombarderos, acompañados de 32 cazas, lanzaron entre 31 y 46 toneladas de bombas explosivas e incendiarias causando una gran devastación, en la que el 85 % de los edificios fueron destruidos. Las estimaciones de víctimas cifran los fallecidos en un rango que abarca de los ciento veintiséis a los dos mil muertos, entre las alrededor de 10 000 personas que se encontraban aquel día en Guernica.

En la madrugada del 27 de abril el generalísimo Franco ordenó que se negase el bombardeo y que se acusase a los «rojos» de haber sido ellos los que habían dinamitado e incendiado la villa. Esta mentira —«una de las más destacadas mentiras de la historia del », según Xabier Irujo; «pocas mentiras tan burdas han gozado de tanta credibilidad durante tanto tiempo», según Ignacio Fontes— se mantuvo durante toda la guerra y durante toda la dictadura franquista.

El bombardeo de Guernica —«un icono de los bombardeos de terror», según Irujo; «símbolo de la barbarie de la guerra», según Juan Manuel Riesgo; «el primer bombardeo de la historia de saturación o de alfombra», según Fontes; «la primera vez que un bombardeo aéreo arrasaba un objetivo civil indefenso en Europa», según Paul Preston; «el mayor escándalo de la guerra civil», según Michael Alpert— se ha convertido en un símbolo de los horrores de la guerra para todo el mundo. El hecho tuvo un gran impacto en su época, inspirando a Pablo Picasso su más famoso cuadro, el Guernica, que pintó para que fuera expuesto en el pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937, y al escritor vasco Blas de Otero, que escribió un poema del mismo nombre, como también a la chilena y premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, que escribió un poema titulado Árbol de Guernica.

Antecedentes

Guernica, símbolo de los fueros vascos, tenía antes del ataque una población de unos cinco mil habitantes, a los que habría que añadir los refugiados que huían del avance de las tropas franquistas, por lo que el 26 de abril habría en la localidad unas diez mil personas, según el cálculo del cónsul británico en Bilbao. Guernica se encontraba en esos momentos a unos quince kilómetros del frente y no tenía ningún tipo de defensa antiaérea. Había sufrido algunas incursiones aéreas pero no había sido bombardeada.

Dos días antes del ataque la emisora de radio del bando sublevado sita en Salamanca había emitido la siguiente advertencia:

La Legión Cóndor tenía como comandante al general Hugo Sperrle, siendo en esa fecha su jefe de Estado Mayor el teniente coronel Wolfram von Richthofen (primo del histórico aviador de la Primera Guerra Mundial Manfred von Richthofen, más conocido como el Barón Rojo), que ordenó, al parecer, el bombardeo y que en su diario personal admitía que en Guernica se había portado «muy maleducadamente». El grupo de bombardeo estaba formado por cuatro escuadrillas de Ju-52 y la escuadrilla VB 88 de bombardeo experimental, con Heinkel He 111, y Dornier Do 17. Los bombarderos fueron escoltados por cazas Heinkel He 51 de las escuadrillas de caza 1 y 3.J/ 88 y por los Bf-109 del 2.J/ 88, escuadrilla que estaba bajo el mando del teniente Gunther Lützow. Cierto número de aviones de caza italianos participaron asimismo en la misión.El bombardeo de Guernica, abril de 1937

El primer bombardeo en alfombra por parte de los sublevados, como el que tuvo lugar en Guernica, se había producido en noviembre de 1936 en Madrid, cuando se ordenó a la aviación alemana e italiana que bombardeara a la población civil con el objetivo de desmoralizarla y conseguir la rendición de la ciudad. En febrero de 1937, la misma Legión Cóndor había ametrallado una columna de refugiados civiles en la carretera entre Málaga y Almería causando cientos de víctimas. Asturias sufrió bombardeos de la aviación y marina sublevadas. Especialmente importante fue el bombardeo de Gijón del 14 de agosto de 1936, que causó cincuenta y tres muertos y cien heridos. Otro bombardeo importante sufrido por esta villa fue el del 26 de julio de 1937, realizado por la aviación de la Legión Cóndor. Tampoco fue la última, puesto que en 1938 las ciudades de Barcelona, con los bombardeos de marzo y Alicante, con el bombardeo del 25 de mayo, fueron también los civiles los objetivos.

