El Imperio bizantino estuvo gobernado por emperadores de la dinastía heracliana entre los años 610 y 711. Los heraclianos presidieron un período de eventos catastróficos que marcaron un hito en la historia del Imperio y del mundo. Heraclio era el fundador de la dinastía homónima y era de origen armenio.
Al comienzo de la dinastía, la cultura del Imperio seguía siendo esencialmente la misma que la de la Antigua Roma, dominando buena parte del Mediterráneo y albergando una próspera civilización urbana de la Antigüedad tardía. Todo lo anteriormente nombrado fue finalmente destrozado por el desgaste de las sucesivas invasiones, que resultaron en grandes pérdidas territoriales, colapso financiero y plagas que despoblaron las ciudades, mientras que las controversias religiosas y las rebeliones debilitaron aún más el Imperio desde dentro.
Al final de la dinastía, el Imperio había desarrollado una estructura estatal muy diferente: Ahora conocida en la historiografía como Bizancio medieval, una sociedad principalmente agraria dominada por las fuerzas militares que estaban involucradas en una larga y constante guerra con el califato musulmán. Sin embargo, el Imperio durante este período también fue mucho más homogéneo, reduciéndose casi en su totalidad a los territorios centrales cuya población mayoritaria era de habla griega y fieles calcedonios, lo que le permitió apaciguar estas tormentas y entrar en un período de estabilidad bajo la dinastía sucesora de la Isauriana
La dinastía Heracliana recibió su nombre por el general Heraclio, quien, en 610, zarpó desde Cartago, derrocó al emperador ilegítimo Focas, que había llegado al poder gracias a un grupo de hombres influyentes de Constantinopla, y terminó siendo coronado él mismo como el nuevo emperador. En ese momento, el Imperio estaba envuelto en una guerra contra el Imperio sasánida, que en la década siguiente conquistó las provincias orientales del Imperio.
Después de una lucha larga y agotadora, Heraclio logró derrotar a los persas y restaurar el Imperio, solo para perder las provincias recientemente reconquistadas poco después, cuando sus fuerzas se toparon con las conquistas musulmanas. Sus sucesores lucharon por contener el avance árabe. El Levante y el norte de África fueron irrecuperables, a su vez, en un período de 674–678, un gran ejército árabe sitió a la misma ciudad de Constantinopla.
Sin embargo, el estado sobrevivió y el establecimiento del sistema Thema permitió conservar el corazón imperial de Asia Menor. Bajo la dirección de Justiniano II y Tiberio III se estabilizó la frontera imperial en las provincias de Oriente, aunque nunca cesaron las incursiones de ambos lados.
Al final del también se vieron los primeros conflictos con los búlgaros y el establecimiento de un estado búlgaro en las antiguas tierras bizantinas al sur del Danubio, que sería el principal problema del Imperio en Occidente hasta el .
Antecedentes derecha|miniaturadeimagen|300x300px|El Imperio Bizantino después de que Heraclio recuperó las Provincias Orientales de manos de los Sasánidas. Desde la caída del Imperio Romano Occidental, el Imperio Bizantino continuó viendo sus antiguas provincias en Europa Occidental como un territorio legítimo del Imperio. Sin embargo, solo Justiniano I se atrevería a hacer valer esta afirmación con poderío militar. El éxito temporal conseguido en Occidente se logró a costa de permitir el dominio persa en Oriente, donde los bizantinos se vieron obligados a pagar tributos monetarios para evitar la guerra.
Sin embargo, después de la muerte de Justiniano, gran parte de la Italia recién recuperada cayó en manos de los lombardos, y los visigodos pronto reducirían casi en su totalidad las posesiones imperiales en España. Al mismo tiempo, las continuas guerras con el Imperio Persa no trajeron una victoria concluyente. Sin embargo, en 591, la larga guerra terminó con un tratado favorable para los bizantinos, que les permitió anexar los territorios armenios. Así, tras la muerte del sucesor de Justiniano, Tiberio II, Mauricio buscó restaurar el prestigio del Imperio.
Aunque el Imperio había obtenido éxitos menores sobre los eslavos y los ávaros en batallas campales al otro lado del río Danubio, tanto la moral del ejército como la fe en el gobierno habían disminuido considerablemente. El malestar había asomado la cabeza en las ciudades bizantinas a medida que las diferencias sociales y religiosas se manifestaban en dos facciones, Azules y Verdes, que luchaban entre sí en las calles de las ciudades. Lo que finalmente derrumbó al gobierno fue la decisión de recortar el salario de las tropas en respuesta a los problemas financiers. El efecto combinado de una revuelta del ejército dirigida por un oficial subalterno llamado Focas y las grandes revueltas de los Verdes y los Azules obligaron a Mauricio a abdicar. El Senado aprobó a Focas como nuevo emperador y Mauricio, el último emperador de la dinastía de Justiniano, fue asesinado junto con sus cuatro hijos.
El rey persa Cosroes II respondió emprendiendo un asalto al Imperio, aparentemente para vengar al emperador Mauricio, quien previamente lo había ayudado a recuperar su trono. Focas ya estaba alienando a sus partidarios con su gobierno represivo (introduciendo la tortura a gran escala), y los persas pudieron capturar Siria y Mesopotamia en 607. Hacia el año 608, los persas acamparon en las afueras de Calcedonia, estando a la vista de la capital imperial, Constantinopla, mientras que Anatolia era completamente devastada por las incursiones persas. Para empeorar las cosas, el avance de las tribus ávaras y eslavas iba acercándose hacia el sur a través del Danubio y cada vez más hacia el territorio imperial.
