miniaturadeimagen|Monje trinitario. Obra de Francisco Bushell y Laussat, . Colección privada. La Orden de la Santísima Trinidad y de la Redención de Cautivos (en latín Ordinis Sanctae Trinitatis et Redemtionis Captivorum) conocida también como Orden Trinitaria o Trinitarios, es una familia religiosa fundada por el francés Juan de Mata (1154-1213), de origen provenzal, con Regla propia, aprobada por Inocencio III el 17 de diciembre de 1198 con la bula Operante divine dispositionis; a la que se unió la praxis de Félix de Valois (cofundador de la Orden). Fue la primera institución oficial de la Iglesia dedicada a la liberación de presos mediante medios no violentos. Es también la primera Orden religiosa no monástica y una de las principales órdenes religiosas que se extendieron por España y Europa durante la Baja Edad Media.

Historia

Orígenes Según la tradición, la Orden Trinitaria fue fundada por inspiración divina. Todos los documentos de la época que así lo afirman toman como base la visión o revelación que Juan de Mata tuvo en su primera misa, celebrada en París el 28 de enero de 1193, y a la que asistieron el obispo de París, Maurice de Sully, y el abad de San Víctor de París. En el momento de la consagración tuvo la inspiración de ver a Cristo Redentor en medio de dos cautivos, uno blanco con una cruz roja y azul, el otro negro, y Cristo los tomaba a ambos de las manos en actitud de intercambiarlos. Para distinguir a la Orden Trinitaria de todas las demás, Juan de Mata mandó imprimir unos sellos en los que grabó esta visión, y también mandó realizar un mosaico que colocó en la entrada de la Casa de la Santísima Trinidad de Roma, en el Monte Celio. Ininterrumpidamente, los trinitarios han usado este símbolo como sello propio y de sus ministros, hasta la actualidad.Cf. Germán Llona Rementería, Fundador y redentor Juan de Mata, Salamanca 1994, pp. 100-103. ISBN 84-88643-07-1

La tradición trinitaria considera a Félix de Valois cofundador de la Orden y compañero de Juan de Mata en el desierto eremítico de Cerfroid, en las cercanías de París. Allí se formó una comunidad de personas, sostenida y unida por el propósito y la intención de Juan de Mata de fundar una Orden. Se convirtió así en primera comunidad y casa madre de la Orden, y en ella fueron elegidos los ministros generales de la Orden hasta la Revolución Francesa, en que fue destruida.Cf. Anthony O. D'Errico, The trinitarians, Roma 1997, pp. 42-45. thumb|left|300px|Detalle de un grabado de 1700, de los monjes fundadores de la Orden de los Trinitarios Calzados, con la versión de las cruces "patadas". La Regla Trinitaria

Con rasgos profundamente evangélicos, Juan de Mata funda un nuevo y original proyecto de vida religiosa en la Iglesia que conecta la Trinidad y la redención de cautivos: la orden es Orden de la Santísima Trinidad y de la redención de cautivos, los conventos se denominan Domus Trinitatis 'Casa de la Santísima Trinidad, y los religiosos son los hermanos de la Santa Trinidad.

La Regla Trinitaria, conservada en los Archivos Vaticanos, es quizá el único escrito del fundador. En ella podemos ver el espíritu que movió a Juan de Mata a fundar la Orden, y al mismo tiempo sirve de estudio para conocer la vida de los primeros trinitarios, sus anhelos e inquietudes. La Regla tiene influencias de una triple tradición de la vida religiosa: del monaquismo toma la vida claustral con su ideal de seguimiento evangélico de Cristo y de vida comunitaria; de los canónigos regulares de San Víctor toma el carácter clerical, el ministerio pastoral; y de las órdenes hospitalarias recibe su carácter caritativo-social orientado al rescate de los cautivos y a los hospitales para peregrinos y para los mismos cautivos. Y además le añade un elemento importante: la relación con la Santísima Trinidad, de la que se embebió en su formación con los victorinos de París, especialmente con Hugo y Ricardo de San Víctor.Cf. Germán Llona Rementería, La Regla trinitaria, Salamanca 2014, pp. 11-25. ISBN 978-84-96488-68-7

Juan de Mata quiso para los trinitarios una vida religiosa auténtica, volviendo al Evangelio y a la vida apostólica, desde la sencillez de las relaciones, sin desigualdades; también un carisma liberador hacia todo cristiano, y no cristiano, y así la Regla está impregnada del ideal del servicio, la humildad y la entrega al pobre y cautivo, esté donde esté; y en tercer lugar, quiere una devoción especial a la Santísima Trinidad, como fuente de toda la vida cristiana, y así en nombre de la Santísima Trinidad se fundan casas, se levantan iglesias, se rescatan cautivos.

No es una Regla al estilo de las monásticas de San Basilio, San Benito o San Agustín, no está llena de exhortaciones y largas citas evangélicas, sino de principios breves y directos, porque según el estilo de la época, es el mismo Evangelio el que se toma como regla de vida. Uno de los elementos más llamativos y característicos de la Regla Trinitaria es la Tertia Pars:

Actividad redentora

El ambiente religioso de finales del estaba imbuido en las cruzadas, que se habían convertido en seña de identidad de la defensa cristiana de los valores que comenzaban a formar la civilización occidental, frente a los valores musulmanes. En 1199, un año después de la aprobación de la Regla Trinitaria de Juan de Mata, Inocencio III proclama la Cuarta Cruzada, con el objetivo de retomar Egipto. Sin embargo cuando las tropas cristianas se disponían a embarcar en Venecia, el Dux envió un contingente contra los húngaros como acto de venganza personal y al resto contra el emperador Alejo III de Constantinopla, al que derrocó, lo que supuso el fin de los restos del Imperio de Oriente. El 12 de abril de 1204 pasó a la historia con la vergüenza del saqueo de Constantinopla por parte de los caballeros cruzados: miles de cristianos masacrados, entre ellos niños y mujeres, iglesias desvalijadas y saqueadas de reliquias, obras de arte, objetos litúrgicos, etc., que se llevaron como botín al centro de Europa, incluyendo el saqueo y destrozos en la basílica de Santa Sofía. Aquella cruzada fue todo un escándalo para la cristiandad, el mismo papa Inocencio III excomulgó a los caballeros cruzados.

