Fernando VI de España, llamado «el Prudente» o «el Justo» (Madrid, -Villaviciosa de Odón, ), fue rey de España desde 1746 hasta su muerte. Fue el cuarto hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya. Se casó en la Catedral de San Juan Bautista de Badajoz con Bárbara de Braganza en 1729, que fue reina de España hasta su muerte en 1758.
Fernando sucedió a su padre tras la muerte de este en 1746. Su reinado resultó notablemente pacífico, ya que evitó con éxito involucrar a España en cualquier conflicto europeo. Se iniciaron cambios moderados en la administración española, incluidas reformas de impuestos, impulso del comercio y la marina española, así como la prohibición de la masonería. Medida más tumultuosa fue un fallido encarcelamiento general de la población gitana, que afectó a 9000 personas.
Sin embargo, tras la muerte de la reina, el último año del reinado de Fernando estuvo marcado por su inestabilidad mental, al igual que su predecesor directo Felipe V. Tras el llamado «año sin rey», murió en un estado de incapacidad. A su muerte, fue sucedido por su medio hermano menor, Carlos III.
Príncipe de Asturias Cuando Fernando nació el 23 de septiembre de 1713 —siendo bautizado sin gran solemnidad en la iglesia franciscana de San Gil, el 4 de diciembre— tenía por delante en la sucesión al trono a dos hermanos mayores Luis y Felipe Pedro, nacidos en 1707 y 1712, respectivamente —un tercer hermano, mayor que él, había muerto en 1709 al poco de nacer. Pero cuando tenía seis años falleció Felipe Pedro, por lo que Fernando quedó el segundo en la sucesión tras el príncipe de Asturias, Luis, seis años mayor que él.
La infancia de Fernando estuvo marcada por el hecho de que su madre, la reina María Luisa Gabriela de Saboya, falleció a los cinco meses de su nacimiento, y de que su padre contrajo nuevas nupcias siete meses después de haber enviudado con la princesa del ducado de Parma, Isabel de Farnesio, que le dio seis hijos que prosperaron —el primero fue el infante Carlos nacido el 20 de enero de 1716. Así la nueva reina se preocupó más por la suerte y el futuro de sus propios hijos —dedicando todos sus esfuerzos en conseguirles en Italia un estado propio sobre el que pudieran reinar, lo que determinó en buena medida la política exterior de la Monarquía de Felipe V durante las décadas siguientes—, que por la de sus hijastros. Además, el rígido protocolo de la corte impedía el contacto directo de los príncipes con los reyes —ni comían juntos, ni asistían a actos oficiales con sus padres—, así que Luis y Fernando se comunicaban con su padre —y con su madrastra— a través de cartas escritas en francés, que era la lengua que utilizaba la familia.El 25 de agosto de 1716, festividad de San Luis, rey de Francia, fue bautizado solemnemente en la iglesia del Monasterio de San Jerónimo el Real de Madrid junto con sus hermanos Felipe y Carlos. Los padrinos de Fernando fueron Víctor Amadeo II de Saboya (entonces rey de Sicilia) y su esposa, Ana María de Orleans; representados respectivamente por el marqués de Morozzo, embajador del Rey de Sicilia en Madrid y la duquesa consorte de la Mirandola, María Teresa Spínola y de la Cerda.