Mientras los persas avanzaban en su campaña de conquistar las provincias orientales, Focas optó por dividir a sus súbditos en lugar de unirlos contra la amenaza de los persas. Quizás pensó que sus derrotas se debían a una retribución divina, Focas inició una campaña salvaje y sangrienta para convertir a la fuerza a todos los judíos del Imperio al cristianismo. Las persecuciones y la alienación de los judíos, un pueblo que estaba en primera línea de combate durante la guerra contra los persas, ayudaron a que estos impulsaran victorias a favor de los conquistadores persas. Cuando judíos y cristianos comenzaron a organizar matanzas de unos a otros, algunos optaron por huir de la carnicería hacia territorio persa. Mientras tanto, parece que todos estos los desastres llevaron al Emperador a un estado de paranoia, aunque es cierto que hubo numerosos complots contra su gobierno, las ejecuciones de ''enemigos internos'' se volvieron sistemáticas. Entre las personas que fueron ejecutadas se encontraba la ex emperatriz Constantina y sus tres hijas.
Heraclio
La caída de Focas derecha|miniaturadeimagen|Sólido del reinado de Heraclio, mostrando a su hijo Constantino III como coemperador. Debido a la latente crisis que enfrentaba el Imperio y que lo había sumido en el caos, Heraclio intentó arrebatarle el poder a Focas en un esfuerzo por salvaguardar la fortuna de Bizancio. A medida que el Imperio fue llevado a la anarquía, el Exarcado de Cartago permaneció relativamente ajeno al alcance de la conquista persa. Lejos de la autoridad imperial incompetente de la época, Heraclio el Viejo, el exarca de Cartago, junto a su hermano Gregorio, comenzó a reunir sus fuerzas para asaltar Constantinopla. Después de cortar el suministro de cereales a la capital desde su territorio, Heraclio comandó un ejército y una flota numerosa en 608 para restaurar el orden en el Imperio. Heraclio cedió el mando del ejército al hijo de Gregorio, Nicetas, mientras que el mando de la flota pasó al hijo de Heraclio, Heraclio el Joven. Nicetas llevó parte de la flota y sus fuerzas a Egipto, apoderándose de Alejandría a fines del 608. Mientras tanto, Heraclio el Joven se dirigió a Salónica, desde donde, después de recibir más suministros y tropas, navegó directamente hacia Constantinopla. Llegó a su destino el 3 de octubre de 610, donde no encontró oposición alguna al desembarcar frente a las costas de Constantinopla, los ciudadanos lo recibieron como su libertador.
Cuando Focas, ya capturado, fue entregado a Heraclio, tuvo lugar una interesante conversación:
El reinado de Focas finalizó oficialmente con su ejecución y la coronación de Heraclio por el Patriarca de Constantinopla dos días después, el 5 de octubre. Una estatua de Focas que se encontraba en el Hipódromo fue derribada y quemada, al igual que los colores de los Azules, la facción que apoyaba a Focas.
Primeros fracasos Después de haberse casado en una elaborada ceremonia y ser coronado por el Patriarca, Heraclio, con 36 años, se dispuso a cumplir su cometido como Emperador. La primera parte de su reinado arrojó una situación similar a la que tenía el reinado de Focas con respecto a todos sus problemas en los Balcanes. Los ávaros y los eslavos atravesaron el Adriático occidental, así como las partes sur y este del área del Egeo. Tanto así que su avance por Dalmacia hizo que consiguieran rodear varias ciudades bizantinas, Singidunum (Belgrado), Viminacium (Kostolac), Naissus (Niš), Serdika (Sofía) y acabaron por destruir Salona en 614. Sin embargo, numerosos intentos de tomar la ciudad de Salónica por parte de los eslavos y ávaros no tuvieron éxito, lo que permitió al Imperio conservar una ciudad que era vital para la región.
En 613, el ejército bizantino sufrió una aplastante derrota en la Batalla de Antioquía, permitiendo a los persas moverse libre y rápidamente por muchísimas vías. Esta ventaja adquirida por los persas provocó la caída de las ciudades de Damasco y Tarso, junto con Armenia. Más grave aún fue la pérdida de Jerusalén, que fue sitiada y capturada por los persas en tres semanas. Innumerables iglesias de la ciudad (incluido el Santo Sepulcro) fueron quemadas y numerosas reliquias, incluidas la Vera Cruz, la Lanza Sagrada y la Esponja Sagrada, objetos usados en el momento de la muerte de Jesucristo, estaban ahora en Ctesifonte, la capital Persa. Los persas mantuvieron su posición en las afueras de Calcedonia, no muy lejos de la capital, y la provincia de Siria estaba en un caos total.
A pesar de los esfuerzos anteriores de Nicetas, Egipto también fue conquistado, lo que resultó en una pérdida significativa de mano de obra, suministros de alimentos e ingresos de los impuestos. Sin embargo, la situación no era del todo desesperada para los bizantinos. Las murallas de Constantinopla eran tan resistentes y estaban tan bien defendidas como siempre, y Heraclio todavía tenía una flota naval muy grande, mejor entrenada y con mejor armamento que cualquiera de sus oponentes "bárbaros" (especialmente los eslavos y los ávaros). Los persas no poseían ni un barco en el Bósforo y, por lo tanto, les era imposible sitiar la ciudad de manera efectiva.
La contraofensiva bizantina izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|El río Arsanias, actualmente conocido como el río Murat, en Turquía.