Las lenguas de México son los idiomas (y sus variedades lingüísticas) hablados de manera estable por quienes habitan el territorio mexicano. Aunque el idioma español representa la mayoría lingüística, en México se hablan alrededor de setenta idiomas autóctonos. Aunque casi todos caen en uno de los 8 grupos relacionados, la mayoría de los 3 siguientes:
En el grupo yutonahua está el idioma más hablado después del español; el náhuatl, con aproximadamente dos millones de hablantes, representan más de la mitad del grupo. En el grupo mayense, tres idiomas pasan de medio millón de hablantes: el maya yucateco, el tseltal y el tsotsil. En el grupo otomangue, hay dos idiomas que rodean el medio millón de hablantes: el mixteco y el zapoteco.
Cada idioma tiene sus respectivas variantes lingüísticas o dialectos, de los cuales se cree que se siguen hablando alrededor de trescientas sesenta y cuatro, en el año 2020. No existe un único idioma oficial establecido, el español y los 68 idiomas indígenas del país tienen reconocimiento como lenguas oficiales de México con el mismo valor ante la ley. Aunque de acuerdo al último censo del INEGI del 2020, solo no hablaban español en el país, lo que equivale al 0.6 % de en total del país.
La gran cantidad de lenguas que se hablan en el territorio mexicano hacen del país uno de los más ricos en diversidad lingüística en el mundo. Conforme al artículo 4.º de la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, publicada el 15 de marzo de 2003, las lenguas indígenas de México y la lengua española se declararon «lenguas nacionales» por su carácter histórico, por lo que cuentan con la misma validez en todo el territorio mexicano.
Durante el periodo virreinal se mantuvieron estas variedades lingüísticas, consolidándose el español como la lengua predominante entre las clases altas y el náhuatl como lengua franca.
A partir de la independencia de México, se planteó la necesidad de castellanizar todos los pueblos indígenas, pues se veía en la diversidad lingüística una dificultad para integrarlos a la sociedad nacional. Hasta el , la única lengua de enseñanza y de la administración era el español; los primeros intentos de alfabetización en lenguas indígenas tenían por objeto que los educandos aprendieran a escribir para después continuar el proceso educativo exclusivamente en español.
La población hablante de cada una de las lenguas nacionales de México no es conocida con precisión. El Censo de Población y Vivienda de 2010, realizado por el INEGI, señala que alrededor de seis millones de personas hablan una lengua indígena, pero el dato corresponde solo a personas mayores de cinco años. La población étnica indígena fue calculada por la CDI en 12,7 millones de personas en 1995, lo que equivalía al 13,1 % de la población nacional en ese año (1995).Lenguas indígenas de México, en el sitio en internet de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, consultada el 10 de enero de 2007. A su vez, la CDI sostenía que, en 1995, los hablantes de lenguas indígenas en el país sumaban alrededor de siete millones. Tampoco se conoce con precisión la magnitud de las comunidades hablantes de lenguas extranjeras que se han establecido en el país como consecuencia de la inmigración.
Entre las lenguas alóctonas habladas en comunidades establecidas en México por más de una generación se encuentran: el inglés, hablado principalmente en Baja California y Chihuahua por los mormones; el plódich, con alrededor de 70 000 hablantes menonitas, principalmente en Chihuahua y Campeche; el véneto chipileño, con aproximadamente 7000 hablantes, en su mayoría habitantes de Chipilo, Puebla; el romanés, con una cifra estimada de 5000 hablantes, principalmente en Oaxaca; el criollo afroseminol, con hablantes en Coahuila; el kikapú, con 63 hablantes en el mismo estado; y varias lenguas ibéricas como el catalán, el vasco y el gallego, con 64 000, 25 000 y 13 000 hablantes, respectivamente.
Historia miniatura|Distribución aproximada a finales del siglo 15 de las familias lingüísticas nativas con presencia en el actual territorio mexicano. El español es la lengua más extendida en el territorio mexicano. Aunque no existe ninguna declaratoria legal que lo convierta en lengua oficial, su uso en los documentos oficiales y su hegemonía en la enseñanza estatal lo han convertido en un idioma oficial de facto y más del 98 % del total de los más de 128.9 millones de habitantes de México lo emplean, ya sea como lengua materna o como segunda lengua.
El español llegó al territorio que actualmente se conoce como México acompañando a los conquistadores hispanos en las primeras décadas del . El primer contacto entre los hablantes de las lenguas indígenas de la región y los hispanoparlantes se presentó a raíz del naufragio de dos marinos españoles. Uno de ellos, Jerónimo de Aguilar, se convertiría ulteriormente en intérprete de Hernán Cortés.
A partir de la penetración española en territorio mexicano, el idioma español fue obteniendo una presencia mayor en los ámbitos más importantes de la vida. Primero, en la Nueva España, fue la principal lengua de la administración durante el . Sin embargo, el uso de los idiomas indígenas estaba permitido, e incluso el náhuatl era idioma oficial del virreinato desde el año 1570. No obstante, lo anterior, se calcula que, al consumarse la independencia de México, el número de hipanohablantes escasamente superaba el 30 % de la población, ya que los indígenas seguían empleando mayoritariamente sus lenguas vernáculas.
