miniaturadeimagen|Alegoría a la fertilidad de Valeriano Salvatierra en el Museo del Prado (Madrid)
La fertilidad es la capacidad de un ser vivo de producir una progenie numerosa. Este es el resultado de la interacción de varios factores, tanto biológicos: la edad, el estado de salud, el funcionamiento del sistema endocrino, como culturales, las prescripciones respecto al sexo y el matrimonio, la división sexual del trabajo, el tipo y ritmo de ocupación, que la hacen variar espectacularmente entre situaciones distintas.
La fertilidad humana ha sido históricamente una cuestión culturalmente significativa. Al ser los hijos una fuente crucial de mano de obra en sociedades agrarias o de economía de subsistencia, la capacidad de ofrecer al núcleo familiar una prole numerosa era un rasgo muy valorado en las mujeres, y en muchas tradiciones el marido estaba autorizado a anular el matrimonio con una esposa estéril. La esterilidad masculina, de frecuencia similar, permaneció mucho tiempo desconocida, atribuyéndose solo a las mujeres la responsabilidad de la reproducción, como parte del sesgo hacia la dignidad de la mujer desde tiempos antiguos generalmente.
En sociología, la tasa de fertilidad, medida como el número de hijos por mujer, se ha usado como estimador fiable para el crecimiento vegetativo de la población.
Relación entre edad y fertilidad La principal causa de infertilidad es la edad en la que se comienza a procrear. En la mujer, la fertilidad cae desde los 20 años de una forma moderada, desde los 30-35 años cae de una forma más acusada. Por tanto, la frecuencia de abortos espontáneos va aumentando con la edad de la mujer. Por otro lado, la edad paterna también aumenta el índice de aborto, pero es menos pronunciada. La declinación de la fertilidad por la edad es independiente a otros procesos fisiológicos. Es decir, a pesar de que una mujer pueda estar muy bien en otros sistemas del organismo, los ovarios dejan de funcionar por sí solos. La vida reproductiva óptima de una mujer va de los 12 a los 30-35 años. La edad de la mujer es un factor a considerar en las opciones de preservación de la reproducción. Por ello, en el caso de embarazo en mujeres de edad avanzada se recomienda realizar el test PGT-A, el cual, permite detectar aneuploidías, pues son más prevalentes a presentarlas.
La caída de la fertilidad en mujeres se debe a un fallo ovárico sobre todo. El ovario no responde a las hormonas estimuladoras hipofisarias, por lo que, los niveles de estrógenos caen y no se produce el feedback negativo. Esto hace que aumenten los niveles de las gonadotropinas, en especial la FSH, la cual se encuentra muy elevada en la orina de las mujeres menopáusicas.
Las mujeres a una edad más avanzada presentan una serie de alteraciones que convergen en un problema de infertilidad, como son: baja reserva ovárica, baja calidad de los ovocitos, disminución de la receptividad endometrial y aumento de las complicaciones asociadas al embarazo.
Preservación de la fertilidad en seres humanos En el caso de enfermos de patologías graves (como el cáncer) que son sometidos a tratamientos agresivos para conseguir la remisión de la enfermedad (radioterapia, quimioterapia), un efecto secundario frecuente es la pérdida de la capacidad reproductora, debido a la destrucción de los tejidos productores de gametos, espermatozoides u óvulos. Por ello, una preocupación creciente en estos pacientes es la posibilidad de preservar su fertilidad, para mantener su capacidad reproductora después de superada la enfermedad. En el caso masculino, la solución más sencilla es la criopreservación de espermatozoides, una técnica perfectamente desarrollada, y que permite al paciente mantener la capacidad reproductora, aunque recurriendo a técnicas de reproducción asistida. En el caso femenino, la situación es más compleja, debido a la menor tasa de producción de óvulos por ciclo, a la dificultad de su extracción y a la mayor complicación en las técnicas de criopreservación.
En las últimas décadas la incidencia de cáncer ha aumentado, pero paralelamente la tasa de supervivencia ha mejorado mucho: por ejemplo, en los últimos 25 años, la tasa de supervivencia relativa de 5 años para todos los tipos de cáncer ha pasado del 56% al 64% en pacientes femeninos, por lo que las necesidades de preservación de fertilidad también aumentan. El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales (representa el 65% de todos los tumores y el 99% de las muertes relacionadas con cáncer ), mientras que la enfermedad de Hodgkin (HD) es el tumor sólido más frecuente en adolescentes. Por esta razón, las pacientes de estos dos tipos de cáncer son posiblemente las que con mayor probabilidad recurran a técnicas de preservación de fertilidad.
Las opciones de preservación de fertilidad para las mujeres son las siguientes:
criopreservación de embriones para ello es necesario obtener óvulos de la mujer, fecundarlos mediante fecundación in vitro (FIV) y congelar los embriones para su posterior implantación en el útero de la mujer; en este caso, o bien la mujer dispone de pareja estable o bien se debe recurrir a un donante anónimo, lo cual puede suponer un inconveniente. Este es el método utilizado con mayor frecuencia, con una tasa de éxito del 40%.
criopreservación de tejido ovárico extraer y congelar tejido ovárico de la mujer para reimplantarlo después del tratamiento contra el cáncer; [] en este caso las principales complicaciones potenciales son el procedimiento de criopreservación (que no parece ser el factor limitante), y el riesgo de daño isquémico, aunque se están desarrollando con éxito técnicas para disminuir dichas complicaciones. En cuanto al desarrollo, los investigadores están aún trabajando en la mejor manera de conectar el tejido ovárico implantado al riego sanguíneo, aunque ya han nacido algunos niños utilizando esta técnica, que es la más prometedora en el caso de niñas de corta edad con problemas de fertilidad.
