thumb|300px|Escudo de España durante el franquismo, que incorpora la cartela con el lema «Una Grande Libre», junto con otros motivos heráldicos que añaden a los del escudo tradicional de España (armas de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, y las columnas de Hércules con la cartela Plus Ultra) otros tomados del escudo de los Reyes Católicos: el águila de San Juan y el yugo y las flechas que también tomó la Falange (los reyes los habían adoptado por coincidir con las iniciales de Ysabel y Fernando). Véase Simbología del franquismo.
Los lemas del franquismo son los lemas con los que se resumía la ideología de la dictadura franquista, que, aunque tuvo distintos componentes (tradicionalismo, nacionalcatolicismo, militarismo o nacionalsindicalismo), utilizaba especialmente en sus movilizaciones populares la ideología falangista, muy adecuada para su plasmación en lemas, ya que mostraba una cierta aversión a los programas políticos y se planteaba como más partidaria del irracionalismo, la acción y la simplificación.La historiografía ha discutido cuáles fueron sus rasgos más característicos. Para Stanley Payne, sus ideas vagas y confusas (PAYNE, Stanley (1965) Sobre Falange Española. París: Ruedo Ibérico). Para S. Ellwood, el nacionalismo, el imperialismo y el irracionalismo. S. ELLWOOD (1984): Prietas las filas. Historia de la Falange Española, 1933-1985. Grijalbo (citados en ) Las ideas de Ellwood son citadas más extensamente en este texto universitario:
Hay intentos más sistemáticos en concreto sobre el irracionalismo de Falange:
Aunque tuvieron su origen en la actividad de distintos partidos e intelectuales nacionalistas de derecha durante la Segunda República Española, la utilización de estos lemas se generalizó y demostró su mayor eficacia como elemento propagandístico, movilizador y conformador de la mentalidad del bando sublevado durante la guerra civil española (1936-1939), y fueron constantemente usados como gritos patrióticos durante el franquismo (1939-1975).
Además de la victoria militar, fue un decisivo éxito propagandístico del bando «sublevado» o «franquista» la identificación con el término «nacional» y con el mismo concepto de España, prolongado durante su larga permanencia en el poder en ausencia de todo cuestionamiento público, más allá de la oposición clandestina.José Álvarez Junco: Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX (Premio Nacional de Ensayo 2002), y conferencias en la Fundación Juan March sobre el mismo asunto. En el interior del régimen tampoco había una ciega adhesión a semejantes simplificaciones, como probó el libro España como problema, del intelectual falangista Pedro Laín Entralgo, contestado desde la más rígida ortodoxia por Rafael Calvo Serer, con su España sin problema (ambos en el año 1949; véase Ser de España), pero esta última era la única postura posible si lo que se quería era mantener algún grado de participación en el poder: «adhesión inquebrantable», como dejaba claro Luis Carrero Blanco, refiriéndose al propio Franco y todo lo que este encarnaba:
Como reacción, desde la Transición, no solo se abandonaron los lemas y símbolos franquistas, sino que también decayó el uso de los símbolos nacionales españoles, e incluso la misma referencia a «España» fue sustituida muy frecuentemente por eufemismos (como «este país», expresión ya existente en tiempos de Larra),La Revista Española, 30 de abril de 1833, Proyecto Mariano José de Larra en Internet mientras los de los nacionalismos periféricos proliferaban.Antonia María RUIZ JIMÉNEZ: «¿Y tú de quién eres? Identidad europea y lealtad a la nación»
¡Una, grande y libre! «¡Una, grande y libre!» consiste en una simplificación nacionalista del concepto de España, que la define como: «Indivisible», negando la posibilidad de cualquier separatismo o incluso descentralización territorial; «Imperial», por el imperio perdido en América y el que se quería construir en África. «No sometida a influencias extranjeras», en referencia a la conspiración judeo-masónico-marxista internacional, concretada en la Unión Soviética, en la Comunidad Europea (las democracias europeas), en los Estados Unidos (hasta los acuerdos de 1953) o el enemigo exterior que tocara en cada momento, así como en la larga lista de elementos del interior que se calificaran de antiespañoles, rojos, separatistas, liberales (véase represión política en España).
Interpretación. La tríada thumb|300px|Monumento a Eugenio D'Ors en Madrid, que contiene inscripciones con fragmentos de su obra, muchas de ellas referentes a lemas del franquismo. No es casual la elección del número tres, de claro simbolismo teológico (la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo), que implícitamente compara a España con las notas definitorias de la Iglesia, que es «Católica, Apostólica y Romana» (romana, es decir, una, apostólica, es decir escogida —jerárquica— y católica, es decir universal).Eugenio D'Ors, en un texto muy lapidario que aún puede verse en letras de grandes dimensiones (todas mayúsculas y con uso de «V» por «U», como en la epigrafía clásica) ante la Puerta de Velázquez del Museo del Prado, frente al Edificio de los Sindicatos Verticales que ahora es Ministerio de Sanidad: El texto se recoge en Monumento a Eugenio d'Ors (Madrid). Estas comparaciones han de entenderse en el contexto del nacionalcatolicismo, componente esencial de la ideología franquista aunque no de la falangista (a veces incluso su rival), aunque esta sí lo utilizaba como recurso retórico.
