Dies irae; ("Día de la ira") es un famoso himno latino del atribuido al franciscano Tomás de Celano (1200-1260), amigo y biógrafo de San Francisco de Asís. o a Latino Malabranca Orsini (fallecido en 1294), lector en el Dominico en la Basílica de Santa Sabina, precursor de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (el ) en Roma. La secuencia data, como muy tarde, del , aunque es posible que sea mucho más antigua, ya que algunas fuentes atribuyen su origen a Gregorio Magno (m. 604), Bernardo de Claraval (1090-1153) o Buenaventura de Bagnoregio (1221-1274). o los frailes dominicos Umbertus y Frangipani.
Suele considerarse el mejor poema en latín medieval, y difiere del latín clásico tanto por su acentuación (no cuantitativa) como por sus líneas en rima. El metro es trocaico. El poema describe el día del Juicio Final, con la última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino, donde los elegidos se salvarán y los condenados serán arrojados a las llamas eternas.
Es más conocido por su uso en la Misa de Réquiem católica de rito romano (Misa por los difuntos o Misa fúnebre) hasta 1970, pero no aparece en el Misal Romano de 1970. Se encuentra una versión en inglés en varios libros de culto de la Comunión Anglicana.
La primera melodía compuesta para esta letra, un canto gregoriano, es una de las más citadas en la literatura musical y aparece en las obras de muchos compositores. La estrofa final, , se ha reutilizado a menudo como canción independiente. Uso en la liturgia romana El «Dies irae» se ha utilizado en la liturgia de Rito romano como secuencia de la misa de réquiem durante siglos, como lo demuestra el importante lugar que ocupa en composiciones musicales como las de Mozart y Verdi. Aparece en el Misal Romano de 1962, la última edición antes de la implementación de las revisiones que se produjeron tras el Concilio Vaticano II. Como tal, todavía se escucha en las iglesias donde se celebra la liturgia tridentina en latín. También formaba parte de la liturgia preconciliar del Día de los Difuntos.
En las reformas de los ritos litúrgicos latinos de la Iglesia católica ordenadas por el Concilio Vaticano II, el «Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la liturgia», el organismo vaticano encargado de redactar y aplicar las reformas (1969-1970), eliminó la secuencia como tal de los funerales y otras misas por los difuntos. Una figura destacada en las reformas litúrgicas posconciliares, el arzobispo Annibale Bugnini, explicó el razonamiento del Consilium:
«Dies irae», ligeramente editado, sigue utilizándose «ad libitum» como himno en la Liturgia de las Horas el Día de los Difuntos y durante la última semana antes del Adviento, para lo cual se divide en tres partes para el Oficio de Lecturas, Laudes y Vísperas, con la inserción de una doxología después de cada parte.
A partir del se incorporaba a la Misa de Réquiem y fue incluido en el Misal Romano publicado en 1570 por Pío V por decreto del Concilio de Trento (1545–1563). Luego de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, fue excluido de las ediciones editadas por Pablo VI y Juan Pablo II a partir de 1970.
El poema derecha|thumb|El Dies Irae right thumb|El Juicio Final de Hans Memling, (c. 1467–71, Museo Nacional de Gdańsk.)
Texto original en latín
Dies iræ, dies illa, Solvet sæclum in favilla, Teste David cum Sibylla!
Quantus tremor est futurus, quando iudex est venturus, cuncta stricte discussurus!
Tuba mirum spargens sonum per sepulcra regionum, coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura, cum resurget creatura, iudicanti responsura.
Liber scriptus proferetur, in quo totum continetur, unde Mundus iudicetur.
Iudex ergo cum sedebit, quidquid latet apparebit, nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus? Quem patronum rogaturus, cum vix iustus sit securus?
Rex tremendæ maiestatis, qui salvandos salvas gratis, salva me, fons pietatis.
Recordare, Iesu pie, quod sum causa tuæ viæ; ne me perdas illa die.
Quærens me, sedisti lassus, redemisti crucem passus, tantus labor non sit cassus.
