thumb|300px|“Die Kinderkrippe” (La guardería), 1890, de Albert Anker.|alt=

El altruismo (del francés antiguo altrui, «de los otros»Etimología de altruismo (Consultado viernes, 4 de junio del 2021.) y del italiano altro) se puede entender como:

Tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso en contra del interés propio. Ayudar o servir constructivamente para vivir una positiva experiencia de empatía, conducta relacionada con la filantropía. Sacrificio o abnegación personal en beneficio de otros.* insultar a alguien sin motivo Altruismo. Etymonline.com (en inglés).

De acuerdo a la Real Academia Española, el altruismo proviene del francés altruisme y designa la «diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio».

El término se refiere a conducta humana y se define como la preocupación o atención desinteresada por otras personas, al contrario del egoísmo. Suelen existir diferentes puntos de vista sobre el significado y el alcance del altruismo o cuidar de los demás desinteresadamente, sin beneficio alguno.

Psicología social En línea con los estudios de Daniel Batson, Elena Gaviria afirma que "existe una cantidad considerable de evidencia empírica que sugiere que, por lo menos, tenemos la capacidad de comportarnos movidos por sentimientos no puramente egoístas. El que manifestemos o no esa capacidad depende probablemente de muchos factores, pero la tenemos, y eso ya es algo".Elena Gaviria, "¿Altruismo o Egoísmo?" en VV. AA., Psicología social. J. Francisco Morales y Carmen Huici coords., Madrid: McGrawHill-UNED, 1999, p. 94. El altruismo en sí mismo no es observable, ya que requiere inferencias sobre intenciones y motivos, así que los estudios de la psicología social se han consagrado empíricamente a la observación de la conducta de ayuda. Así pues, los elementos involucrados son el donante de ayuda o benefactor y los factores situacionales envueltos en el ofrecimiento o negación de la misma, y solo después se analizan los determinantes motivacionales de la conducta.Elena Gaviria, "Altruismo y conducta de ayuda", en VV. AA., Psicología social. J. Francisco Morales y Carmen Huici coords., Madrid: McGraw Hill-UNED, 1999, p. 86-87. Según la Enciclopedia Blackwell de psicología social (1995), se incluye dentro de las conductas prosociales consideradas beneficiosas para otras personas y para el sistema social: la ayuda (cualquier acción que tiene por consecuencia un beneficio a otra persona), el altruismo (conducta que supone más beneficios al receptor que a aquel que la realiza) y la cooperación (conducta que supone un beneficio común y en la cual son todos las que la cursan benefactores y receptores). Las dos primeras son más bien de carácter interpersonal, la última de carácter más bien grupal.Elena Gaviria, op. cit.

En cuanto a la ayuda, los experimentos han determinado que, contrariamente a lo que pueda suponerse, la conducta de ayuda suele inhibirse cuantos más espectadores se hallen presentes (el llamado efecto espectador), ignorancia pluralista. En el modelo de John Darley y B. Latané,J. Darley y B. Latané (1968): "Bystander intervention in emergencies: Diffusion of responsibility", en Journal of Personality and Social Psychology, 8, pp.377-383. la prestación de ayuda incluye cinco pasos consecutivos que, si se resuelven afirmativamente, desembocan en la conducta de ayuda:

¿Se da cuenta el individuo de que acaece algo anormal? La situación no tiene que ser ambigua. ¿Lo interpreta como una emergencia? Existe miedo al ridículo. ¿Asume la responsabilidad de intervenir? El individuo debe sentirse involucrado o sentir contacto directo con la situación, ante la difusión de la responsabilidad en presencia de muchos observadores, y también puede no hallarse sensibilizado a las características de la persona que necesita ayuda (persona, animal o cosa atractiva o aversiva). ¿Se considera capaz de prestar la ayuda? El hipotético altruista se considera ignorante o incapaz o no sabe cómo actuar, o tiene miedo a la responsabilidad, en especial ante situaciones complejas, o puede haber predicho un tipo de respuesta más probable. El individuo toma la decisión de intervenir.Elena Gaviria, op. cit., p. 89.

La ayuda puede ser directa o indirecta y los costes pueden ser altos tanto por ayudar como por no ayudar. Entre los motivos de esta conducta se encuentran el refuerzo positivo del aprendizaje de la misma en el pasado, también los factores emocionales y neurológicos implicados en la empatía y la retribución y las normas sociales y personales.Elena Gaviria, op. cit., p. 91. Por otra parte, el altruismo puede resultar contraproducente según el juicio del receptor: hay que distinguir entre la ayuda que alguien pide y la que se ofrece sin haber sido solicitada; en este último caso es frecuente que hacer un favor no pedido para sentirse bien el ayudante se rechace si el ayudado es persona con autoestima y autonomía altas. Desde el punto de vista del receptor, la petición de ayuda es el resultado de un proceso con tres fases que solo si se contestan afirmativamente conducen a la petición de ayuda, y en el cual hay un proceso de cálculo entre beneficios y costes:

El problema que tengo ¿se solucionaría si alguien me ayudara? ¿Pido ayuda o no la pido? ¿A quién le pido ayuda?Elena Gaviria, op. cit. p. 97.

Según A. Nadler,A Nadler, (1991), "Help-seeking behavior: Psychological costs and instrumental benefits", en M. Clark (ed.) Review of personality and social psychology, vol. 12: Prosocial behavior, Newbury Park, Sage, pp. 290-311. el que una persona decida pedir ayuda o no depende de tres factores:

Sus características personales (edad, género, rasgos de personalidad). La naturaleza del problema y el tipo de ayuda que se necesita. Las características de quien pueda ofrecer la ayuda.Elena Gaviria, ibidem.