En 1721, tras cumplir los siete años, el infante Fernando fue dotado de «cuarto aparte para que en él le sirvan y asistan sólo hombres, y para el cuidado de su persona, su asistencia y educación [el rey] ha resuelto nombrar al conde de Salazar, con el título de gobernador de la casa de S.A.». thumb|left|Retrato del infante Fernando cuando tenía diez años de edad, obra del pintor de cámara Jean Ranc (1723)|277x277px Lo que cambió definitivamente el destino del infante Fernando fueron los acontecimientos ocurridos en 1724, durante los cuales estuvo cerca de convertirse en rey a los diez años de edad. El 10 de enero de 1724 el rey Felipe V firmó un decreto por el que abdicaba en su hijo Luis, de diecisiete años, casado con Luisa Isabel de Orleans, dos años menor que él, pero Luis I de España reinó solamente durante ocho meses ya que a mediados de agosto enfermó de viruela y murió el 31. Al haber abdicado Felipe V, su sucesor tendría que haber sido Fernando pero la rápida actuación de la reina Isabel de Farnesio lo impidió. Isabel de Farnesio tuvo que hacer frente a ciertos sectores de la nobleza castellana que apoyaban la opción del príncipe Fernando argumentando que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un rey y le costó convencer al propio rey para que volviera a reinar, pero el 7 de septiembre de 1724, una semana después de la muerte de Luis I, Felipe V volvía a ostentar la Corona de la Monarquía de España, y Fernando era proclamado como el nuevo príncipe de Asturias y jurado el 25 de noviembre por las Cortes de Castilla, convocadas con tal fin.
Durante la mayor parte de los veintidós años en que fue príncipe de Asturias (1724-1746), Fernando y su esposa, la princesa portuguesa Bárbara de Braganza con quien se había casado en enero de 1728, vivieron aislados de la corte y con las visitas restringidas. La orden de 1733 de «esta especie de arresto domiciliario» de los príncipes, como la llamó el historiador Pedro Voltes, partió de la reina Isabel de Farnesio, que quería impedir que mantuvieran contactos con los grupos «casticistas» y «contestatarios» de la nobleza castellana y de la corte, que propugnaban una nueva abdicación de Felipe, cuya salud mental continuaba deteriorándose.
Así, el reglamento de la conducta del príncipe de Asturias aprobado en el verano de 1733 —poco después de la vuelta a Madrid de la corte después de deambular por Sevilla y otras poblaciones andaluzas durante los cinco años anteriores para intentar restablecer la salud mental y física del rey— determinaba que «don Fernando y doña Bárbara podrían ser visitados cada uno por sólo cuatro personas, cuyo nombre y cargo se indicaba. No podrían recibir a otros embajadores que los de Francia y Portugal. Los príncipes no debían comer en público ni salir de paseo ni ir a ningún templo o convento. [...] Se suprimió también la asistencia del príncipe al Consejo de Gobierno y todo despacho con él, y en especial cualquier trato con [el «primer ministro»] Patiño y los ministros, y, en suma, toda visita suya a sus padres».
Durante los últimos años de su reinado, la enfermedad mental y el deterioro físico de Felipe V se fueron acentuando —«hasta los pintores de cámara como Jean Ranc y Van Loo, habían tenido que reflejar la decrepitud del rey, hinchado y torpe, con las piernas arqueadas y la mirada perdida»—, hasta que en la noche del 9 de julio de 1746 murió de un ataque cerebrovascular. Apenas transcurrida una semana de la muerte de su padre, el nuevo rey Fernando VI ordenó a su madrastra, la reina viuda Isabel de Farnesio, que abandonara el palacio real del Buen Retiro y se marchara a vivir a una casa de la duquesa de Osuna, acompañada de sus hijos, los infantes Luis y María Antonia. Al año siguiente fue desterrada de Madrid y su residencia quedó fijada en el palacio de La Granja de San Ildefonso —cuando la reina viuda protestó por medio de una carta en la que le decía al rey que «desearía saber si he faltado en algo para enmendarlo», Fernando VI le respondió con otra misiva en la que decía: «Lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido».