El bombardeo thumb|Fotografía de 1922 del lugar donde se celebraba todos los lunes el mercado semanal. Al fondo la fachada con soportales de las Escuelas Públicas. El 26 de abril de 1937 se celebraba en Guernica, como todos los lunes, el mercado semanal por lo que, como relató el padre Alberto Onaindía, «había muchos vecinos de las localidades de los alrededores». Unas doce mil personas, según Onaindía, entre las que también se encontraban, según el historiador Xabier Irujo, «miles de refugiados y heridos de guerra, además de aquéllos que llegaron a la villa en busca de alimento en los trenes dispuestos por las autoridades vascas [procedentes de Bilbao]». Por otro lado el Gobierno Vasco no había dado ninguna orden de evacuación ni había suspendido la celebración del mercado, como alegarán más tarde las autoridades (e historiadores) franquistas para intentar minimizar el número de víctimas. thumb|left|Campanas de la iglesia de Santa María. Fueron las que dieron el primer aviso a las 16:20 h. para que la gente acudiera a los refugios. A las 16:20 horas un solitario avión alemán Heinkel He 51 se aproximó lentamente por el este y arrojó seis bombas de 10 kilos en pleno centro urbano. Al ser avistado el aparato sonaron las campanas de la iglesia de Santa María para que la gente acudiera a los refugios. Cinco minutos después, a las 16:25, dos Heinkel He 111 y un Dornier Do 17 atacaron también en dirección este-oeste y destruyeron el sistema de abastecimiento de agua para «impedir las labores de extinción» cuando se lanzaran las bombas incendiarias, según el informe redactado por el coronel Joachim von Richthofen, adjunto al Estado Mayor de la Legión Cóndor. A las 16:35 tres o seis Savoia S-79 italianos que habían despegado de Soria una hora antes bombardearon de nuevo el centro urbano de la villa. Como ha señalado Xavier Irujo, «tras estos primeros ataques, la mayor parte de la población consideró con lógica que el bombardeo había terminado. Los servicios de extinción de incendios y de socorro acudieron al centro urbano para atender a los heridos y apagar los focos de fuego. Allí los atraparía la siguiente fase de bombardeo pesado». A las 17:00 h. aviones alemanes Heinkel He 51 y Messerschmitt Bf 109 e italianos Fiat CR.32 ametrallaron y bombardearon el perímetro de Guernica para impedir que nadie pudiera abandonar el centro urbano. «Como en aquella compaña los bombarderos no necesitaban ir escoltados, por no haber oposición, los cazas volaban encima de Guernica únicamente con la finalidad de ametrallar a los fugitivos», ha indicado Michael Alpert. «Los cazas ametrallaron sin piedad a hombres, mujeres y niños, a las monjas del hospital y hasta el ganado. Y, sin embargo, lo peor del ataque aún no había comenzado», ha señalado por su parte Antony Beevor. miniatura|Bomba incendiaria de 1 kg de la Luftwaffe, 1936. A partir de las 17:30 h. fue cuando se produjo el bombardeo más intenso a cargo de veintiún Junkers Ju 52 alemanes, conocidos como los «abuelos» por los soldados republicanos. Estos aviones descargaron tanto bombas explosivas como incendiarias, «una mezcla del todo innecesaria si el objetivo hubiese sido un puente», como se alegaría más tarde, causando una gran destrucción. «Procedentes del norte, del mar, y por tanto, sin que su llegada pudiera ser advertida por los sistemas de alarma, las tres escuadrillas K/88 de Junkers Ju 52 bombardearon Gernika en siete grupos de tres aparatos cada uno en dos o más pasadas sobre un corredor aéreo de unos 150 metros de ancho o alfombra aérea. Lanzaron bombas explosivas de 250 kilos y de 50 kilos con espoleta retardada y miles de bombas incendiarias sobre el núcleo urbano volando a una altura de entre 600 y 800 metros», ha señalado Xabier Irujo. «Los testigos describen la escena en términos dantescos y apocalípticos. Familias enteras quedaron enterradas entre las ruinas de sus casas o murieron aplastadas en los refugios... Seres humanos ennegrecidos por el humo se abrían paso entre las llamas y el polvo mientras otros excavaban como locos entre las ruinas tratando de desenterrar a amigos y parientes».