Referente a lo primero, desde el punto de vista de la autoestima es más costoso pedir ayuda para los hombres que para las mujeres y para las personas de más alta autoestima que para los de más baja. Respecto a lo segundo, cuando el problema está directamente relacionado con la imagen personal y social es menos probable que se solicite ayuda (es menos frecuente recurrir a un psicólogo o psiquiatra por la salud mental que a un médico por la salud física). Además, el hecho de saber que no será posible devolver el favor a la otra persona cuando creemos que eso se espera disuade a la persona de pedir ayuda. En cuanto a lo tercero, la gente suele preferir como donante a alguien que no sea demasiado amenazante para su autoestima antes que a una persona más competente: debe parecerse al potencial benefactor. La gente suele recurrir a parientes, a amigos o a personas semejantes a ellos para pedir ayuda (Alcohólicos Anónimos, por ejemplo), porque las relaciones interpersonales entre desconocidos exigen reciprocidad, mientras que entre conocidos se trata de relaciones comunales.Elena Gaviria, op. cit., p. 98.

Altruismo evolutivo y altruismo psicológico miniaturadeimagen|301x301px|La sargento del ejército estadounidense Kornelia Rachwal le da un sorbo de agua a una joven paquistaní mientras son transportadas desde Muzaffarabad a Islamabad, Pakistán, a bordo de un helicóptero Chinook CH-47 del ejército estadounidense el 19 de junio de 2005. Son conceptos relacionados con el comportamiento humano y animal, pero se refieren a diferentes explicaciones de por qué los seres vivos realizan acciones que benefician a otros, a veces a costa de sus propios intereses.

Altruismo Evolutivo El altruismo evolutivo es una idea que se origina de la teoría de la evolución de Darwin. En este contexto, el altruismo se refiere a comportamientos en los que un individuo ayuda a otro, a menudo sacrificando algo de su propio bienestar, con el fin de aumentar las probabilidades de supervivencia o reproducción de ese otro individuo. Sin embargo, el altruismo evolutivo no significa que una especie actúe de manera desinteresada por completo; la clave está en los beneficios indirectos que pueden generar para el individuo altruista.

Altruismo Psicológico El altruismo psicológico se refiere a la motivación interna y emocional que lleva a una persona a actuar en beneficio de los demás, independientemente de si ese comportamiento genera beneficios evolutivos. Aquí, el foco está en el aspecto subjetivo y emocional del altruismo, lo que significa que la persona actúa por el deseo de hacer el bien sin esperar una recompensa tangible.

Según la teoría psicológica, las personas pueden actuar de manera altruista debido a emociones como la empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y sentir lo que ella siente. Esta empatía puede motivar una respuesta altruista, incluso si no hay un beneficio inmediato para el individuo que ayuda. Desde una perspectiva psicológica, el altruismo no necesariamente está vinculado a la genética o la evolución; se puede ver como una respuesta emocional a las necesidades de otros.

Consideraciones filosóficas y psicológicas El filósofo Auguste Comte acuñó en francés la palabra altruisme en 1851 y ésta se adoptó luego en la lengua española. Muchos consideran su sistema ético algo extremo, pues según este los únicos actos moralmente correctos son aquellos que intentan promover la felicidad de otros.

Es la conducta que beneficia a otros, que es voluntaria y cuyo autor no pide beneficios externos. Aunque la finalidad propia del altruismo puede presentar varias dificultades, el motivo de esto se debe a que los agentes morales presentan toda una serie de prejuicios cognitivos que hacen las labores altruistas y activistas más dificultosas. Algunos de estos prejuicios se reflejan en una parcialidad que lleva a dar prioridad a algunos individuos sobre otros. Esto provoca que se asigne menos importancia a ciertas causas que en realidad son más significativas que otras consideradas como menos relevantes, es decir, presentan un cierto grado de subjetividad. Algunos de estos prejuicios pueden ser las actitudes sexistas, racistas, xenofobia, chovinistas, entre otras. Además, las tendencias egoístas llevan a que la gente se desentienda de causas que podrían conseguir un impacto mayor en el mundo.

Por otra parte, otros prejuicios provocan que se adopten patrones irracionales en la toma de decisiones. Esto se debe a que muchas de las inclinaciones e intenciones a la hora de actuar han sido seleccionadas a lo largo de la historia natural por razones de carácter evolutivo. Esto se debe a que éstas presentaron ventajas en la transmisión del material genético. Pero, en realidad, éstas no ofrecen ninguna ventaja al deliberar sobre la forma de actuar. Más bien, todo lo contrario. Pero es necesario recalcar que estas intenciones no determinan necesariamente lo que se busca y cómo hay que buscarlo. Pero es cierto que sí pueden modifican las inclinaciones y condicionan el comportamiento en muchos casos. A lo largo de la historia evolutiva, las capacidades y disposiciones que se acabaron estableciendo no son las que estimulan la realización de ciertas funciones de la mejor manera, sino las que hicieron que el material genético se transmitiera de forma eficiente. Esto provoca que cuando es necesario formar parte de una causa de forma activa, no suelen utilizarse los recursos de la mejor forma por culpa de los distintos prejuicios o sesgos cognitivos que se han ido desarrollando con la evolución. Algunos ejemplos de estos sesgos cognitivos:

Una incompetencia a la hora de comparar correctamente distintas magnitudes cuando estas son muy grandes. Confundir lo que se desea que suceda con lo que es previsible que suceda. Creer que las experiencias propias representan adecuadamente el conjunto de lo que ocurre. Cuesta más trabajo cambiar la forma de ver las cosas incluso cuando se presentan evidencias nuevas que deberían cambiar las posturas o inclinaciones originales. La tendencia a no incluir en las consideraciones aquellas opciones en las que hay incertidumbre.