La «Historia de Aragorn y Arwen» (en inglés, The Tale of Aragorn and Arwen) es un relato contenido en uno de los apéndices de la obra de J. R. R. Tolkien El Señor de los Anillos. Narra el amor del mortal Aragorn y la inmortal Arwen, una peredhil o medio elfa, desde su primer encuentro, su compromiso y su matrimonio, hasta las circunstancias de sus fallecimientos. Considerado por Tolkien como un relato «realmente esencial para la historia», se diferencia de los apéndices no narrativos porque prolonga la historia principal de la obra literaria, que de esta forma abarca hechos anteriores y posteriores; por eso no encaja en el texto central. El autor también comentó que otra razón para excluirlo es que su obra está narrada desde el punto de vista de los hobbits.
Este relato tiene algunos paralelismos con «La historia de Beren y Lúthien», ambientada en una era anterior de la Tierra Media. Este hecho genera la sensación de profundidad histórica, en lo que los académicos consideraron un tratamiento similar al Infierno de Dante Alighieri. Algunos de los temas del cuento, mencionados por los especialistas, son la naturaleza del amor y la muerte, el porqué de la historia, su importancia y por qué fue relegada a un apéndice, la delgada línea entre el relato y la Historia, el balance entre una cristiandad abierta y el paganismo de sus personajes, y la paradoja de que si bien Tolkien era católico y su obra sigue esa religión, las sociedades de la Tierra Media carecen de religiones propias. Se ha mencionado que al dejar esta historia para un apéndice, la trama de El Señor de los Anillos queda privada de gran parte de su interés amoroso, y entonces el énfasis queda puesto en la acción.
Contexto
La historia de Aragorn y Arwen se publicó en 1955, como la quinta sección de la primera parte del apéndice A del tercer tomo de El Señor de los Anillos, El retorno del rey. El argumento se sitúa en la Tercera y Cuarta Edad del universo ficcional de Tolkien, la Tierra Media. En el libro no se presentan con gran detalle las relaciones de Aragorn, excepto por una breve interacción con Éowyn, la dama de Rohan; Arwen casi no tiene diálogos y aparece en pocas ocasiones, hasta su casamiento al final de la obra. En una carta fechada el 6 de abril de 1955 para el editor Rayner Unwin, Tolkien afirmó que la historia era la única parte de los apéndices que era «realmente esencial para la historia». Los editores quisieron omitir completamente los apéndices en la primera edición en sueco, Sagan om ringen (1959-1961), pero el autor insistió en conservar la «Historia de Aragorn y Arwen», y aseguró que es «esencial para entender el texto principal en muchos pasajes»; por ello se conservó el relato, junto con el apéndice D. La primera edición en un único volumen de El Señor de los Anillos, que se publicó en 1968, descartó todos los apéndices, «excepto el de Aragorn y Arwen».
Christopher Tolkien, el hijo y albacea literario de J. R. R. Tolkien, describió el proceso de escritura de esta historia en el duodécimo y último volumen de su colección La historia de la Tierra Media. A partir de los manuscritos inéditos y los borradores de su padre, rastrea la evolución a través de varias versiones e historias enmarcadas, entre las que se cuentan «un experimento abandonado de insertarla en [una] historia del Reino del Norte», aunque concluye que «el plan original para la historia de Aragorn y Arwen se perdió». Las páginas del manuscrito original del diálogo de Arwen y Aragorn en el lecho de muerte de este último dan cuenta de que esta escena clave permaneció casi sin cambios con respecto a la versión publicada, y que fue redactada a gran velocidad.
Marco
En el legendarium de Tolkien, el marco implica que la historia de Aragorn y Arwen fue escrita por Barahir, el nieto de Faramir y Éowyn, y que una versión abreviada del relato se incluyó en la copia que hizo Findegil del Libro de Thain. El especialista en Tolkien Giuseppe Pezzini mencionó que «el marco metatextual [...] está adecuadamente en armonía con el texto a través de mecanismos formales; los apéndices están plagados de glosas de los escribas, notas posteriores y referencias editoriales, pensadas para coincidir con la historia textual que se detalla en los Archivos de la Comarca». Christine Barkley, una académica cuyas áreas de estudio son la lengua inglesa, la literatura y el cine, analizó el narrador y la focalización de la historia, y concluyó que la mayor parte del relato fue narrada por Aragorn.
Argumento
Durante una visita a Rivendel, Aragorn canta el Lay de Lúthien, la canción que cuenta la historia de una doncella élfica inmortal de la primera edad, que se casa con un hombre, Beren, y por ende, elige vivir como una mortal. Durante su canto, «Lúthien caminaba ante sus propios ojos en Rivendel»: ve a Arwen en el bosque y la llama Tinúviel, como Beren había hecho con su amada. Arwen revela que aunque no parezca mayor que él, en realidad tiene muchos años, ya que posee «la vida [inmortal] de los Eldar». Él se enamora de ella, pero Elrond el medio elfo, el padre de Arwen, sabe sin que le cuenten todo lo que había pasado, y por eso le anuncia a Aragorn que «un gran destino» lo espera: o bien, ser el mayor de su linaje desde Elendil, o caer en la oscuridad y no comprometerse con otra mujer hasta que haya demostrado ser digno. En respuesta, con «el don de adivinación de los de su estirpe», profetiza que el tiempo de Elrond en la Tierra Media está llegando a su fin y que Arwen tendrá que elegir entre su padre o permanecer en su lugar de nacimiento.