criopreservación de ovocitos consiste en extraer y congelar óvulos maduros para su futuro, siendo una alternativa ética frente a la criopreservación de embriones y el más utilizado. Esta técnica requiere estimulación ovárica, lo que puede no ser viable en casos urgentes y conlleva riesgos como el síndrome de hiperestimulación ovárica.
supresión ovárica tratamientos hormonales para proteger el tejido ovárico durante la quimio o radioterapia.
transposición de ovarios reposicionamiento de los ovarios mediante cirugía, para alejarlos de la zona de exposición a la radioterapia.
cirugía ginecológica conservadora por ejemplo retirada del cérvix mediante cirugía, pero mantenimiento del útero.
Una última técnica que se ha desarrollado es la vitrificación de ovocitos, que puede utilizarse en situaciones clínicas en las que otras opciones son viables. Aunque cientos de niños han nacido tras la vitrificación de óvulos, la tasa de embarazo clínico por ciclo de donación es 48.8% . Sin embargo, se espera que esta tasa mejorará considerablemente en los próximos años.
La elección entre las diferentes opciones depende de varios parámetros: el tipo y el momento en el que debe comenzar la terapia contra el cáncer, el tipo de cáncer, la edad de la paciente y la situación de pareja de la paciente.
Relación entre alcohol y fertilidad
El alcohol es una de las substancias de consumo más generalizado. Cada vez hay más estudios que relacionan el consumo de alcohol con disminución de la fertilidad tanto en hombres como en mujeres.
En hombres, según un estudio de la Universidad Southern Denmark, se ha demostrado que la concentración del semen y el número de espermatozoides disminuyen a la vez que aumenta el consumo de bebidas alcohólicas. Esto se refleja con consumos tan moderados como son 5 unidades de alcohol semanales. En casos más severos podría incluso producirse una disminución de la libido, impotencia y atrofia testicular.
Las mujeres, por regla general, son más susceptibles al efecto nocivo del alcohol (por tener una absorción gastrointestinal más rápida, una metabolización más lenta a través de la enzima alcoholdeshidrogenasa, así como la expresión de dicha enzima en menor cantidad en mujeres). Se estima que un consumo diario de 2-3 bebidas alcohólicas (140g por semana) en mujeres multiplica por 1,6 el riesgo de infertilidad. También se relaciona con problemas de la ovulación (ya que se puede alterar la regulación hormonal que lleva a la consecución de un ciclo ovárico normal), con una mayor tasa de aborto y peor pronóstico perinatal si se sigue consumiendo (partos prematuros, bajo peso al nacimiento, muerte fetal y el denominado síndrome de alcoholismo fetal).
Estudios sobre resultados de tratamientos de reproducción asistida observaron que los resultados del tratamiento son peores cuanto más reciente es el consumo. De este modo, las parejas que van a iniciar un tratamiento de reproducción asistida, deben dejar de beber alcohol, por lo menos 3-6 meses antes de cualquier procedimiento.
Trastornos alimenticios y fertilidad
Los trastornos de la alimentación son enfermedades psicológicas y médicas que pueden afectar negativamente la salud reproductiva. Según datos de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) publicados en 2010 si bien estas enfermedades tienen mayor incidencia en la adolescencia, la edad de comienzo es cada vez más temprana y en los últimos años se han visto triplicados los casos de estos trastornos entre los hombres jóvenes.
En las mujeres los problemas de infertilidad más frecuentes asociados a los trastornos alimentarios son: Amenorrea Ciclos menstruales irregulares Deficiente calidad de los óvulos Trastornos o problemas ováricos Ambiente uterino inapropiado o desfavorable Abortos espontáneos Cabe destacar que el sistema reproductivo es muy sensible al estrés fisiológico que pueden implicar los trastornos alimentarios. Una vez recuperado el peso ideal, la amenorrea puede persistir en algunos casos porque no siempre es suficiente para que el organismo recupere la totalidad de sus funciones reproductivas. Sin embargo, en general, cuando las personas dejan de restringir la ingesta calórica, las menstruaciones se normalizan y hasta pueden llegar a lograr un embarazo espontáneo. En el caso de los hombres, la obesidad también puede causar disfunción eréctil y una disminución de la frecuencia de las relaciones sexuales. Podemos afirmar que diez kilos de más en el hombre aumentan un 10% sus problemas de infertilidad. Además, la comida rica en grasa eleva la temperatura testicular y daña las células germinales masculinas.
Por tanto, llevar una buena dieta influye positivamente en la fertilidad. De hecho, la adherencia a las dietas antiinflamatorias como la dieta mediterránea (específicamente, una mayor ingesta de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados n-3, flavonoides y una menor ingesta de carne roja y procesada) mejora la fertilidad, la tecnología de reproducción asistida (ART ) el éxito y la calidad del esperma en los hombres. En definitiva, la integración de patrones dietéticos antiinflamatorios como tratamientos complementarios de fertilidad de bajo riesgo puede mejorar la fertilidad parcial o totalmente y reducir la necesidad de intervenciones farmacológicas o quirúrgicas prolongadas o intensivas.
Deporte y fertilidad
La afectación del deporte sobre la fertilidad depende tanto del como del tipo de actividad deportiva y su intensidad.
En hombres, los deportes que más afectan a la fertilidad son: