Alonso Carrió de la Vandera (Gijón, 1715-Lima, 1783),Según otras fuentes, la fecha de nacimiento sería la de 1716. Según señala Luis Antonio Alías: "Alonso Carrió de la Vandera, un alto funcionario de Correos gijonés del rodeado de enigmas, al igual que su obra fundamental. El primero, el que rodea a su fecha de nacimiento, aunque la que más se repite es 1716" (artículo de Azahara Villacorta aparecido en el diario El Comercio, 29 de mayo de 2016). también conocido como La Vandera, fue un alto funcionario, escritor, comerciante, viajero y cronista de Indias español, que pasó la mayor parte de su vida en el Virreinato del Perú, donde durante varios años fue administrador del Correo Real. Utilizó el seudónimo de Concolorcorvo como autor de El lazarillo de ciegos caminantes, del cual hizo aparecer como autor a su propio amanuense, el inca Calixto Bustamante Carlos, que era el lazarillo o guía de La Vandera.

Biografía Nació en el puerto de Gijón, Asturias, en una fecha imprecisa entre 1715 y 1716. Fue hijo de Justo Carrió y de Teresa Carreño de Argüelles. No se conoce nada de sus veinte primeros años, hasta que en 1736 decide marcharse a la Nueva España. Según datos suministrados por Pablo Macera "debió inducirle a ello la exigua herencia de sus padres", lo que podría explicar su relativa llegada a las Indias occidentales como su posterior dedicación al comercio. En la Nueva España permaneció durante diez años, cinco de los cuales en la Ciudad de México como comerciante probablemente de metales en efecto de Castilla. Debió visitar Guatemala, Santo Domingo y Puerto Rico, como se desprende de su Plan de Gobierno del Perú. En 1746 se hallaba en el virreinato del Perú, fijando su residencia allí y también combatiendo contra las incursiones inglesas. En 1750 se casó en Lima con Petronila Matute de Vargas y Melgarejo, con la que posteriormente tuvo una hija. En 1767 acompañó a los jesuitas cuando estos fueron expulsados de los dominios españoles y en 1771 recibió el cargo de visitador de correos en el extenso tramo que media entre las ciudades de Lima y Buenos Aires.

Traslado al Perú Entre 1752 y 1757 asumió el cargo de corregidor de Chilques y Masques en la jurisdicción de Cuzco. Posteriormente, ejerció los puestos de alcalde mayor de Minas y subdelegado de Bienes de Difuntos en Cuzco. Con motivo del estallido de la Guerra de los Siete Años entre España e Inglaterra, en 1762 se alistó en el Regimiento de Caballería de Nobles de Lima. En 1767, el virrey Manuel de Amat y Junient le confió la conducción hacia Europa de doscientos jesuitas expulsados del reino en el navío de guerra El Peruano. Aprovechando la circunstancia de hallarse en España, dirigió un memorial al contador de la Real Renta de Correos, Miguel de San Martín Cuetos y Cifuentes, para solicitarle un cargo o comisión dentro de los correos de América. Como resultado de esta gestión, el 12 de enero de 1771, el ministro marqués de Grimaldi le otorgó el título de comisionado para la reorganización de las postas de Buenos Aires a Lima, que incluía las jurisdicciones de Montevideo, Córdoba, Tucumán, Salta, Potosí, La Paz y Cuzco. Las instrucciones particulares le obligaban a actuar en coordinación con el administrador general de los correos del virreinato, José Antonio de Pando.

La labor de Carrió como comisionado de postas inspiró la obra que le ha dado fama en la literatura colonial: El lazarillo de ciegos caminantes (1776).

Propuestas políticas La propuesta política más significativa que hizo Carrió incluyó la intensificación de la agricultura, así como un impuesto único para españoles e indios, como medio para unificar estos grupos sociales. Es interesante constatar la actitud del autor con respecto a la figura del curaca, pues propuso abolir sus títulos como tales, argumentando que los caciques siempre estaban detrás de las revueltas indígenas y los asesinatos de los corregidores. Con respecto a los mestizos, propuso un acercamiento entre ellos y los españoles “para que así unidos y en buena armonía podamos rechazar y aún subordinar al numeroso populacho de que estamos por necesidad rodeados”.

Dejó inédito un manuscrito sobre el estado de los corregimientos del Perú, en el que proponía un nuevo sistema de gobierno administrativo a partir de la división del virreinato en repúblicas o provincias.

Caída en desgracia En 1773 estalló la disputa jurisdiccional entre Carrió y el administrador general de Correos, Pando, al oponerse éste a que Carrió hiciera la visita de la administración de Lima. El virrey Manuel de Amat y Junient intervino en la disputa y autorizó tal visita por decreto firmado en noviembre de 1773. El virrey Manuel de Guirior le ascendió el 15 de enero de 1777 al cargo de contador interventor de la administración de Correos de Lima. En ese mismo año, Carrió quiso publicar sin licencia real un Manifiesto sobre el estado de los correos en el que culpaba a Pando de su decadencia. Ante la denuncia de este hecho, el virrey Guirior ordenó la inmediata confiscación del escrito en la imprenta, puso en prisión al autor y abrió un proceso judicial contra él. Aunque el dictamen de la Audiencia fue favorable al acusado, en Madrid el conde de Floridablanca, una vez enterado de los acontecimientos por el virrey, aconsejó a la Dirección General de la Real Renta de Correos la inmediata jubilación de Carrió, que se hizo efectiva el 26 de septiembre de 1778. Poco se sabe de sus últimos años de vida. Su esposa falleció en 1781 y dos años más tarde, Carrió, a los sesenta y siete años, murió en Lima.

Personalidad El Concolorcorvo como autor de El lazarillo de ciegos caminantes presentaba mayormente las actitudes de un mestizo promedio de la época, con rasgos como: retozonería, desenvolvimiento, buen humor (con gran uso de la chacota) y la viveza o picardía. En contraste con los rasgos que presentaba un indio promedio de la época (tímidos, melancólicos, mansos, resignados con el destino y manipulables por la economía de la palabra). Además de que en su obra le encantaba usar el costumbrismo literario, desarrolló un carácter filo-hispanista al grado de que incluso apoyó una política lingüística que promoviera el castellano en detrimento del idioma del indio. Esto último contrastaba con la nostalgia de Inca Garcilaso de la Vega, que buscaba preservar toda la memoria indígena dentro del Imperio español (al grado de idealizar en extremo al Incanato). Por su parte, Concolorcorvo se ponía a denigrar la forma de vida y organización social de los incas, llegando a criticar duramente a sus antepasados de la Casa real incaica (como Atahualpa, a quien califica de incompetente militar, tirano y traidor). Pese a ello, igual reivindicaría su linaje incaico por el gran honor que este representaba en la sociedad española, pero prefiriendo siempre calificarse como indio neto.

Obras El lazarillo de ciegos caminantes

miniatura|Portada de El lazarillo de ciegos caminantes Su principal obra fue el libro titulado El lazarillo de ciegos caminantes (título completo: El lazarillo de ciegos y caminantes desde Buenos Aires hasta Lima). En dicha obra, el relator (en primera persona) es un viajero que narra en modo documental el prolongado y lento viaje en carreta, previa etapa en Montevideo, desde la ciudad de Buenos Aires hacia el Alto Perú, pasando por Córdoba, Santiago del Estero, San Miguel del Tucumán, Salta, Jujuy y Tarija. La narración documental pierde su continuidad (o el texto prosiguiente está perdido) al entrar en el Alto Perú.

Ambos personajes principales, ficticios y a la vez reales, son amigos. La Vandera es un europeo idealista y "Concolorcorvo" un indígena pícaro y crítico. El viaje duró dos años y recorrieron en mula un trayecto de 946 leguas. Se trata de un libro de viajes, aunque algo heterodoxo, porque oscila entre el documento sociológico y la creación literaria, e igualmente hay informes estadísticos, chismes, anécdotas, diálogos y sátiras contra españoles, franceses y mexicanos, además de cuentecillos. Este libro de viajes tiene consejos a los viajeros y descripción de lugares; pero también se describen personas y reflexiones sobre los estratos sociales, se enumeran las costumbres y vestuarios y se comparan las ciudades y los caracteres nacionales, principalmente entre el Perú y México. Por último, se examinan los prejuicios contra los indios, la inferioridad de los criollos, la justificación de la Conquista y la defensa de la Colonia como institución.

El texto resulta valioso, ya que aporta información cultural, geográfica, histórica y económica de un extenso territorio —con el típico y ameno carácter de la literatura de viajes—, señalando observaciones que siempre resultan (por el estilo) novedosas, sobre aspectos relevantes del territorio recorrido en su época; por ejemplo, señala la relativa pobreza arquitectónica de la ciudad de Buenos Aires, la opulencia alcanzada por ciertos sectores de la sociedad cordobesa, la función de milicianos de frontera que cumplían las tropas reunidas por el cabildo de Santiago del Estero, lo propicio para la agricultura de la zona de San Miguel del Tucumán, la belleza de las mujeres de Salta, las cuales, empero, solían padecer de bocio (esto por el agua carente de yodo que bebían), o la presencia de gauderios en las zonas de Jujuy y Tarija, los cuales, en opinión de La Vandera, eran «soeces» y demasiado liberales, hecho que hacían notar con mucha efusividad en sus canciones improvisadas (payadas), cantadas de igual a igual por hombres y mujeres.

Su título trasciende a novela picaresca y se prolonga en un enunciado de materias, cifra o esquema de su contenido principal. «El Lazarillo» describe «los itinerarios de Buenos Aires a Lima, según puntual observación» y brinda «noticias útiles a los nuevos comerciantes que tratan en mulas».

En la portada del libro consta que fue publicado con licencia real en Gijón en 1773, pero quienes lo han estudiado coinciden en que se imprimió en Lima y circuló a partir de 1775. La paternidad de El lazarillo de ciegos caminantes también provocó una polémica al sostenerse durante el y principios del que quien la firmaba con el seudónimo de Concolorcorvo era el inca Calixto Bustamante Carlos. Los estudios de Rubén Vargas Ugarte y de Marcel Bataillon confirmaron a La Vandera como su definitivo autor. En todo caso, corresponde tener en cuenta ciertas notas estilísticas (que ya se trasuntan en el título, que evoca el Lazarillo de Tormes) semejantes a la literatura picaresca.

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