Aragorn y Arwen vuelven a encontrarse treinta años más tarde en Lothlórien; allí Galadriel «lo vistió de plata y de blanco, con un manto gris élfico y una gema brillante en la frente», con la apariencia de un señor de los elfos. Arwen luego lo ve y toma su decisión. Ambos se dirigen a la cima de Cerin Amroth, desde donde pueden ver la Sombra en el este (es decir, Mordor) y el Crepúsculo (hacia donde partirán los elfos) en el oeste, y se comprometen. Elrond le comunica a Aragorn que solo podrá casarse con su hija cuando sea rey de Gondor y Arnor, los antiguos reinos del sur y el norte de la Tierra Media.
Más tarde, Aragorn ayuda a la Compañía del Anillo y a las fuerzas del oeste para ganar la Guerra del Anillo contra los ejércitos de Mordor. En la Batalla de los Campos del Pelennor, despliega el estandarte de Arwen y es saludado como rey por el pueblo de Gondor. El Anillo Único es destruido, lo cual elimina el poder de los tres anillos élficos, entre los que se incluyen el de Elrond. Aragorn se convierte en rey de Gondor y Arnor, y en ese verano, él y Arwen se casan en Minas Tirith. Así concluye la Tercera Edad y Elrond parte de la Tierra Media para no regresar. Él y Arwen quedan separados por el mar y por «un destino más allá del fin del mundo».
Los esposos viven juntos como rey y reina de Gondor y Arnor por «ciento veinte años de gloria y ventura». Luego, con doscientos diez años y con el peso de su edad, Aragorn elige abandonar la vida antes de «caer del trono achacoso y decrépito». En el episodio que sigue, Aragorn y una dolida Arwen conversan sobre la naturaleza de la muerte y las consecuencias de la elección que ella hizo. Aragorn se tiende en el lecho de la «Casa de los Reyes en la Calle del Silencio» y luego de entregar la corona de Gondor y el cetro de Arnor a su hijo Eldarion, dice su último adiós a Arwen y muere, aunque su cuerpo permanece en una «gloria radiante». Arwen «aún no estaba cansada de los días y ahora sentía el sabor amargo de la mortalidad que ella misma había elegido». La luz élfica desaparece de sus ojos y deja Gondor para irse a Lothlórien, ya abandonada, dado que sus gobernantes Galadriel y Celeborn se habían ido de la Tierra Media. Luego vaga entre los mellyrn mientras sus hojas caen, y se convierte en la última elfa viva de la Tierra Media; finalmente muere de vejez, como Lúthien.
Recepción Ausencia de religiones
Tom Shippey, medievalista y especialista en literatura anglosajona y su uso en el género fantástico, analizó la historia debido a lo que ofrece para comprender el delicado balance entre un cristianismo declarado y el hecho de que sus personajes sean paganos, un término que Tolkien utiliza escasamente. El crítico menciona que tanto Aragorn como Arwen son paganos, aunque «él es notablemente virtuoso [...] sin siquiera las faltas de Théoden, y presiente su muerte como un santo [cristiano]». También observa que Arwen no tiene consuelo; no encuentra nada luego de la muerte, y rechaza las palabras finales de su esposo: «No estamos sujetos para siempre a los confines del mundo, y del otro lado hay algo más que recuerdos. ¡Adiós!». Shippey comenta que Arwen no queda confortada por estas palabras, y de hecho, no se observan en la historia las consolaciones tradicionales de las religiones. También menciona que Tolkien afirmó en una carta dirigida a un sacerdote jesuita que dejó de lado la religión en El Señor de los Anillos porque «queda absorbida en la trama y en el simbolismo». Carpenter, Humphrey, ed. (1981), The Letters of J. R. R. Tolkien, Boston: Houghton Mifflin, #142, p. 172, ISBN 0-395-31555-7
Shippey explica que Tolkien, un católico apostólico romano devoto, «pensó o tuvo la esperanza de que Dios tuviera también un plan para [los buenos paganos], anteriores al cristianismo», para que los héroes como Aragorn fueran al Limbo en vez del Infierno. La historia contiene además otra escena de muerte: la de Gilraen, la madre de Aragorn. Ella tampoco queda confortada por la mención de Aragorn de «una luz más allá de las tinieblas», una frase que Shippey considera que puede ser la esperanza de la salvación, o simplemente la esperanza de ganar la Guerra del Anillo. En cualquier caso, el académico considera que la historia parece contener la creencia religiosa más profunda mencionada explícitamente en la Tierra Media, que hace que resulte en la ausencia de una religión, pero a la vez crea «la paradoja de una obra "fundamentalmente católica" que no menciona a Dios ni una vez».
En su estudio sobre la muerte y el morir en El Señor de los Anillos, Amy Amendt-Raduege afirma que el fallecimiento de Aragorn «sigue paso a paso el proceso descrito en el Ars moriendi», que detalla los preceptos cristianos sobre el buen morir, es decir, «la aceptación de la muerte, el rechazo de la tentación, el abandono de los bienes mundanos y el adiós final para la familia, y la afirmación final de la fe». La autora describe la muerte del personaje como «una de las escenas más conmovedoras de la historia».
Relegación del final