Iuste Iudex ultionis, donum fac remissionis ante diem rationis.
Ingemisco, tamquam reus, culpa rubet vultus meus, supplicanti parce Deus.
Qui Mariam absolvisti, et latronem exaudisti, mihi quoque spem dedisti.
Preces meæ non sunt dignæ, sed tu bonus fac benigne, ne perenni cremer igne.
Inter oves locum præsta, et ab hædis me sequestra, statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis, flammis acribus addictis, voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis, cor contritum quasi cinis, gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa, qua resurget ex favilla iudicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus. Pie Iesu Domine, dona eis requiem.
Amen. Traducción
¡Será un día de ira, aquel día en que el mundo se reduzca a cenizas, como testificaron David y la Sibila!
¡Cuánto terror habrá en el futuro cuando el juez haya de venir para hacer estrictas cuentas!
La trompeta resonará terrible por todo el reino de los muertos, para reunir a todos ante el trono.
La muerte y la Naturaleza se asombrarán, cuando todo lo creado resucite para responder ante su juez.
Se abrirá el libro escrito que todo lo contiene y por el que el mundo será juzgado.
Entonces, el juez tomará asiento, todo lo oculto se mostrará y nada quedará impune.
¿Qué alegaré entonces, pobre de mí? ¿De qué protector invocaré ayuda, si ni siquiera el justo se sentirá seguro?
Rey de tremenda majestad tú que salvas solo por tu gracia, sálvame, fuente de piedad.
Acuérdate, piadoso Jesús de que soy la causa de tu calvario; no me pierdas ese día.
Por buscarme, te sentaste agotado; por redimirme, sufriste en la cruz, ¡que tanto esfuerzo no sea en vano!
Justo juez de los castigos, concédeme el regalo del perdón antes del día del juicio.
Sollozo, porque soy culpable; la culpa sonroja mi rostro; perdona, oh Dios, a este suplicante.
Tú, que absolviste a Magdalena y escuchaste la súplica del ladrón, dame a mí también esperanza.
Mis plegarias no son dignas, pero tú, que actúas con bondad, no permitas que arda en el fuego eterno.
Colócame entre tu rebaño y sepárame de los impíos situándome a tu derecha.
Condenados los malditos, arrojados a las llamas acerbas, llámame entre los benditos.
Te ruego compungido y de rodillas, con el corazón contrito, casi en cenizas, que cuides de mí en el final.
Será de lágrimas aquel día, en que del polvo resurja el hombre culpable, para ser juzgado.
Perdónalo, entonces, oh Dios, Señor de piedad, Jesús, y concédele el descanso.
Amén.
Texto El texto en latín está tomado de la Misa de Réquiem del Misal Romano de 1962. La primera versión inglesa fue traducida por William Josiah Irons en 1849, aunque a partir de un texto latino ligeramente diferente, reproduce la rima y la métrica del original. Esta traducción, editada para que se ajuste más al latín oficial, ha sido aprobada por la Iglesia católica para su uso como secuencia de la misa fúnebre en la liturgia de los ordinariatos católicos para antiguos anglicanos.
Sobre el final
El poema debiera estar completo al terminar la antepenúltima estrofa. Algunos eruditos se plantean si la continuación es un añadido para servir a los fines de conveniencia litúrgica, ya que la última estrofa rompe el esquema de rimas de tres versos en favor de dísticos rimados; además, los dos últimos versos abandonan la rima en favor de la asonancia, y son catalécticos.
Debido a que las dos últimas estrofas difieren notablemente en su estructura de las estrofas anteriores, algunos estudiosos consideran que se trata de una adición realizada con el fin de adaptar el gran poema al uso litúrgico. La penúltima estrofa, , descarta el esquema constante de tercetas rimadas en favor de un par de coplas rimadas. La última estrofa, , abandona la rima en favor de la asonancia y, además, sus versos son catalécticos.