México virreinal La relación entre el español y las lenguas indígenas ha pasado por diversos momentos desde que los europeos llegaron a América. En el caso mexicano, numerosas lenguas indígenas fueron objeto de atención para los primeros misioneros evangelizadores, que mostraron un celo particular por aprender los idiomas nativos y cristianizar a los americanos en sus propias lenguas. Estos y otros intelectuales en los años posteriores a la Conquista produjeron las primeras gramáticas y vocabularios de idiomas como el náhuatl, el maya, el otomí, el mixteco y el purépecha. Así, estas lenguas fueron escritas por primera vez en caracteres latinos. En contraste, numerosas lenguas se perdieron antes de que pudieran ser registradas o estudiadas sistemáticamente, pues sus hablantes fueron rápidamente asimilados, o bien, se extinguieron físicamente. En el caso de decenas de lenguas desaparecidas entre los siglos y , lo único que queda son menciones de su existencia en algunos escritos y pequeños vocabularios. Se calcula que hacia el , en México se hablaban más de cien lenguas.
A lo largo de todo el y la mayor parte del , la política dominante en lo que refiere a la lengua nacional era la de castellanizar a los hablantes de lenguas indígenas. Como se deduce de los párrafos anteriores, no era una decisión nueva, sino la continuación de la tendencia impuesta por las leyes coloniales en el . El no vio mayores progresos en el afán de incorporar a los indios a la «sociedad nacional», por medio de la supresión de sus culturas étnicas (y con ellas, sus idiomas). Sin embargo, con la masificación de la instrucción pública que siguió a la Revolución, la proporción de hablantes de español comenzó a crecer poco a poco. Al iniciar el , los hablantes de español ya eran mayoría (aproximadamente ochenta de cada cien mexicanos). Entre 1900 y el año 2000, la mayor parte de los pueblos indígenas fueron castellanizados.
derecha|miniatura|Una página del Códice Florentino. Con este nombre se conoce el texto en náhuatl escrito por Bernardino de Sahagún con base en la información de nobles indígenas de Tepepulco.
Como se explicó antes, en el momento de hablar acerca del español, las lenguas indígenas fueron objeto de un proceso de marginación y relegación a los ámbitos domésticos y comunitarios de la vida social. Desde su llegada a la Nueva España, algunos misioneros se dieron a la tarea de registrar las lenguas de los indios, estudiarlas y aprenderlas, con el propósito de ayudar a una evangelización más eficiente. Con este último propósito, los misioneros de Indias propugnaron por la enseñanza de los indígenas en su propia lengua.
De acuerdo con esa visión, Felipe II había decretado en 1570 que el náhuatl debía convertirse en la lengua de los indios de Nueva España, con la finalidad de hacer más operativa la comunicación entre los nativos y la colonia peninsular. Sin embargo, en 1696, Carlos II, estableció que el español sería el único idioma que podía y debía ser empleado en los asuntos oficiales y el gobierno del virreinato.Cifuentes, 1998.
A partir del , los pronunciamientos a favor de la castellanización de los nativos fueron cada vez más numerosos. Con ello, los colonizadores renunciaron a su vocación bilingüe, vocación que llevó en un primer momento a los misioneros y a los encomenderos a aprender las lenguas de los nativos. Esa necesidad de bilingüismo se trasladó entonces a los actores que articulaban las relaciones entre los niveles más altos del gobierno y los pueblos indígenas, es decir, la élite nativa encarnada en los caciques regionales.
A lo largo del período colonial, el español y las lenguas indígenas entraron en una relación de intercambio que llevó, por un lado, al español de cada región a conservar palabras de origen indígena en el habla cotidiana; y a las lenguas indígenas a incorporar no solo palabras españolas, sino de otros idiomas indígenas y especialmente del taíno.
México independiente Después de la consumación de la independencia de México, la ideología liberal dominante llevó a los encargados de la educación pública en el país, a implementar políticas educativas cuyo propósito era la castellanización de los indígenas. Según sus defensores, con la castellanización los indígenas quedarían plenamente integrados a la nación mexicana (una nación criolla, según el proyecto liberal decimonónico), en igualdad con el resto de los ciudadanos de la República. Salvo el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano, ningún otro gobierno del país se interesó por la conservación de las lenguas indígenas durante el , ni siquiera el del único presidente indígena que ha tenido el país: Benito Juárez.
En 1889, Antonio García Cubas calculó la proporción de hablantes de lenguas indígenas en un 38 % del total de la población mexicana. Si se compara con el 60 % que estimaba una encuesta de población en 1820, es notable la reducción proporcional de los hablantes de lenguas nativas como componente de la población. Al final del , la proporción se redujo a menos del 10 % de la población mexicana. En el transcurso, más de un ciento de lenguas desaparecieron, especialmente las propias de los grupos étnicos que habitaban en el norte de México, en el territorio que corresponde aproximadamente con las macro-áreas culturales denominadas Aridoamérica y Oasisamérica. Sin embargo, a pesar de que en números relativos los hablantes de lenguas indígenas fueron reducidos a una minoría, en términos netos su población aumentó. En la actualidad representan más de siete millones de personas.