Ante la inoperancia de tantos intentos por recuperar los territorios sagrados se extendió la idea de que Dios pedía almas puras para esos enfrentamientos de sangre. Así fue como en 1212 un niño de 12 años predicó en Francia una nueva cruzada, llamada de los niños. Embarcaron en Marsella miles de niños y jóvenes que fueron interceptados en el mar, capturados y vendidos como esclavos. Hay bastante de leyenda en torno a este episodio, según afirman los historiadores más serios nunca llegaron a embarcarse, pero esas correcciones no importaban tanto entonces y en toda Europa se creyó el escándalo de miles de niños hechos esclavos por los musulmanes a causa de la poca valentía de sus mayores. Así fue como en 1213, el mismo año en que moría Juan de Mata, el papa Inocencio III proclamaba la Quinta Cruzada, con el objetivo de retomar Egipto. Esta vez sí llegó a la antigua tierra de los faraones, si bien los resultados no fueron del todo satisfactorios para las tropas cristianas. thumb|right|250px|Grabado de los Padres de la redención de 1890. Cuando Juan de Mata y los primeros hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad y de los Cautivos comienzan a movilizarse en torno a la misión que sienten como propia, se habían dado en la Iglesia, especialmente en España, muchos episodios de intercambio y liberación de esclavos. Santo Domingo de Silos fue en el siglo anterior el gran libertador de cautivos cristianos en el norte de África. Lo que diferencia a la empresa de los hermanos trinitarios es la voluntad de diálogo, de comprensión, de liberación mutua: Cristo nos libera a todos, cristianos y musulmanes. Poco tiempo después de conseguir la aprobación de la Regla Trinitaria, Juan de Mata recibe de Inocencio III una carta dirigida al ilustre Miramamolín, sultán almohade y a sus súbditos fechada el 8 de marzo de 1199. Acababa de heredar el califato almohade Muhámmad an-Násir, hijo de Abū Yūsuf Ya‘qūb al-Manṣūr. El Papa llama al califa Miramamolín, que se ha tomado comúnmente como nombre propio pero que es en realidad la latinización del árabe Amīr ul-Muslimīn 'Príncipe de los Creyentes'. La carta justifica el empeño de Juan de Mata como una de las obras de misericordia que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus fieles en el evangelio…, la redención de cautivos.

Tanto en la Regla como en la carta del papa al rey de Marruecos destaca especialmente la práctica del intercambio o canje, y aquí se puede ver la mano personal de Juan de Mata, que personalizaba de este modo la visión que tuvo en su Primera Misa y que le llevó a la fundación de la Orden: la redención de Cristo llega a todos y para ello debe previamente materializarse la liberación de la persona. No tuvo que ser nada fácil introducir esta idea en la sociedad belicista y antimusulmana de la época, pero ambos documentos confirman que el hermano Juan consiguió imponer esta importante cuña, no solo con miras a los fines de la Orden, sino seguramente también a rebajar la tensión socioreligiosa del momento, por el ambiente de desilusión general a causa del fiasco de la Cuarta Cruzada.

Sin embargo, esta intuición estaba llamada a no durar demasiado, pronto los decretos papales y de los nobles cristianos que donan entusiasmados sus bienes y herencias a la nueva Orden, van olvidando la tradición del canje de cautivos en pro de las campañas de recogida de dinero. Urbano IV en 1263 en la bula Ad hoc ordo vester, afirma Es cosa bien sabida que vuestra Orden, ya desde el comienzo de su saludable institución, volcó completamente sus afanes y su eficaz ayuda y empleó su labor para que los defensores de la fe cristiana, que, por reivindicar la injuria inferida a nuestro Redentor, exponiendo sus personas a los peligros de la muerte, eran apresados por los enemigos de esa misma fe y retenidos en sus cárceles como rehenes, fuesen rescatados, en honor del mismo Redentor, con los bienes de dicha Orden.Bula Ad hoc ordo vester de Urbano IV, 15 de mayo de 1263. París. Arch. Nat, J445,n.10 Pero la práctica del canje no se dejó nunca, siguió constituyendo un signo de identidad de la Orden y algunos mandatarios en siglos posteriores incluso la preferían frente a la colecta de fondos. En 1682 los redentores españoles Miguel de Jesús María, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección dieron la libertad a 211 cautivos, recogidos en Mequínez, Fez y Tetuán, y rescataron a su vez 17 imágenes sagradas (15 esculturas y dos cuadros) que estaban en las mazmorras musulmanas, una de ellas adquirió gran fama una vez llegó a España, al adoptarla los reyes, y particularmente la casa ducal de Medinaceli, como especial protector: Jesús Nazareno Rescatado. Para el rescate de las quince imágenes, el rey de Fez exigió el canje de quince moros cautivos en Ceuta y Málaga, los trinitarios pagaron por los moros y los enviaron a Fez, consiguiendo así la redención de las imágenes.Bonifacio Porres, Libertad a los cautivos: Redenciones de cautivos, 1198-1785, vol. 1, Córdoba 1997, pp. 508-513. ISBN 9788460562085.