En las reformas litúrgicas de 1969-71, se eliminó la estrofa 19 y el poema se dividió en tres secciones: 1-6 (para Oficio de Lecturas), 7-12 (para Laudes) y 13-18 (para Vísperas). Además, en la estrofa 13 fue sustituido por , de modo que ese verso ahora significa «Tú que absolvistes a la mujer pecadora». Esto se debe a que los estudiosos modernos niegan la identificación medieval común de la mujer adúltera con María Magdalena, por lo que María ya no podía ser nombrada en este versículo. Además, se añade una doxología después de las estrofas 6, 12 y 18:
Indulgencia En la Iglesia católica existía antiguamente una indulgencia de tres años por cada recitación y una indulgencia plenaria por recitar la oración diariamente durante un mes. La indulgencia también puede lucrarse (ofrecerse) en favor de las almas del Purgatorio.(S. Paen. Ap., 9 de marzo de 1934). Citado en Esta indulgencia no se renovó en el Manual de Indulgencias. (Manual de Indulgencias, sección 29)
Inspiración y comentario La inspiración para este himno parece venir de la Vulgata latina en su traducción de Sofonías I:15–16: Es interesante en la primera estrofa la mención de la Sibila, que adquiere un carácter profético, anunciador del fin del mundo junto con el profeta David. El prestigio de las sibilas en el mundo católico parece deberse a su aparición (concretamente de la Sibila de Cumas) en la Égloga IV de Virgilio, tan apreciada por autores católicos de los primeros siglos.
Fuentes manuscritas El texto más antiguo se encuentra, con algunas variaciones menores, en un manuscrito del siglo XIII que se conserva en la Biblioteca Nacional de Nápoles. Se trata de un Misal franciscano que se puede datar entre 1253–1255, puesto que no contiene el nombre de Santa Clara de Asís, canonizada en 1255 y que sin duda figuraría si el manuscrito fuera posterior a esa fecha. Referencias literarias Walter Scott utilizó las dos primeras estrofas en el sexto canto de su poema narrativo «La balada del último juglar» (1805). Johann Wolfgang von Goethe utilizó la primera, la sexta y la séptima estrofa del himno en la escena «Catedral» de la primera parte de su drama Fausto (1808). El «Soneto al oír cantar el Dies Iræ en la Capilla Sixtina» (Poemas, 1881) de Oscar Wilde contrasta los «terrores de la llama roja y el estruendo» descritos en el himno con imágenes de «vida y amor». En la novela de Gaston Leroux de 1910 El fantasma de la ópera, Erik (el fantasma) tiene el canto expuesto en la pared de su lúgubre dormitorio. Es la inspiración para el título y el tema principal de la novela de 1964 de Philip K. Dick y Roger Zelazny. La traducción al inglés se utiliza textualmente en la novela de Dick Ubik dos años después.
Canto gregoriano del siglo XIII
La composición gregoriana original, que se remonta al siglo XIII, era un sombrío canto llano (o canto gregoriano).
Está en el modo dórico. En notación neumática de cuatro líneas, comienza así: alt=La melodía del «Dies iræ» en notación neumática de cuatro líneas.
En notación musical de 5 líneas pentagrama:
Ejemplos de composiciones miniatura|Autógrafo del Dies irae del Réquiem de W. A. Mozart
Ejemplos de pasajes del Dies irae en composiciones de Réquiem En casi todos los réquiems, lógicamente, aparece también musicada esta secuencia de la Misa de difuntos. Sólo Gabriel Fauré se niega a hacerlo, aunque incluye en el Sanctus una brevísima referencia musical al Dies irae. Se pueden destacar los réquiems siguientes: Adès, Thomas – Totentanz (2013) Charles-Valentin Alkan – Souvenirs: , Op. 15 (No. 3: ) (1837) Berlioz, Hector: Grande Messe des Morts, Op. 5. Sinfonía Fantástica, Op. 14, a partir del compás 127 de la parte V y final (el Sogne d'une Nuit du Sabbat) Biber, Heinrich Ignaz Franz, Réquiem a 15, en la mayor, (1687?) Britten, Benjamin: Réquiem de Guerra, Op. 66; (War Requiem) (1962) Bruckner, Anton: Réquiem en re menor (1849)