Las últimas acciones del ataque se produjeron entre las 18:15 y las 19:30. Cinco cazas Fiat CR.32 italianos y cinco Messerschmitt Bf-109 alemanes realizaron ametrallamientos a los supervivientes tanto en el interior de la población como en los alrededores.

miniaturadeimagen|Motor BMW 132A posiblemente del bombardero Ju-52 derribado por un Polikarpov I-15 en BIlbao, expuesto en la Escuela de Ingeniería de Bilbao.

En resumen, señala Xabier Irujo, «los primeros bombarderos destruyeron los conductos de agua de la villa y, posteriormente, se lanzaron bombas explosivas sobre el casco urbano para "agrietar" las edificaciones. Por último se lanzaron las incendiarias, cuyo material inflamable penetró en el interior de madera de las estructuras, derribadas por la acción del fuego». Así se refleja en la entrada del diario de Wolfram von Richthofen, diseñador del bombardeo, del 30 de abril de 1937: «Las [bombas] de 250 [kilos] derribaron buen número de casas y destruyeron cañerías. Las bombas incendiarias tenían ahora tiempo para desplegar toda su eficacia. Las casas estaban construidas con cubiertas de teja, galerías de madera y entramado del mismo material, por lo que fueron completamente aniquiladas». También en la carta que envió a su superior tiempo después el coronel Joachim von Richthofen, adscrito al Estado Mayor de la Legión Cóndor (y que no tenía ninguna relación de parentesco con Wolfram): «Se utilizaron principalmente proyectiles rompedores italianos de 100 kilos [con espoleta retardada]. En caso de hacer blanco, dichos proyectiles atraviesan los cuatro pisos y alcanzan el sótano. No pudieron examinarse los embudos al quedar rellenados por los cascotes. Los muros no se desplomaron». Según Irujo, «el lanzamiento de un total aproximado de 6000 bombas incendiarias en un área de menos de 1 km² con el potencial de elevar las temperaturas a más de 1500 grados centígrados provocó un fuego incontrolable». «Los que se acercaban a Guernica huyendo de Bilbao no podían creer lo que veían sus ojos en el cielo rojo-anaranjado, en la lejanía... Guernica era una ruina de fuego y de muerte», ha señalado Antony Beevor, quien cita el poema de Paul Eluard:

Testimonios thumb|Párrafo del artículo publicado por George Steer en The New York Times. Dice lo siguiente: «A las dos de la madrugada de hoy, cuando el que escribe visitó la ciudad, todo ella presentaba un espectáculo aterrador, en llamas de un extremo a otro. El reflejo de las llamas se podía ver en las nubes de humo que sobrevolaban las montañas, a diez millas de distancia. Durante la noche, las casas se derrumbaban, hasta que las calles eran largos montones de impenetrables ruinas rojas». El reportero Noel Monks fue el primero en llegar a Guernica y describió lo que vio:

Algunos de los reporteros fueron ametrallados, teniendo que refugiarse en una iglesia. Así lo relató Mathieu Corman:

El sacerdote Alberto Onaindía relató lo siguiente (otros sacerdotes también atendieron a los heridos, dieron la extrema unción a los moribundos o rezaron el rosario en los refugios o en las iglesias junto con las personas que se habían cobijado allí):