La expresión de un concepto que se pretende sublimar en un «lema trinitario» es muy habitual en la Historia, y se ha relacionado en alguna ocasión con los pueblos indoeuropeos, que organizaban en tríadas sus dioses y divisiones sociales, de un modo similar a la división en estamentos de la sociedad medieval y del Antiguo Régimen.La tríada indoeuropea en un estudio que cita como fuente a G. DUMÉZIL (1952): Les Dieux des Indo-Européens, París, Editado en español por Seix-Barral Lemas trinitarios son también el de la Revolución francesa «Liberté, égalité, fraternité» y algunos otros, como el de la República Dominicana («Dios, Patria y Libertad»),Los símbolos patrios de la República Dominicana. y en el ámbito ideológico de la derecha española, el del carlismo («Dios, patria, rey»).
Superando la categoría de lemas, como forma triádica de organización de categorías pueden citarse las también falangistas «unidades naturales de la vida política» («Familia, Municipio y Sindicato»). En un mundo intelectual opuesto, el sistema hegeliano (tesis-antítesis-síntesis) o tríada dialéctica. En ocasiones se ha identificado esas estructuras triádicas con un determinado modo —«occidental» o «patriarcal»— de entender el mundo, que contrastaría con otro tipo de estructura mental —bien sea «matriarcal», bien «oriental» (yin y yang). thumb|300px|Muro exterior de la Catedral de Cuenca, con una placa en homenaje a los «Caídos por Dios y por España». thumb|300px|Muro exterior de la iglesia de Ferreruela en Zamora, que posee una placa en homenaje a los «Caídos por Dios y por la Patria».
Utilización Normalmente el grito se utilizaba como respuesta coral de la multitud al final de un discurso, en un juego efectista y rutinario que cerraba el acto y permitiría la ulterior dispersión de la audiencia, hasta el punto de que la entonación de los gritos era conocida como «los gritos de ritual» —sin más— en las reseñas de prensa de la época y en los documentos oficiales. Lo que puede compararse al diálogo de un predicador carismático con la congregación que le responde «¡Amén!». El dirigente terminaba gritando tres veces: «¡España!», y la audiencia le respondía a cada uno de los tres gritos sucesivamente «¡Una!», «¡Grande!», «¡Libre!». Después el dirigente gritaba: «¡Arriba España!», respondiendo la audiencia: «¡Arriba!». Muy frecuentemente se recordaba con otro grito a «¡José Antonio!», respondiéndose «¡Presente!», luego a todos los «¡Caídos por Dios y por España!», respondiéndose también «¡Presente!». También se solía añadir «¡Viva Franco!», a lo que la audiencia respondía «¡Viva!», o bien, si el acto era lo suficientemente exaltado, y estaba presente Franco se repetía «¡Franco, Franco, Franco!», rítmicamente y sin fin.
Es de señalar que José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, era llamado «el Ausente» desde su detención y posterior fusilamiento en 1936, como trágica negación a aceptar su muerte, lo que, más prosaicamente, permitió a Franco no sustituirle por nadie en la jefatura de Falange, cosa que en la práctica le consolidó como único Jefe.
A su vez, la expresión «Caídos por Dios y por España» encabezaba las placas de homenaje colocadas al final de la Guerra Civil, en miles de lugares seleccionados para cumplir funciones de «espacios de la memoria», en la mayor parte de las veces, la iglesia principal de la localidad. Bajo distintos símbolos, habitualmente una cruz y el yugo y las flechas, incluían una lista encabezada en todos los casos por José Antonio Primo de Rivera y continuada por los nombres de los muertos pertenecientes al «bando nacional» de la localidad. Solía terminarse con un marcial «¡Presentes!».
Origen El origen del grito «¡Una, grande y libre!» se suele remontar al 18 de julio de 1932 (curiosamente, exactamente cuatro años antes del comienzo de la guerra civil española),Gustavo Morales, op. cit. cuando un artículo que proponía ese lema se publicó en el número 58 de la revista Libertad, de Onésimo Redondo (creador de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, luego integradas en Falange, junto con Ramiro Ledesma, que había editado otra revista de orientación fascista: La Conquista del Estado, y al que según otras fuentes se atribuye la autoría del lema; bien él mismo, bien su más cercano colaborador, Juan Aparicio).«Ramiro Ledesma, un precursor del nacionalsindicalismo» , originalmente en Forja, n.º 3, 15 de octubre de 1969. En esta otra descripción de los «cuarteles y símbolos» del escudo de España en la época de Franco, el lema también se atribuye a Ramiro Ledesma, y se da una justificación de sus tres partes:
La atribución a Juan Aparicio, en filosofia.org Terminaba con esta frase:
En realidad, en el número 49 de la misma revista (16 de mayo de 1932) ya se explicitaba el grito:
Según algunas fuentes, el grito «España una» había sido ya usado por Onésimo Redondo el 11 de abril de 1932 en las calles de Valladolid para provocar un enfrentamiento con la policía, que terminó a puño y pistola con otro grupo rival: En el mismo año 1932, Onésimo Redondo participó en el golpe de Estado frustrado del General Sanjurjo (10 de agosto de 1932) y se exilió en Portugal, desde donde siguió colaborando en otra revista de la misma orientación, continuación de Libertad, que se llamó Igualdad.Biografía de Onésimo Redondo en Vallisoletanos
Una patria, un estado, un caudillo