El reinado
thumb|Grandes armas de Felipe V con manto real, cimera real de Castilla y el lema «A solis ortu usque ad occasum» (Desde la salida del sol hasta el ocaso), derivado de la famosa frase atribuida a Felipe II: «En mis dominios no se pone el sol», haciendo referencia a que el sol nunca se ponía en los territorios españoles, pues abarcaban los dos hemisferios. También se incluye la palabra Santiago, en referencia al Santo Patrón de España, Santiago el Mayor, y más concretamente al lema tradicional «Santiago y cierra España». Utilizadas por Fernando VI a la muerte de su padre. Cuando llegó al trono, España se encontraba inmersa en la guerra de sucesión austriaca, que terminó al poco tiempo (Paz de Aquisgrán, 1748) sin ningún beneficio para España. Al acceder al trono con poca noción sobre los asuntos públicos, comenzó tomando una serie de decisiones que resultan sorprendentes, decisiones que se asocian normalmente a Ensenada y Carvajal,José Luis Gómez Urdáñez, Fernando VI y la España discreta, prólogo de Carlos Martínez Shaw (Madrid: Punto de Vista Editores, 2019), pp 69 pero no sería correcto desconocer el papel que en ellas tuvieron tanto Fernando como la reina Bárbara de Braganza. En la toma de decisiones conjunta, Bárbara se mostró más decidida, tanto es así que muchas de las decisiones del rey debieron contar con el aprobado de la reina. Esta influencia de Bárbara de Braganza llegó hasta el punto de que en el resto de cortes europeas se comenzó a pensar que el rey era un «pelele de la reina» y que era el elemento que usaba su suegro, Juan V de Portugal, para influir en la corte de Madrid por medio de su embajador.
Comenzó su reinado eliminando la influencia de la reina viuda Isabel de Farnesio y de su grupo de cortesanos italianos. Establecida la paz, el rey impulsó una política de neutralidad y paz en el exterior para posibilitar un conjunto de reformas internas. Los nuevos protagonistas de estas reformas fueron el marqués de la Ensenada, francófilo; y José de Carvajal y Lancaster, partidario de la alianza con Gran Bretaña. La pugna entre ambos terminó en 1754 al morir Carvajal y caer Ensenada, pasando Ricardo Wall a ser el nuevo hombre fuerte de la monarquía.
El 30 de agosto de 1749, Fernando VI autorizó una persecución con el fin de arrestar y extinguir a los gitanos del reino,«Extinción de los gitanos», Gómez Alfaro, op. cit., pág. 73. conocida como la Gran Redada.
Mediante la ordenanza del 2 de julio de 1751 prohibió la masonería.Cronología antimasónica hasta 1962.
Los proyectos de Ensenada thumb|Fernando VI de España
Algunos de los más importantes proyectos durante el reinado fueron llevados a cabo por el marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Marina e Indias. Planteó la participación del Estado para la modernización del país. Para ello era necesario mantener una posición de fuerza en el exterior para que Francia y Gran Bretaña considerasen a España como aliada, sin que ello supusiera una renuncia de Gibraltar.
Entre los proyectos del marqués de la Ensenada encontramos:
El nuevo modelo de la Hacienda, planteado por Ensenada en 1749. Intentó la sustitución de impuestos tradicionales por un impuesto único, el catastro, que gravaba en proporción a la capacidad económica de cada contribuyente. Propuso también la reducción de la subvención económica por parte del Estado a las Cortes y al ejército. La oposición de la nobleza hizo que se abandonase el proyecto. La creación del Giro Real en 1752, un banco para favorecer las transferencias de fondos públicos y privados fuera de España. Así, todas las operaciones de intercambio en el extranjero quedaron en manos de la Real Hacienda, lo que beneficiaba al Estado. Se le puede considerar el antecesor del Banco de San Carlos, que se instituyó durante el reinado de Carlos III. El impulso del comercio americano, que pretendió acabar con el monopolio de las Indias y eliminar las injusticias del comercio colonial. Así se apoyó a los navíos de registro frente al sistema de flotas. El nuevo sistema consistía en la sustitución de las flotas y galeones para que un barco español, previa autorización, pudiera comerciar libremente con América. Esto incrementó los ingresos y disminuyó el fraude. Aun así, este sistema provocó muchas protestas en los comerciantes del sector privado.